Boxeo: el excampeón mundial que se resiste al retiro y sueña con una última función
Las luces, como sucede a menudo, comienzan a apagarse y el hecho de ser figura central pasa a un segundo plano para darle paso a las nuevas generaciones. La experiencia de sus 39 años, con varios años entre las calles del barrio Lihué, donde aprendió a esquivarle a los problemas de la vida cotidiana, pesan dentro del gimnasio: los pibes lo toman como referente, más allá de que su rutina se sitúe en un rincón del recinto.
Hace calor. En Las Heras no hacen menos de 35 grados de sensación térmica a la sombra y en el resto de Mendoza no es la excepción; ni hablar de los 45 que azotan dentro del gimnasio de Julio Pablo Chacón, donde un nutrido grupo de boxeadores y boxeadoras realizan sus rutinas diarias a la espera de que salte la ficha para una presentación, rentada o amateur.
Y ahí está él, en silencio, solo sobre el entarimado realizando su rutina con su clásica sonrisa, la cual a pesar de los cachetazos deportivos y personales (en los que no vamos a ahondar, porque no tienen sentido), sigue presente en ese rostro qué, más allá de los magullones lógicos de las trompadas recibidas a lo largo de sus 52 combates rentados, con 43 victorias (22 nocauts), 8 derrotas y un empate, ya muestra las arrugas del paso del tiempo.
La soga acompaña a un solitario Jonathan Víctor Barros, uno de los últimos integrantes de una gran camada de boxeadores que supo darle a nuestras tierras una corona mundialista, quien sobre el ring salta y salta sin parar para mantenerse en forma con la ilusión de que algún promotor lo recuerde y lo llame para programarle una pelea.
El Yoni (así con Y, bien mendocino) junto a Juan Carlos Reveco (minimosca y mosca AMB) y Yésica Marcos (supergallo AMB/OMB) fue uno de los tres últimos campeones mundiales de nuestra provincia. Y cuando las luces de los tres se apagaron, se apagó la llama de nuestro pugilismo, el cual busca resurgir tras varios años de sequía en los primeros planos internacionales.
"Cumplí 39 años la semana pasada y la verdad es que ya estoy más lejos que cerca", dice con un poco de resignación el excampeón mundial pluma de la Asociación Mundial de Boxeo. Y agrega: "Tengo fecha para el retiro. Ya lo estoy pensando. Creo que el 10 de marzo en el Altético Argentino".
El último combate rentado de Jonathan Barros fue en agosto de 2021 cuando cayó sin atenuantes con el por entonces ascendente Jaime Arboleda, quien lo venció por nocaut técnico en el Centro de Convenciones Vasco Núñez de Balboa, en Panamá. Todo hacía presuponer que hasta ahí iba a llegar la carrera del guaymallino, aunque él mismo se encarga de decir que "quiero una más, no estoy retirado... no, todavía no. El solo hecho de pensarlo me pone muy mal. Voy a morir siendo boxeador y deportista y estar vinculado a este deporte que tanto amo. Quiero transmitir todo lo que aprendí a lo largo de los años".
Los años dorados del Yoni ya están en el baúl de los recuerdos, aunque de vez en cuando, él mismo se encarga de desempolvarlos y traerlos al presente. "Haber logrado lo que logré es lo que me llena y me satisface, es lo que por ahí me alivia al momento de decidir cerrar mi carrera", explica, y sigue: "Hay que dar vuelta la página. De a poco, te juro, que lo vas asumiendo. Toda mi carrera la dejo como una hermosa experiencia. Fui un bendecido. Haber podido ser campeón del mundo es algo impagable".
Barros sabe que fue parte de una generación que marcó un hito en Mendoza, y en el boxeo nacional. El hecho de ser uno de los siete campeones mundiales en el historial de la provincia, junto a Pascual Pérez, Nicolino Locche, Hugo Pastor Corro, Julio Pablo Chacón, Juan Carlos Reveco y Yésica Marcos, lo pone en un lugar de privilegio ante las nuevas generaciones. Por eso, y ante cómo lo ven sus "nuevos" colegas, el excampeón pluma responde que "a los que se están iniciando en esto les hablo y les aconsejo mucho sobre lo que hay y no hay que hacer. Si yo pude llegar, con sacrificio y talento, todos pueden. Esto es sacrificio y dedicación, no hay otra fórmula. Soy una persona que no se guarda nada y me encanta transmitir mi experiencia".
"Estoy muy conforme con mi carrera, di lo mejor de mí y llegué hasta donde todos queremos llegar. Ser uno de los siete campeones mendocinos es todo para mí, es algo inexplicable. Hablar de eso me pone la piel de gallina", expresa y se sonroja mientras se seca la transpiración del rostro.
La vida cambia. Barros ya no tiene los 25 años que tenía cuando se consagró campeón del mundo tras vencer al panameño Irving Berry en el Polimeni de Las Heras. Pasaron 12 años (en diciembre se cumplirá un nuevo aniversario) de aquella noche en la que, después de su primer intento en Alemania ante el cubano Yuriorkis Gamboa -una de sus mejores peleas como prfesional-, pudo tocar el cielo con las manos, ese sueño conjunto que fueron formando desde la cantera de Pablo Chacón junto a su inseparable amigo Juan Carlos Reveco y el recordado Ricardo Bracamonte, aquel viejo técnico de boxeo que los acompañó a sol y sobra.
Tras las dos peleas con Celestino Caballero (defendiendo el título con victoria polémica y posteriormente entregando la corona tras una derrota si atenuantes) la carrera de Jonathan Barros comenzó a tomar otro rumbo, más allá de la gran victoria ante el nipón Satoshi Hosono en Japón, combate que le abrió las puertas de una nueva chance mundialista ante Lee Selby con quien no pudo y perdió en las tarjetas en el Wembley Arena (Inglaterra) en una contienda que puso en juego el título superpluma de la Federación Internacional de Boxeo.
A pesar de eso, explica que "lo que me pasó (en esas peleas ante Pelenchín Caballero) fueron problemas ajenos al deporte. Me dejé influenciar por algunas personas y lo pagué arriba del ring. Tendría que haber separado las cosas, pero no pude hacerlo. De todos modos hoy lo tomo como una experiencia más que me dio la vida. Con el traspié como Miky García me pasó lo mismo. Siempre cosas externas al deporte".

-¿Influyó el entorno de ese momento?
-(Pffff) Muchísimo. Viéndolo hoy en el tiempo y con la cabeza más fría, y con mucha más madurez, me doy cuenta de que influyó y que fue un error. Mi carrera tendría que haber sido otra si no me pasaba eso.
-¿Confirmás entonces que existieron los "amigos del campeón"?
-Sí, hubieron muchos dando vueltas. Y lo peor de todo es que yo no entendí que eso me hacía mal. Pero bueno, el tiempo después lo dice todo y te hace ver cosas que no veías. Creo que el Yoni de hoy le diría al Yoni de ese momento que no lo haga. Y eso es algo que yo quiero transmitirle a mis pupilos.
"Soy profe de boxeo recreativo en la muni de Guaymallén desde hace 14 años y además doy clases en el gimnasio Top Ten, así que básicamente estoy hecho un profesor de boxeo", dice entre risas sobre su actualidad y sobre cómo se gana la vida. Y sueña, como lo soñó en su adolescencia en "poder sacar algún campeón". Claro, los recuerdos de aquellas tardes en las plazas de Guaymallén donde bailaba hip hop -una de las claves de su carrera boxística-, y de su primer profesor Ramón Balbino Soria, lo llevan a pararse desde el lado de formador para poder ayudar a los pibes, como lo hicieron con él cuando, además, se hacía cargo de sus cuatro hermanos tras la separación de sus padres y el abandono de su madre -después de muchos años se reencontraron-.
El Yoni nunca renegó de su pasado, de hecho fue de donde sacó la fortaleza que lo mantuvo siempre al frente. Alguna vez dijo que él boxeaba "para darle una vida mejor" a sus hermanos, con los que todos los días, cuando apenas tenía 7 años, caminaba unos 5 kilómetros para poder llegar a un merendero donde todos aprovechaban para tomar la leche.
"Soy lo que soy gracias al boxeo. Si no hubiese sido boxeador tendría una vida más desgraciada, llena de problemas. Nunca robé. Hoy estoy vivo", sentenció algunos años atrás el oriundo del barrio Lihué de Guaymallén.

