Mundial de rugby: Netflix no podría haberlo hecho
Netflix no podría haberlo hecho. Tampoco HBO. Dame todas las temporadas de Game of Thrones y te las cambio por las ocho horas de rugby de este último fin de semana. Todo el drama, la emoción y la acción que hace que nos guste tanto este hermoso juego nos tuvo pegados a la pantalla, haciendo que nos pongamos de pie, que aplaudamos fuerte, gritemos con fuerza en los partidos de cuartos de final del Mundial de rugby Francia 2023. Esas ocho horas fueron suficientes para silenciar a todo tipo de comentarios acerca del juego. Entre ellos:
- Que el rugby se ha vuelto aburrido y predecible.
- Que el hemisferio Norte va a dominar en esta copa del mundo y que nadie podrá vencer a Irlanda o al local Francia.
En la primera función Los Pumas, con críticas hacia su juego y su conducción, tenía que enfrentarse al muy difícil Gales, equipo entrenado por el neozelandés Warren Gatland, que con una propuesta de juego vertiginoso intentó poner en aprietos a la defensa argentina, que mostró algunas falencias cerca de la zona de transición entre el post tackle y la línea defensiva. Gales, un rival siempre complejo para Los Pumas, había hecho la tarea de estudiar al equipo argentino y atacar en ese lugar donde un par de veces el desorden dejó un espacio para ser explotado. Esa tarea trajo dividendos: dos conquistas para Gales.
Pero el rugby, más que nunca demostró ser un deporte en el que no hay un ganador hasta que el referí pita el final. Los Pumas tuvieron que trabajar arduamente por el resultado, una tendencia en todos los partidos de esta instancia del Mundial, y no fue hasta el final del partido que enderezaron el barco para llevarlo a buen puerto.
En el minuto 48, Emi Boffelli había marcado un penal de larga distancia para poner por primera vez al equipo al frente. Pero inmediatamente Tomos Williams, medio scrum de relevo de Gales, volvió a darle el dominio a su equipo con un try muy sencillo, explotando esos lugares cercanos a los rucks donde Los Pumas daban ventajas. Recién en el minuto 65 Los Pumas encontraron el quiebre en el juego. Con el trabajo de demolición de los forwards llegó el try de Joel Sclavi, quien había ingresado unos minutos antes.
Los partidos tienen varias instancias. Hoy no se piensa en quince jugadores que son mejores que otros, cuando se arma el equipo. En el rugby moderno se piensa quienes son los mejores para cada momento. Los que empiezan, los que trabajan los momentos, los que cierran o cambian el rumbo de los partidos. Esa es la ecuación.
En la previa del partido, el comentarista de a pie, el hincha, pedía al tucumano en cancha. Los humanos tendemos a opinar y decidir mucho más desde la emoción que la razón. Ni hablar cuando se trata de deportes. El último sábado el 10 titular fue Santiago Carreras, cuestionado por muchos que además pedían la presencia del histórico apertura tucumano, Nico Sánchez. Este sábado ambos demostraron de qué se trata el juego de equipo. El experimentado tomó la posta del cordobés, de muy buena actuación. La adversidad, estar en el banco, una lesión, a veces puede ser combustible para transformarse en héroe. Nos lo enseñan todas esas películas que amamos como Indiana Jones y Star Wars.
La épica del juego puede mucho más que las series cualquier plataforma. Si no miremos lo que pasó en los demás partidos de cuartos de final.
Irlanda, número 1 del ranking mundial, con muchos argumentos podía pretender quedarse con el título. Lo avalaba haberles ganado a todas las potencias incluida la serie en Nueva Zelanda contra los All Blacks, algo que no ocurría desde 1994, cuando la visita fue el magnífico conjunto francés de aquellos años. La serie de 2022 la ganó Irlanda con contundencia y buen juego. Un juego que había sido moldeado por el neozelandés Joe Schmidt, otra de las tantas mentes brillantes de aquél país, entrenador de Irlanda hasta Japón 2019, y que hoy está dentro del staff All Black. Su reemplazo, el inglés Andy Farrel, llevó mas lejos la propuesta de Schmidt, quien había conseguido vencer en un par de ocasiones a los de negro, siendo la de Chicago en 2016 la primera de la historia (luego volvieron a ganarles en 2018 en Dublín). A la hora de la verdad, en Japón 2019, los All Blacks dieron una clase maestra de rugby y dejaron sin respuestas a los europeos.

Lo que vino después fue un periodo de dominio claro y contundente de los Irlandeses. Victoria otra vez en 2021 en casa y la famosa serie de 2022 en Nueva Zelanda. Farrell, quien fuera una leyenda del rugby league inglés, multicampeón con Wigan, es un ganador. Su mentalidad es esa: para ser el mejor hay que trabajar, trabajar y trabajar con un plan, una idea de juego y sobre todo jugar bien y muy por encima del resto.
El juego mental lo es todo, y Farrell lo sabe. Y parte de ese juego psicológico consiste en crear una mentalidad ganadora. Hacerlo no es repetir frases motivadoras de Instagram. Es ganarle a los mejores en cada aspecto y detalle del juego de rugby. Lo hizo, no solo una sino tres veces, como destaqué en el párrafo anterior.
Este Mundial era de ellos según muchos. Pero la realidad no está hecha de estadísticas. Enfrente estaba la nación que ha dominado este deporte durante cien años. Los fabulosos All Blacks plantearon un partido perfecto, más allá de los nervios de los primeros minutos con un par de equivocaciones. El juego mental definitorio era este partido de cuartos de final. Irlanda, candidato. Nueva Zelanda, quizá por primera vez en la historia llegaba de punto a un partido. Sin embargo, los tres veces campeones mundiales salieron a dominar el juego con algunas consignas claras: no tendrían demasiado la pelota ya que Irlanda basa su juego en la tenencia, pero cada posesión debía ser aprovechada con cada recurso, marcar puntos cada vez que hubiera una oportunidad, y no frustrarse. La frustración había sido una de las causas de las derrotas en los últimos enfrentamientos; el juego de múltiples fases del equipo de Jonny Sexton y Compañía los obligó a tomar decisiones apuradas producto de aquella emoción. En cuatro visitas a las 22 rivales los All Blacks marcaron tres tries. Supieron usar el pie, como lo vienen mostrando, como un gran recurso ofensivo. Y, sobre todo, no perdieron la paciencia ante un brillante equipo irlandés, que atacó durante cinco minutos y medio y 38 fases de juego hasta recuperar la pelota y meterse en la final.
Los All Blacks ganaron el partido porque dominaron el juego INTERNO o juego mental.
Cuando hablo de juego mental me refiero a dominar las facetas técnicas y tácticas del juego, llegar a los propios límites y correrlos, comprender el juego y sus momentos.
Eso fue exactamente lo que hizo Sudáfrica, el campeón reinante. La nación que ganó todas las finales que jugó en su historia. El local y también candidato, Francia, con su magnífico conductor Antoine Dupont, tenía por supuesto muchos argumentos para pretender ser uno de los semi finalistas. Había vencido de manera contundente a los All Blacks en el debut y desde hace 4 años que cambió su juego que hace recordar a sus épocas más gloriosas.

Vamos directamente a los detalles de la inteligencia sudafricana. Sabía que tendría menos la pelota porque Francia también tiene a la posesión, el juego de pases y el vértigo como fortaleza. Los Springboks utilizaron el pie como un recurso de ataque: patadas arriba a dividir donde Francia no supo cómo ordenarse. De una de ellas llega el primer try por una floja recepción del fondo Galo, la carga del gigante en todo sentido Etzebeth y la corrida de Andrese.
La economía fue otro factor clave. De pelota recuperada, los Springboks buscaron con pocos pases lugares con espacio para después usar otra vez el pie. Un ejemplo: el try de Cheslin Kolbe que corrió y ganó en la carrera a un rastrón del centro Kriel una pelota recuperada que solo tuvo dos pases.
Un Mundial no lo gana el más fuerte, ni el que tiene el mejor scrum. Lo gana quien está más equilibrado, el que mejor entiende, el que más lo desea, el más paciente. Dos hechos lo demuestran:
- Sudáfrica tiene a Willemse en el fondo recibiendo una patada larga. Como lo hace dentro de sus 22 metros pide mark, con lo cual se le otorga un free kick (tiro libre). Inmediatamente y sin dudarlo pide scrum y los relatores del partido se quedan asombrados y tratan de analizar la razón para pedir scrum, dividiendo la pelota en una zona tan cercana al ingoal propio. Incluso confiesan no saber que se puede optar por lanzar a partir de scrum cuando hay un free kick. La razón, claramente estudiada por el campeón del mundo, es que con un scrum la mayoría de la defensa tiene que estar adelantada dejando más espacios para patear, pero también la opción de sacar la pelota y buscar un perfil más abierto.
- Tras el segundo try de Francia Thomas Ramos toma carrera para sumar dos puntos, pero la pelota solo se elevó 2 metros. Kolbe, quizá el jugador más rápido de este Mundial, en lugar de quedarse tomando agua en el ingoal hizo su mayor esfuerzo por tapar esa patada y negando dos puntos a Francia. Recordemos el resultado final: Sudáfrica 29 – Francia 28.
De aquellas predicciones que daban a Irlanda y Francia como candidatos nada ha quedado. El juego es mucho más impredecible de lo que creemos. Tanto lo es que Fiji estuvo a muy poco de dejar afuera al único representante del norte, Inglaterra, equipo del cual poco se esperaba antes de este Mundial. No hay guion mejor que el del propio juego, es el único que vende tickets y el que nos tiene pegados a las pantallas sin movernos durante tantas horas.
*Por Tomás de Vedia, exrugbier de Los Pumas. Además jugó en SIC, Saracens y London Irish. Brinda charlas y entrenamientos sobre preparación mental. Es entrenador de rugby.

