Argentina tiene la obligación, pero no debe subestimar
A pesar de que hace 23 años que la Selección no logra un título, cada vez que comienza un nuevo torneo llega como uno de los candidatos. Para los hinchas, Argentina debe ganar todo lo que tenga por delante. Si bien la sequía de títulos se sigue extendiendo, nuestro seleccionado ha sido protagonista siempre, y en el actual siglo llegó a la final de la Copa América en 2004, 2007 y 2015, sumado a la final de la Copa Confederaciones 2005 y la de la Copa del Mundo Brasil 2014.
Cinco finales en 12 años. Tres de ellas perdidas ante Brasil, una ante el anfitrión y la restante ante Alemania, casi un eterno verdugo de la Albiceleste.
La Copa América
Centenario llegó un año después de la derrota ante Chile en la
final y como una revancha temprana para Messi y compañía.
Eliminados Brasil y Uruguay en la primera ronda, las redes sociales
explotaron: “es ahora o nunca”, “si no somos campeones ahora,
que se vayan todos”, y un largo etcétera en la misma sintonía.
No hay que negarlo.
Argentina es el gran candidato. Es el segundo combinado más ganador
de la Copa, con 14; detrás de los charrúas, que ostentan 15 y por
encima de Brasil, que tiene ocho. A excepción de los dos vecinos,
nuestra Selección tiene el doble de trofeos que el resto de los
seleccionados del continente en su conjunto.
Anclándonos a la
actualidad, de más está repasar el plantel con el que cuenta
Gerardo Martino, con Lionel Messi a la cabeza.
Ahora bien, que sea
el máximo candidato no significa que Argentina deba subestimar a sus
rivales y pensar que tiene ganada la Copa América de antemano. No
sólo sería una falta de respeto, sino un gran pecado.
El equipo argentino
continúa en carrera con Selecciones cuyas vitrinas no ocupan un gran
espacio, es cierto, pero que en la última década han crecido de
manera notable y lo han demostrado año a año.
Brasil y Uruguay no
estuvieron a la altura de las circunstancias, pero enfrente tuvieron
a rivales que no les regalaron nada. En el grupo del primero la
sorpresa la dio Perú, pero el otro clasificado, aunque anoche fue eliminado, hace rato que viene
siendo protagonista: Ecuador, uno de los animadores de las
Eliminatorias rumbo a Brasil (Mundial al que clasificó directamente)
y líder junto a la Celeste de las presentes, clasificatorias a Rusia
2018.
En el grupo de
Uruguay la sorpresa la dio Venezuela, el rival de Argentina en
cuartos, con un triunfo previsible ante Jamaica y dando el batacazo
ante los charrúas, jugando un fútbol sin muchas ambiciones pero
ordenado y prolijo. México, por su parte, es potencia en la Concacaf
y ha estado presente en los últimos mundiales, aunque no logre
superar los octavos de final. Siempre es un rival complicado, sobre
todo por sus individualidades en el ataque.
El resto de los
equipos que avanzaron de ronda también han hecho sus méritos. De la
mano de Klinsmann, Estados Unidos, que anoche eliminó a Ecuador y podría ser rival de Argentina en semis, sigue subiendo escalones en el
desarrollo de un deporte que no termina de prender en su territorio
pero con un interesantísimo proyecto a mediano y largo plazo;
Colombia volvió a ser potencia gracias a Pekerman y Chile arrancó
mal pero se sobrepuso, además de ser nada menos que el campeón
defensor.
Mañana, ante
Venezuela, Argentina tendrá su primera prueba de fuego, ya que se
espera un rival que le ceda la iniciativa y se repliegue bien en el
fondo para complicar la creación de juego. Bolivia ya lo hizo en el
segundo tiempo del último partido del Grupo D, aunque el mismo ya
había sido sentenciado en la primera parte y el equipo del Tata
levantó el pie del acelerador.
De todas maneras, encontrarse con un planteo como ese en una instancia eliminatoria propone el desafío de mantener la cabeza fría para no perder la paciencia ni el orden en el campo de juego.