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El Cruzado, por la gloria eterna, con una condimento especial

Deportivo Maipú puede escribir hoy la página más importante de su historia. El equipo de Luis García está a 90 minutos de jugar en Primera. El detalle que le pone pimienta a la final de este sábado.

Todas las finales representan prácticamente lo mismo para quienes tienen la posibilidad de jugarlas. Es la coronación de un año exitoso, es el fruto del esfuerzo de una excelente temporada. Es el premio al trabajo. Es la chance de conseguir el máximo objetivo que te propone una competición. Es el paso final a la gloria.

Hasta ahí, nada raro. El Deportivo Maipú tiene la posibilidad de jugarla por mérito propio, por esfuerzo, por trabajo, por capacidades individuales y colectivas, por ser uno de los mejores de la temporada. Y tiene la chance de coronarse gracias a todo eso.

Pero, la forma en la que se dieron las cosas, el camino que le tocó transitar, las piedras en el zapato que aparecieron en un momento para incomodar el andar, los obstáculos que tuvo que sortear, le dan un sabor especial a este momento único.

Hace un mes y 17 días, exactamente, todo era decepción. Una mala tarde parecía tirar por la borda el esfuerzo de todo un año. La batalla con Independiente Rivadavia y con Chacarita llegaba a su fin, con el premio mayor para la Lepra. Esa derrota 0-1 en el Sperdutti, dejó una herida profunda, difícil de sanar. Una herida que, parecía, no iba a poder curarse rápidamente.

El golpe fue durísimo no sólo por haber quedado afuera de la final por el primer ascenso, sino también por las formas. La caída de local justamente con Independiente, ante su gente y jugando uno de los peores partidos del año, significaron casi un fin de ciclo. No había esperanzas de poder remontar esa mala jornada. Y el camino largo hacia la segunda posibilidad de ascenso significaba volver a sortear obstáculos con las pocas energías que quedaban.

Pero el Cruzado de Luis García se repuso y acá está. Fue clave el triunfo sin sobresaltos ante San Martín de San Juan, en octavos del Reducido. Luego llegó el momento de Temperley, el verdugo de Chaca, y con mucho sufrimiento de por medio, pudo avanzar. Y la batalla con Estudiantes de Río Cuarto, que significó la puntada final para buscar la revancha y dejar atrás aquella tarde frente a la Lepra. Aquí también, no sin antes mirar de cerca los fantasmas de aquel 15 de octubre ante el equipo de Alfredo Berti. El gol de Luciano Herrera sobre la hora le dio ese toque épico que merecen las grandes historias.

No fue fácil a pesar del esfuerzo, a pesar del trabajo y de la capacidad. A pesar de haber sido uno de los mejores equipos del torneo, costó. Por ello, el camino recorrido hoy será una motivación más para los muchachos de Luis García. Los tropezones y los sobresaltos de algunos pasajes de la recta final del torneo e incluso los falsos e infundados rumores, serán combustible para un equipo que hoy va por todo. Un equipo que de la mano de los Sambueza, de los Cozzani, de los Manzur, de los González, de los Moyano y de los Herrera, buscará esta tarde escribir la página más importante de la historia del Club Deportivo Maipú.