El Trinche, un ángel del fútbol que se fue

El Trinche, un ángel del fútbol que se fue

Tomás Felipe Carlovich pasó a la eternidad para convertirse en mito. Un ícono de un fútbol de otra época, que hasta los que no lo vimos rememoramos con nostalgia porque sabemos que jamás lo podremos experimentar. Nos quitaron al Trinche, un personaje digno de un cuento.

Lucas Burgoa

Lucas Burgoa

Un bohemio. Un distinto. Un personaje de los que ya no existen. Como tampoco el fútbol en el que supo brillar. Este viernes, por culpa de uno o varios malnacidos, pasó a la eternidad Tomás Felipe Carlovich y se convirtió para siempre en un mito. Una leyenda.

Son muy pocos los que pueden contar en la actualidad que lo vieron jugar. No hay videos en los que se pueda disfrutar a la distancia la calidad que tuvo el Trinche. Como en la antigüedad, su figura se agigantó con el relato oral que fue pasando de generación en generación, como nos pasa a los mendocinos con El Víctor.

Que fue mejor que Maradona. Que pudo ser una estrella y no quiso. Que con su calidad, hoy se haría multimillonario. Las historias sobre el Trinche se escuchan, se replican y se seguirán repitiendo para siempre.

Carlovich fue crack en un fútbol que ya no existe. Aquél en el que los futbolistas soñaban con jugar en la primera de su club y, como mucho, llegar a la Selección. Aquél en el que irse a Europa significaba poco y nada. Ese fútbol en el que la plata no era prioridad y sólo importaba jugar a la pelota. El fútbol que se fue.

Alguien dijo en las últimas horas que el Trinche era un personaje que se escapó de un cuento de Fontanarrosa.

De los que juegan en Primera, ninguno le ata los botines. Un jugador técnico incluso en partidos chivos, en clásicos de barrio, con las hinchadas de los equipos al lado de la línea, muchos borrachos, armados. Canchas donde las líneas no eran de cal, sino más bien una zanja.

La paraba con el pecho, la pisaba y ahí arrancaba. La pasaba para acá, para allá, hacía pasar a un tipo, a otro, y en una baldosa. Y salía con la pelota pegada al botín y sin mirarla, mirando de lejos, medio como si no le importara, pero ya detectando a los delanteros para meter el pase.

Los dos párrafos anteriores, palabras más palabras menos, los escribió el Negro sobre un futbolista ficticio. O eso dicen.

A Carlovich lo mataron por una bicicleta. Así, sin más. Una bici con la que recorría Rosario al igual que el Pocho Lepratti, otra víctima de la injusticia de una ciudad tan linda como hostil, mientras los colectiveros le tocaban bocina y la gente lo saludaba con una sonrisa.

Ojalá que se haga justicia y que alguna vez, en nuestro bendito país, la vida de un viejo que no le hace mal a nadie deje de valer menos que lo material. Esta noche no juega el Trinche. Y el mundo es una mierda. 

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