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Julieta Benedetti: "La clave para triunfar es la confianza en uno mismo"

La ciclista mendocina de 18 años, Julieta Benedetti, que se prepara para competir en los Panamericanos de ruta en Panamá con la selección argentina, habló de todo con MDZ. Sus logros, sus comienzos y el tremendo futuro que la espera sobre las dos ruedas.

Julieta Benedetti habla ante las cámaras con la misma naturalidad con la que se sube a una bicicleta y compite al más alto nivel. Con la sensatez y la tranquilidad que te da el paso de los años. ¡Pero sólo tiene 18! Y sí, su profesionalismo sobre las dos ruedas lo traslada abajo de ellas, para contar un poco de todo lo que lleva vivido a su corta edad, que es muchísimo. 

La mendocina, que compite en ruta, mountain bike y pista, se ha consagrado en torneos nacionales e internacionales e, incluso, viene de ganar la primera fecha de la Copa del Mundo de Mountain Bike en Brasil, su logro más importante hasta el momento. Además, fue confirmada para ser parte de la Selección argentina que participará del 17 al 23 de abril del Panamericano de Ruta 2023 en Panamá, competencia que entrega cupo directo para los Juegos Olímpicos de París 2024.

Tremendos logros para una carrera que está empezando y que no deja de sorprender. Sin dudas, una deportista que está dando de qué hablar y que traerá muchas alegrías a la provincia y al país.

En ese contexto, Juli habló de todo en un mano a mano con MDZ

- Julieta, contame un poco cómo empezó todo en el ciclismo para vos y todo lo que has logrado con tan solo 18 años...
- Bueno, todo se inició en unos Juegos Evita. A los 12 años viajé, clasifiqué. Viste cuando decís ‘no sé cómo lo hice’, porque había un montón de nenas que andaban más fuerte que yo, pero una se cayó, la otra pinchó y cuando quise acordar, estaba en Mar del Plata con la selección mendocina corriendo. En la primera carrera largué y salí séptima. Y dije ‘ah, no estoy tan lejos’. Y en la carrera del día siguiente salí cuarta. Y para mí el cuarto es el peor lugar que te podés posicionar. Te queda ese sabor amargo de que estuviste a un pasito, prefiero salir quinta. Así que dije: ‘El año que viene tengo que volver y tengo que ganar’. Así que al año siguiente clasifiqué, ya más cómoda en Mendoza, y saqué primer y segundo puesto en los de Evita y ahí arrancó mi carrera. Saber que esto es lo que amo y que me apasiona correr. Al año siguiente viajé también en los Juegos en pista y ruta y también, dos medallas de oro, y ahí arrancó ese camino “preolímpico” a los Juegos Olímpicos de la Juventud, que se cancelaron por la pandemia. Así que bueno, estaba como súper, súper motivada hasta ese entonces y la pandemia nos cortó ahí. Y después de no verle mucho la salida, llegó el año pasado, que para mí fue fantástico. De verdad, correr con la camiseta de la Selección, esa sensación de ponértela y que se te llenen los ojos de lágrimas y pensar en los años de trabajo y y sentirte tan identificado es fantástico.

- ¿Te imaginabas, en tan corto tiempo, estar representando al país?
- Creo que esa imagen siempre estuvo porque fue la imagen por la que luché. Yo salía a entrenar, iba a los Juegos Evita queriendo que en algún momento me llamaran a un seleccionado. En el 2019 hicimos unos test en Mar del Plata, me subieron a una bici con potencia y literalmente terminé desmayada. Y bueno, ahí arrancó mi camino en la selección, me empezaron a ver, a estar más atentos.

- Y con la selección, ¿en qué torneo te tocó competir, que logros conseguiste, que países te permitió conocer?
- El año pasado conocí Brasil con la selección de Mountain Bike. Salí primera, en la primera fecha de la Copa del Mundo y para mí creo que es el logro más importante hasta el momento. Y después viajé a los Juegos Sudamericanos de la Juventud que logramos obtener el primer puesto. Lo gané yo con un compañero en la contrarreloj por equipos y después, por dinámicas de equipos de ruta, me tocó trabajarle a una de las chicas y logramos ganar con ella y yo tuve el segundo puesto. O sea que ahí para la selección fue como un triplete de medallas fantástico en esos juegos. Y ahí empezó el camino en el que la Selección dijo ‘bueno, con estos resultados nos tienen que llevar al Mundial’. Así que en agosto pude conocer Israel, fuimos a correr el Mundial de pista. Cuando llegamos, nos dijeron, tienen que ir a la Argentino de Ruta Élite si quieren clasificar a los Juegos Sudamericanos, pero ahora de mayores. Y obtuve una medalla de oro en la prueba puntuable de la pista. Y la verdad es que estar 17 días conviviendo con deportistas de élite de Argentina, de patinaje, físicoculturismo, de todo, es fantástico.

- ¿Cuáles son los objetivos próximos?
- Ahora, con la Selección estamos esperando la confirmación de quién van a llevar a al Panamericano de Ruta. La verdad es que ahí creo que estoy, pero todavía no está confirmado, por los logros del fin de semana pasado de la Argentina de Ruta y la verdad es que estaba preparando 100% el Panamericano de Mountain, pero la semana pasada la selección me dijo que no estaba yo. Pero bueno, por algo pasan las cosas, en cierto punto si no se da algo, se abren otras puertas.

Julieta, en su mountain bike. 

- ¿Es normal que corras en mountain bike, ruta, pista, todo a la vez?
- He sido muy criticada por hacer un poco de todos. Los dirigentes siempre me dicen: ‘Decidite, o un lado o el otro’. Y yo veo a deportistas de élite de Europa -las temporadas allá son totalmente diferentes, una en invierno y la otra en verano- y eso les da un complemento fantástico. Así que bueno, mientras mi salud física, que creo es la más importante y mental, me lo permitan, tener ese ritmo y esa exigencia todo el año, no puedo decidirme. Creo que las tres me apasionan. Este año decidí dejar un poco más de lado la pista para dedicarme al mountain, pero bueno, quién sabe el año que viene qué voy a hacer. Y la verdad es que mujeres que corran XCO, que es a lo que yo me dedico y ruta, hay muy pocas de manera profesional, pero hay mucha gente del mountain que hace ruta como complemento o hasta los ruteros, mountain en su pretemporada como complemento. O sea, todos alguna vez se subieron a otra bici, pero ponerse el número y correr en las dos, somos pocos.

- Vamos a un poco a tus comienzos. ¿Cómo arrancó todo?
- Arranqué en una escuelita en Chacras, tenía siete años y mi mamá me dejaba onda guardería. Ella toda la vida se dedicó a criarnos y a trabajar con mi papá. Así que bueno, cuando nos ordenamos y nosotras crecimos un poco, ella empezó ciclismo e iba los sábados con su grupo. Y bueno, yo tenía siete años, cargaba una bicicleta y a la escuelita. Y, la verdad, es que la pasaba horrible, odiaba. Me la pasaba comiendo facturas y tomando mate con la que era la secretaria en ese entonces y charlando todo el día. La verdad es que iba, dejaba la bici ahí y me ponía a charlar. Pero después terminé yendo a algunas carreritas locales. Y siempre hice algo más: natación, equitación. En mi casa el deporte siempre fue, junto con el estudio y el inglés, una obligación más. Lo que se arranca en enero o se termina en diciembre. Le damos continuidad a esa parte de la salud física que mis papás lo tomaban fundamental. Después viajé, casi sin entrenar, a esos juegos de Evita y ahí fue cuando verdaderamente dije: ‘Qué fantástico correr, esta adrenalina, a este nivel’.

- ¿Cómo es el ciclismo con la mujer?
- La verdad es que cuesta, cuesta. A los 12 o 13 años, esas primeras carreras que yo me anotaba con un miedo, de ir sola en el sendero y de saber qué me pasa adentro del circuito... y escuchar: ‘Pasala que es una mujer o pasala que viene la bajada y se va a tirar lento porque es una mujer’. Son frases que al momento me marcaron pero ahora siento que me impulsaron a seguir y a decir: ‘Bueno, soy una mujer, pero estoy acá y logré todo esto’. Y creo que también fue gracias a esas cosas que me pasaron, que busqué el lado positivo. Creo que hoy en día, y más post pandemia, hay muchísimas bicicletas en la calle, hombres, mujeres, grupos de mountain que salen a la ruta y me parece súper importante que sigan sumándose. En la ruta creo que cuesta un poco más. Está como ese ambiente todavía más machista y conservador al momento de, por ejemplo, ir en un grupo o no pasar a tirar, meterte ahí en el sprint, en el embalaje final y que te digan: ‘Ah, bueno, pero vos porque sos mujer no tiraste’, y es como que te da una vena impresionante. Pero bueno, la verdad es que creo que poco a poco, también con la con la ayuda de presencias como la mía, como de muchas mujeres que se van sumando, esas ideas y esos comentarios van cambiando.

- Hablemos un poco más de cómo fue vestir la camiseta argentina en competencias internacionales. Imagino las sensaciones…
- Olvidate. En el momento en que me llegó el comunicado que estaba invitada a correr a Brasil, que fue la primera vez que que vestí la celeste y blanca, dije ‘tremendo, no puede ser, tantos años y estar ahí’. Viajé sola, una de las únicas mujeres en la habitación, con la cabecita en el espejo, llorando de la emoción, se me ponía la piel de gallina. Y después estar ahí y escuchar el 3-2-1 para largar. Es como que te da una emoción y un impulso aparte por vestir la camiseta de la selección, y es sentir que representas a un montón de gente que que tal vez está luchando y luchó lo mismo que vos por estar ahí. Así que bueno, es hermoso.

Julieta, en lo más alto del podio.

- En ese momento, ¿de quién te acordás, imagino, por ejemplo, lo importante que es la familia de un deportista en todo esto?
La verdad es que sí. En mi familia, mi mamá ciclista, mi papá en moto y mi hermana hace voley. Siempre un deporte. Al sacrificio que uno hace, los primeros que lo ven es la familia, y la familia hace un sacrificio muy grande también por llevarme, traerme. El año pasado, era levantarme a las 5, ir al gimnasio, me llevaba mi mamá, después salía me bañaba rápido y me iba a la escuela. Y después de la escuela, a la pista y cuando me quería acordar eran las 5 de la tarde y había hecho cinco viajes por mí al centro, yendo y viniendo. Así que la verdad es que sí. El apoyo también económico, se siente muchísimo porque un montón de cosas no se podrían hacer. Los primeros que valoran nuestros sacrificios personales son nuestros papás.

- ¿Y en lo personal, qué sacrificio sentís que has hecho para llegar a donde estas hoy?
- La verdad es creo que ha sido lo más complicado. Decir, un viernes a las 9 de la noche, me voy a dormir porque mañana entreno y que mis amigas vayan a un 15, por ejemplo, me costó bastante. Es más, a mi presentación del buzo de 5º, me la perdí por estar en los Juegos y veía los videos allá y decía: ‘Estaría bueno estar’, pero después estoy en la línea y me doy cuenta de que sé que es el camino. O sea, cuando estoy corriendo me vaya bien o me vaya mal, sé que sé que es lo que me gusta. También tengo un grupo que me banca bastante, un grupo de amigas que me banca bastante, así que está bueno, es el complemento. Y bueno, también mi novio que se adapta bastante a esto de los viajes y todo eso, porque es complicado también el no estar. El año pasado estuve cinco semanas afuera. El apoyo estando afuera es súper importante, de la gente que está acá, porque uno se siente muy, muy solo. Es un deporte individual y te cuesta mucho. A mí me cuesta mucho, la verdad. Viajar, estar sola. Lo siento bastante, pero sé que es el camino y sé qué es lo que quiero hacer. Viajo sola, tengo mi equipo de trabajo acá, entrenador, psicóloga, kinesiólogo, la verdad es que están súper presentes y es un equipo de profesionales fundamental.

- ¿Qué importancia tiene la psicóloga para un deportista profesional?
- Es fundamental. El año pasado tuve un ataque de pánico en el Panamericano de Mountain y abandoné. Fue la primera carrera que abandoné. Fue un shock. Decía: ‘Qué me pasa’, ni yo sabía que me pasaba. Y hoy en día es como más fácil hablar, gracias a ella, que me ayudó un montón a salir y, bueno, claramente volví a pedalear, seguí corriendo, pero eso fue algo que metí abajo de la alfombra. La verdad es que sí, es importante, sobre todo para llevar las presiones, hasta las de uno mismo. Tener a alguien con quien hablar, que te dé un consejo profesional. A este nivel es importante por la salud mental de cada uno. Si uno no está bien con uno, tampoco va a estar bien con la bici, ni con nada.

- Y acá, además, sos vos y la bici, no tenés un compañero que pueda rescatarte, ni podés pedir el cambio si no te salen las cosas…
- Exactamente. Nadie te puede reemplazar y te caes, y estás sangrando, y decís ‘la meta la tengo que cruzar cueste lo que cueste’.

foto: Rodrigo D'Angelo / MDZ

- ¿Qué objetivos te has planteado a corto plazo?
Los Juegos Olímpicos de París son el año que viene, y los próximos Juegos que son en Los Ángeles (2028), yo creo que ese va a ser mi gran objetivo. Es muy difícil clasificar a un juegos olímpico, es un proceso súper largo y sobre todo de maduración deportiva. Creo que mi año va a ser ese y es a lo que más le apunto. Y a corto plazo está el mundial o de ruta o de mountain, lo que me lleven la selección, lo que me confirmen con tiempo, pero voy a tener que decidir por uno.

- ¿Qué tiene que tener, más allá de lo físico y del talento, un deportista para para triunfar en el alto nivel?
- Confianza. Creo que esa es la palabra, confiar en uno mismo, confiar en el proceso y confiar en los que te apoyan en el proceso. Porque si uno va al kinesiólogo y no está confiado en el tratamiento que está recibiendo, si uno está entrenando y no está confiado de las pasadas o las repeticiones que está haciendo, siempre va a estar dudando no solamente de los otros, sino de uno mismo. Es la clave para triunfar.