Fútbol (Dios y la mano de Neymar)
Del inglés football.
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1- Juego entre dos equipos de once jugadores cada uno, cuyo objetivo es hacer entrar en la portería contraria un balón que no puede ser tocado con las manos ni con los brazos, salvo por el portero en su área de meta.
Un crack en este deporte aparece cada muerte de obispo. Y si tienen dudas pregunten o sigan las instancias de uno de los torneos más exóticos del planeta. No se trata del traqueteado fútbol argentino, aunque el máximo organizador sea un compatriota: el papa Francisco. Me refiero a la Clericus Cup.
Tampoco hace falta que muera ningún obispo, amigos. Es deporte. Es fútbol, como dicen quienes dan esa respuesta ante cualquier interrogante profundo alrededor del balompié. Pero hay en este campeonato un brasilero que la descose.
Le dicen Don Neimar y el apellido lo condena, en el mejor sentido estético de este juego que ya ha olvidado su negocio: convertirse en un espectáculo de talento, más que de gladiadores.

Sacerdotes y seminaristas dejan un rato la cruz y la oración y se encomiendan al destino del azar: ¿ganará el equipo más voluntarioso? ¿El menos pecador? Dios tira los dados y se tapa los ojos a la hora de coronar un campeón.
Don Neimar es el nombre del sacerdote brasilero que se ha convertido en la estrella del equipo del Colegio Pío Brasileiro, en Roma. Y para quienes se preguntan de qué va la Clericus Cup tengo respuesta cierta. Es ni más ni menos que el mundial de los sacerdotes.
Estamos en la edición onceava y el campeonato es organizado por el propio Vaticano.
"Jugar en la vida como el deporte", dijo el Papa. Podríamos empezar repitiéndoselo, como persona inteligente que demuestra ser día a día.
Poco pudo hacer el Neimar que traslada la palabra de Dios como si fuera un Messi inspirado, este domingo: su equipo perdió 3 a 0 contra los actuales campeones del mundo, el representativo del Mater Ecclesiae de Roma.
Pese al resultado adverso, Neimar sigue en carrera con su equipo y consiguieron meterse en los cuartos de final de este alabado torneo. La final se ha previsto para el 27 de mayo. Nada mal para este sacerdote de 34 años, hoy devenido en atleta de Dios (si El quiere, obvio).
Neimar realizó labores pastorales en la frontera entre Brasil y Paraguay y en octubre último empacó sus petates hacia Roma. Sonríe ante esta repentina celebridad: "Estoy dando entrevista hasta para las cadenas de televisión de Alemania", dice. En la intimidad sabe de la obligación de salir campeón, pues hasta ahora ningún equipo brasilero consiguió más que un tercer puesto, en 2010.
La Clericus Cup congregó a 18 equipos, entre ellos representantes de Francia, España, Estados Unidos y Ucrania. Nuestro país faltó a la cita.
Acaso Bergoglio haga de esto un asunto importante y en las próximas ediciones podamos colocar una selección argentina.
Podríamos llamarlos "los santos", apelando a esa creatividad que nos permite apodar seleccionados en todos los deportes.

Tampoco vamos a creer que la competencia es hiper profesional. Al fin y al cabo se trata de sacerdotes que despuntan el vicio de jugar al fútbol, y poco más. Los organizadores han reducido el tempo de cada partido para preservar las "condiciones físicas" de los players. "Son sacerdotes, al final de cuentas", recuerda uno de los responsables del torneio, Felice Alborghetti. Por eso los partidos duran 60 minutos.
La historia de la Clericus Cup se le debe adjudicar al polémico ex-secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, amante declarado del deporte. Incluso llegó a ser comentarista para radios de Genova.
La meta de esta actividad es "revigorizar la tradición del deporte en la comunidad cristiana". Suelen verse en las gradas, a veces, a algunos cardenales, por si fuera necesario un fallo ecuménico, a falta de árbitros probos. Y aquí me detengo: una particularidad del campeonato es que no existe la sanción de "tarjeta roja". En su lugar, el Vaticano recurre a una "tarjeta azul", que es llamado por los jugadores como la "tarjeta del pecado". La tarjeta azul se muestra al competidor que actúa de forma "inadecuada". Y la sanción es aleccionadora, a su particular modo: quien la recibe se retira hacia el banco de suplentes y no puede ingresar al campo de juego hasta que no transcurran 8 minutos.
La 11° Clericus Cup ha contado con el protagonismo de sacerdotes y seminaristas. En total estamos hablando de 372 jugadores, divididos en cuatro grupos, 18 equipos y 66 países representados (México es el país con más futbolistas, seguido por Brasil e Italia). Por primera vez participan atletas de Nicaragua, Malawi y Sudán.
"Vamos a jugar en la vida como en el deporte", es que lo ha dicho Francisco, tal vez con un ojo en la campaña de su San Lorenzo, aquí. Y en la interna peronista. Y en los piquetes. Y en el repunte de una economía que ha fustigado, pero que quizá pueda acallarlo.
Si vamos a jugar en la vida como en el deporte, el partido termina en el minuto 90. No hay que apresurarse. Son varios los que no pueden volver del pronóstico ridículo. Lo decía un general. Y saben que no soy nada afecto a los militares puestos a filósofos, estadistas o políticos. Pero la única verdad es la realidad.





