Muchas gracias, Señor 10
Hace 62 años algo comenzaba a cambiar y no lo sabíamos. A Fiorito llegaba un elegido que con el correr de los años llenaría de alegría a todo el pueblo argentino y a cada rincón de las tierras futboleras. El elegido se llamaba Diego como su papá y de segundo nombre Armando, que en sus orígenes germanos significa guerrero. Y vaya si le hizo honores. Decir que su apellido es Maradona, me parece una obviedad. Pelusa desde chico comenzó una relación entrañable con la pelota, compañera fiel e inseparable de su vida. Soñando en los baldíos de Fiorito poder consagrarse alguna vez en primera y un sueño aún mayor, alguna vez ganar un Mundial.
Pero a veces los sueños se hacen realidad y logró cumplirlos, esos de la infancia y todos los que se propuso a lo largo de toda su carrera. Siempre brilló. Comenzó en el club social, cultural y deportivo de Villa Fiorito Estrella Roja, pasó por Cebollitas, equipo de las inferiores de Argentinos. Después, ya más grande llegó el debut en la Primera del club y su paso a Boca, donde La 12 no se cansaba de corear su nombre. Llegó a conquistar el Viejo Mundo, un paso por Barcelona y de ahí al Sevilla. Arribó a Nápoles, el que se convertiría pronto en su segundo hogar, donde fue cuidado, amado y respetado muchas veces más que en su propio país. Donde nunca le soltaron la mano. Ni aún en los más difíciles.
Y un día volvió a la Argentina, tuvo una breve etapa en Newell´s y después sí, volvió al calzarse la diez xeneize. Su paso por todos estos clubes siempre estuvo acompañado por su participación en la Selección Argentina, camiseta que lució y defendió con más orgullo que todas, con la que supo coronarse campeón en el ´86, cumpliendo otro de sus sueños. Diego es amado por todos e idolatrado por muchos. Generador de sueños, todos los chicos quieren ser Maradona. Muy amigo de sus amigos, reconocido por sus “enemigos”. Frontal, defendiendo las causas justas. Siempre del lado del más débil. Él que no dudo en reivindicar a los chicos de Malvinas a través de la mano de Dios.
Vivió toda su vida y algunas más. Siempre supo gambetearla, hasta que dijo basta, era tiempo de descansar. Demasiadas batallas que librar. Genio y figura, resolvió partir, ya estaba extrañando demasiado a la “Tota y a Don Diego”. Seguí descansando Pelusa, y quedate tranquilo que el pueblo no olvida a quien lo hizo feliz. Como todos los 30 de octubre desde 1960 hasta la eternidad.
Feliz cumpleaños Señor 10.
* Martiniano Patri , Periodista y relator deportivo