Juan Ignacio Méndez: la historia del mendocino figura de San Lorenzo
De la tierra del potrero de Carrodilla a la alfombra del Nuevo Gasómetro hay 1049 kilómetros. En el medio, toda una vida atrás de un sueño. Juan Ignacio Méndez disfruta de su gran presente siendo pieza clave de San Lorenzo de Almagro, aunque no pierde la memoria y se baja del póster cada vez que puede para volver a su lugar en el mundo. Acá, en Mendoza, están sus amigos, no los del campeón, sino los que posan en el portarretratos que luce en la cómoda de su casa.
Antes de salir en el Gran DT y tomar la yerba premium que no se lava nunca tuvo que trajinar bastante. Su talento nació en el Polideportivo de Carrodilla aunque el legado viene en la sangre. Su papá jugó en varios clubes de Mendoza, y por supuesto le trasladó la pasión, aunque lo de Nacho puede definirse como una versión mejorada. Del raspa que te raspa del viejo a un pie sensible que flota en el círculo central, la evolución de la especie, que le dicen.
Ese amor familiar fue clave en los días oscuros en Buenos Aires. Mamá siempre clave en el sostén y la contención (aunque las milanesas no se puedan enviar por WhatssApp) más el aliento de sus dos hermanos, en un equipo con línea de cinco volantes que ya dio la vuelta olímpica hace tiempo.
A los 7 años llegó a Andes Talleres, donde Leo Gallardo lo mimó desde el día uno. Ahí empezó a entender ese mundo llamado inferiores, donde el mate cocido del refrigerio vale más que el sushi top de la Arístides. Mientras sus compañeros se ponían el sueter escote en V para intentar colarse en algún cumpleaños de 15, él dormía en el silencio de su habitación a oscuras porque al otro día había partido. Debutó en primera con 14 años de la mano de Sergio Scivoletto e hizo la pretemporada con el plantel que se preparaba para el Torneo del Interior. Su futuro estaría algunas categorías más arriba.
Se fue a probar a Argentinos Juniors sin saber los ejercicios combinados y la lluvia le aguó las ilusiones. Debería entender este tipo de cosas el estado del tiempo, que a veces se empecina en empantanar ilusiones. El agua no solo copó las canchas donde cientos de pibes querían mostrarse, también dijo presente en la carita de un nene que veía como se le complicaba su anhelo de quedar seleccionado en una dorada cantera como es la del Bicho.
Sus dos días de prueba con sol fueron suficientes para ser elegido. Después podremos discutir si está bien que una guillotina te ubique del lado de los buenos o de los no tanto, aunque eso es tema de otra charla de café. Para Méndez arrancaba su camino en Buenos Aires, donde viven y juegan los mejores, aunque muchos después se pierdan a mitad de camino, entre Desaguadero y el Conurbano.
Raúl Sanzotti fue su padrino en La Paternal, y los hermanos Mac Allister, su familia adoptiva. Al punto que al quedarse sin pensión, durmió con ellos un buen tiempo, compartiendo el cajón de las medias. Todo ese combustible le dio el envión necesario para poder seguir escalando categorías, hasta que un tal Gabriel Heinze lo hizo debutar.
Fueron 68 minutos de un partido histórico ante Nueva Chicago, que marcó el ansiado ascenso a Primera División. Con la diferencia en la cima, el entrenador guardó la base para el partido por Copa Argentina que avecinaba ante Instituto y puso un equipo con varios juveniles que se dejó la victoria 2-1.
Su buen rendimiento lo llevó a la Selección Argentina Sub 20, en otro capítulo especial para su vida de futbolista. Para Claudio Úbeda era número puesto, en un plantel que tenía nombres de peso como Foyth, Lisandro Martínez, Ascacibar y Lautaro Martínez.
La cita de Corea del Sur estaba a la vuelta de la esquina, pero misteriosamente algún teléfono sonó en Ezeiza y lo bajaron del avión. Otra vez el llanto, esta vez sin nubes en el cielo. Pero la vida muchas veces es justa: Esequiel Barco fue dado de baja a último momento y se metió en el vuelo casi por la salida de emergencia. Otro sueño para baúl de los recuerdos.
Vojvoda lo pidió para Talleres de Córdoba y no dudó en mudar su fútbol a la tierra del cuarteto, justamente la música que suena en su Ipad. Fue ahí donde encontró su lugar en el mundo, aunque apenas llegó se rompió la rodilla. Otra vez a remar. Se hizo referente absoluto y dejó su huella vestido de albiazul, ya con el Cacique Media en el banco, con un subcampeonato de Copa Argentina y la clasificación a la Copa Libertadores.
San Lorenzo se lo llevó tras quedar libre pero antes hubo sondeos de Liga de Quito, Universidad de Chile y la MLS. Es más, su trámite de doble nacionalidad con el país trasandino está en curso. Quinteros ya manifestó que lo quiere con la Roja y hasta sonó en el River de Gallardo para reemplazar a su coterráneo Énzo Pérez.
Mientras todo eso acontece, Méndez sigue con su vida de pibe de barrio. Acompañado de su pareja, el amor de su familia y el calor de sus amigos. En el receso no lo esperá ninguna playa paradisíaca con agua turquesa. Hará los 1049 kilómetros que separan el Nuevo Gasómetro hasta llegar a Carrodilla, donde espera el fuego prendido, para saborear un asado en cuero con el calor de los suyos. El menú ideal para uno de los mejores volantes del fútbol argentino.