Braian Toledo: de no tener para comer y dormir en el piso a ser uno de los mejores del país

Braian Toledo: de no tener para comer y dormir en el piso a ser uno de los mejores del país

El deporte argentino amaneció con la triste noticia de la muerte de Braian Toledo, uno de los mejores atletas del país y la gran promesa para Tokio 2020. Acá, la historia de superación de un pibe que no tenía nada y que, gracias al lanzamiento de jabalina, tocó el cielo con las manos.

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"A los 10 años me di cuenta de que éramos pobres. Una madrugada me levanté a hacer pis y la encontré a mi mamá llorando en el comedor de la casilla en la que vivíamos. Le pregunté qué pasaba y no me quiso decir, hasta que insistí tanto que me terminó diciendo que no sabía qué iba a darme de comer a mi hermana y a mí al otro día". Así relataba Braian Toledo uno de los momentos más duros de su niñez, en una entrevista brindada a Infobae hace apenas cuatro meses.

El deporte argentino amaneció hoy con la triste noticia de su muerte, en un accidente de tránsito en Marcos Paz, y lamenta la partida no sólo de un atleta de élite, sino de un pibe que nunca perdió la humildad ni se olvidó de sus orígenes para intentar, desde su lugar, ayudar a quienes más lo necesitan.

"Ahí la abracé y le dije que la iba a ayudar, que no se preocupara, que cuando fuera grande le iba a hacer una casa", continuó con su relato Toledo, quien algunos años más tarde y gracias a sus logros en el lanzamiento de jabalina pudo construir una casa para su familia, tal como le había prometido a su mamá con apenas 10 años.

Aquel pibito inocente se propuso ayudar, y comenzó haciéndolo en la escuela. "Lo que hacía era vender dibujos. Completaba la carpeta de dibujo de mis compañeros, les hacía trabajos prácticos y me pagaban 25 ó 50 centavos. Compraba pan, azúcar, yerba, lo que podía cuando volvía de la escuela. Mi mamá se enojaba un poco pero me sentía feliz de hacerlo", contaba el joven de 26 años en la entrevista ya mencionada.

Un día su abuelo le dijo que, hiciera lo que hiciera, tenía que ser el mejor. Y esa frase caló hondo en Braian, quien poco después de aquella noche en la que encontró a su mamá llorando se cruzó con el atletismo gracias a un profesor del colegio. "Vio las condiciones mías en lanzamiento y me dijo tenés que venir, tenés que venir. Me volvió loco hasta que me convenció para ir y terminó atrapándome. Me encantó hacerlo y hoy en día es mi pasión. Ahí dije quiero ser el mejor en jabalina para poder ayudar a mi familia. Eso se volvió real a los 15 años; le pude hacer la casa a mi vieja".

Toledo nunca imaginó que el lanzamiento de jabalina cambiaría su vida, aunque sí estaba convencido de que podía hacer algo diferente. "En mi casa cuando fui creciendo tenía una cama que era chica, obviamente, tuve que bajar el colchón al piso porque no podía dormir más en la cama porque tenía dos soportes en las esquinas. Entonces a partir de ahí en los viajes yo bajaba el colchón al piso porque no podía dormir en la cama y los entrenadores ahí empezaron a conocer un poco más mi historia, mis compañeros también", contaba.

Sin olvidarse nunca de sus orígenes, Toledo aprovechaba su posición para ayudar a quienes más lo necesitan. Por eso destinaba una parte de sus ingresos a proyectos solidarios. Al principio comenzó armando bolsas con ropa y mercadería y la repartía por los barrios junto a su novia Sofía Lamarque, integrante del equipo argentino de tiro deportivo. Cuando se conoció lo que hacía se acercó mucha gente y algunas empresas, por lo que debió organizarse mejor y allí se focalizó en Huella Weber, el programa social de la empresa Weber Saint Gobain.

Hasta 2018 estuvo ayudando al merendero Arriba los Pibes, de Marcos Paz, su ciudad natal, una ONG que no sólo le daba de comer a unos 80 chicos sino que también les brindaba contención social. El año pasado se metió de lleno en apoyar a Los Pepitos, otro merendero más grande que asiste a un centenar de pibes.

El año pasado Braian se rompió los ligamentos de su tobillo derecho, debió ser operado y por eso se perdió los Panamericanos de Lima y el Mundial de Atletismo en Doha. Mientras se recuperaba aprovechaba el tiempo libre para enfocarse en sus proyectos solidarios.

En octubre recibió el alta y en noviembre retomó los entrenamientos en Finlandia, de la mano de Kari Ihalainen, uno de los mejores entrenadores de lanzamiento de jabalina del mundo. El horizonte era Tokio 2020, los Juegos Olímpicos en los que esperaba alcanzar el pico de su carrera.

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