Se va 2020, el año en que la pandemia del fútbol argentino no fue de coronavirus
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Se va 2020, el año en que la pandemia del fútbol argentino no fue de coronavirus

El fútbol argentino empieza a despedirse de uno de los peores años de su historia, un año en que se vio afectado por las consecuencias de la pandemia pero cuyos principales problemas nada tuvieron que ver con la misma, sino que terminó siendo una excusa perfecta para justificarlo todo.

Lucas Burgoa

Lucas Burgoa

Comenzó diciembre, el último mes del año, y el mundo empieza a despedirse de uno de los años más difíciles de la historia de la humanidad, con una pandemia que sigue causando estragos en todas las latitudes y que dejó al descubierto miserias e impericias de los encargados de tomar decisiones.

El fútbol argentino no fue ajeno a las vicisitudes de 2020 y si a todos los problemas que generó el coronavirus le sumamos el proceder de los dirigentes que supimos conseguir, el cóctel termina siendo explosivo.

Nuestro fútbol se vio afectado por las consecuencias de la pandemia, pero los principales problemas que sufrió a lo largo del año que se va nada tuvieron que ver con el coronavirus, que terminó siendo una excusa perfecta para justificarlo todo. Acá, cinco momentos emblemáticos que marcan lo que terminará siendo un año para el olvido.

La suspensión de la Copa de la Superliga

Un papelón por donde se lo mire. Apenas se jugó una fecha, incompleta, y la misma fue suspendida definitivamente debido a la pandemia. La mayoría de los campeonatos del mundo quedaron en suspenso y cuando se pudo volver a jugar se reanudó la competencia donde había quedado, pero acá se decidió cancelarla.

Sin embargo, pese a la cancelación, los partidos que se jugaron cuentan para la tabla acumulada, clave para la clasificación a las copas internacionales y que también, algún día, quizá en 2022, defina los descensos, que inexplicablemente también fueron suspendidos.

La cancelación de los descensos y una copa irrelevante

Con la excusa de los problemas económicos que causó el parate por la pandemia, para que la crisis no se profundizara aún más, la AFA suspendió los descensos por dos años, premiando a clubes que vienen haciendo las cosas mal desde hace tiempo y cuya economía ya estaba destruída mucho antes de que la palabra coronavirus copara todos los medios de comunicación.

Para el regreso a la actividad después de siete meses de inactividad, la AFA y la Liga Profesional crearon la Copa de la Liga Profesional, que sólo pone en juego una plaza a la Libertadores y otra a la Sudamericana y donde la mayoría juega por la inercia que les imprime su espíritu competitivo pero con la tranquilidad de que incluso haciendo un papelón, no pasará nada.

El gran riesgo que corren es que, conociendo a Claudio Tapia y compañía, ¿quién les garantiza a los que están haciendo todo mal que a mitad de temporada borren con el codo lo que escribieron con la mano y decreten el regreso de los descensos?

Robo a mano armada contra San Martín de Tucumán y Atlanta

Otra de las decisiones sin ninguna explicación racional tomada en la calle Viamonte fue cancelar el torneo de la Primera Nacional, perjudicando groseramente a San Martín de Tucumán y Atlanta, con la venia del TAS, quienes marchaban firmes en lo más alto de la tabla de sus respectivos grupos y se quedaron con las manos vacías.

En el regreso a la actividad, en lugar de reanudar el torneo donde había quedado, inventaron otro formato casi incomprensible para definir a los dos equipos que el año que viene ascenderán a Primera División, olvidando completamente lo que se hizo hasta que la pandemia interrumpió todo y, una vez más, premiando a los que gestionaron mal sus recursos para castigar a los que mejor hicieron las cosas.

Disputa de poder: Boca y River, unidos contra la AFA

La inconclusa Copa de la Superliga significó el fin de la Superliga y la creación de la Liga Profesional, para que la organización de los torneos regresara a la órbita de la AFA. Una modificación que solo tiene asidero en los papeles, porque en la realidad todo sigue siendo un papelón, con continuas disputas de poder para defender el interés propio y no el colectivo.

Claudio Tapia y Marcelo Tinelli, presidente de la flamante Liga Profesional, lograron algo impensado: que los presidentes de Boca y River decidieran jugar en el mismo equipo para imponer sus ideas, atentos al poderío de sus clubes y a la relevancia que tienen, sobre todo, a la hora de generar ingresos para la AFA.

Ameal y D'Onofrio se unieron para imponer sus ideas.

La postal de esta disputa de poder fue la pelea del Millonario por hacer de local en el River Camp, su predio de entrenamientos en Ezeiza, una iniciativa que contó con el aval de Claudio Tapia pero a la que Marcelo Tinelli le bajó el pulgar 24 horas antes de iniciar el torneo, en un claro pase de factura por entender que Rodolfo D’Onofrio intentaba minar su poder.

La excusa fue la de "cuidar el producto" para poder vender los derechos de TV a otros países y conquistar nuevos mercados. ¿De verdad nos quieren hacer creer que el fútbol argentino interesa más allá de nuestras fronteras?

La muerte de Diego Maradona

Fue el corolario para terminar de decretar que 2020 fue el año más nefasto de la historia del fútbol argentino. Aunque aquí la dirigencia no tuvo nada que ver, sí jugaron su papel al sumarse a la lista de chupasangres que se aprovecharon de la figura del mejor de todos los tiempos con el único objetivo de sacarle algún beneficio.

Claudio Tapia y Marcelo Tinelli fueron grandes responsables de exponer a un deteriorado Diego Maradona en el día de su cumpleaños 60 para darle inicio a la Copa de la Liga Profesional, cuando no estaba en condiciones de dirigir a Gimnasia pero igual lo sacaron de su casa para sacarse la foto y mostrarlo al mundo, que se alarmó por la triste imagen del 10, en un anticipo de su desenlace fatal.

En su última aparición pública, Maradona encendió las alarmas con su deterioro.

Para cerrarla, no se les ocurrió mejor homenaje que bautizar Copa Diego Maradona a un torneo espantoso, sin emociones, sin calidad, sin pasión. Todo lo contrario a lo que supo ser el 10.

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