Chelo Mescolatti: el Messi del futsal que merece otro final
A la final del Mundo de fútbol de salón le restan doce segundos. Diego Koltes tiene la oportunidad de igualar el 1-2 en contra ante Brasil pero su remate es desviado por el arquero y va al lateral. Misiones queda en silencio, y se viene un final con destino a velorio. Koltes se hace cargo y ejecuta el saque de banda. La pelota cae al área, queda un rebotey desde ahí, hay play a la película.
Marcelo Mescolatti empató esa final histórica con un puñado de milésimas por jugar, y hasta es injusto arrancar así con su inmensa carrera. El gol del 2 a 2 que derivó despúes en el segundo título ecuménico del a historia del futsal argento es apenas una escena más en su vida cinematográfica.
El 10 es, para el deporte, lo que Messi significa para el fútbol, y la Confederación Argentina lo está destratando, sin darle ningún tipo de información acerca de una sanción inventada tras un reclamo del capitán a ciertas condiciones del seleccionado que lo tiene en suspenso.
Cuando digo lo de Messi creánme que es cierto. Sacando las distancias y la magnitud, Mescolatti es el máximo ícono de un deporte cotizado en el país. Y hasta tiene similitudes en sus carreras vestidos de argentinos: al 10 mendocino se le dio el ansiado título mundial en su cuarta participación, después de intetarlo en las ediciones de Argentina 2007, Colombia 2011 y Bielorrusia 2015.
Más allá de su dorada carrera deportiva, ganando todo a nivel de clubes con Don Orione (su Barcelona), de ser dueño con Mendoza de la República (logrando cinco títulos consecutivos) y de llegar a lo máximo como deportista con la camiseta albiceleste, Mescolatti trascendió la vitrina y se convirtió en la referencia de sus pares y en ídolo de los más chicos. Su figura es, para el fútbol de salón mundial, sinónimo de respeto y admiración.
Transitar su epílogo como deportista inmerso en la duda de saber si estará en condiciones de poder volver a ser convocado para representar a su país es una falta de respeto absoluta. Marcelo Mescolatti merece el final que forjó durante veinte años, el de jugador superlativo sin escándalos ni brabuconadas. No hay ni un andá pashá bobo en su archivo porque aparte de genio es buen tipo.
Para el mundo del fútbol de salón la imagen no cambiará si la decisión de tenerlo apartado persiste, aunque por el tamaño de su carrera, claramente que la foto final tiene que ser con él vestido de jugador y de argentino, por más que unos pocos vestidos de saco y corbata quieran otra cosa.
