Angelici y un desprecio absoluto hacia la historia de Boca
El 6 de diciembre pasado, Daniel Angelici fue reelecto como presidente de Boca Juniors y su éxito en los comicios se basó en dos pilares fundamentales: Carlos Tevez, en primer lugar, y Rodolfo Arruabarrena, en segundo.
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Hasta el regreso de Carlitos y los dos títulos obtenidos por el equipo del Vasco, la gestión Angelici levantó un solo trofeo: la Copa Argentina 2012. En el medio, el Tano se encargó de echar por la puerta de atrás a Julio Falcioni a sólo seis meses de haber jugado la final de la Libertadores, manoseó la figura de Carlos Bianchi y logró que Juan Román Riquelme se retirara en la Primera B Nacional con la camiseta de Argentinos Juniors. Sin olvidar que como tesorero de Jorge Ameal fue el principal opositor de la renovación de Román en 2010, por lo que terminó renunciando.
Aún así, a fines del año pasado consiguió su objetivo más preciado: ser reelecto. El apoyo público del actual presidente de la Nación, los títulos ganados por el Vasco y el brillo de Tevez, quien volvió porque quiso, cegó a los socios de Boca y le dieron la derecha para que siga haciendo de las suyas al frente de uno de los clubes más importantes del planeta.
Fiel a su estilo, y pensando únicamente en mantener su poder, Angelici expuso a uno de los máximos ídolos de la historia de la institución. Arruabarrena se inmoló por el presidente que le dio la posibilidad de dirigir en el club de sus amores: "Si Angelici no gana las elecciones, no sigo", aseguró el DT a principios de noviembre.
Fiel a su estilo, Angelici pisoteó una vez más la historia del club y le clavó un puñal por la espalda al entrenador. El titular del Xeneize quería sacárselo de encima desde hace varios meses, pero jamás se arriesgaría a pagar el costo político dentro de la institución.
Que el ciclo de Arruabarrena en Boca ya estaba cumplido está más que claro, pero no era necesario llegar a este punto y exponerlo así ante los hinchas. Quizás hubiese sido más noble no renovarle en diciembre y permitirle salir del club por la puerta grande. Pero pedirle nobleza a este empresario es una utopía sin parangón.
En los últimos 35 años de la historia de Boca Juniors sólo tres personas lograron consagrarse campeones como DT habiéndolo hecho antes como jugadores: Silvio Marzolini con el Metropolitano 1981, Jorge Benítez con la Sudamericana 2004 y Rodolfo Arruabarrena con el torneo local y la Copa Argentina 2015.
¿Cuánto le importó al presidente este logro? Nada. Absolutamente nada.
Ahora, el principal candidato a tomar el equipo es nada menos que Guillermo Barros Schelotto. El Mellizo se muere por dirigir en Boca y los hinchas esperan su regreso desde el día en que se despidió en 2007.
¿Es el momento? Si Guillermo asume ahora tendrá la obligación de ganar la Copa Libertadores y clasificarlo a la edición 2017, como mínimo, sin la posibilidad de sumar refuerzos a su elección y con un vestuario que se prende fuego.
Y si no lo logra, que agache la cabeza y se guarde sus 16 títulos con la Azul y Oro en el bolsillo.
Jamás un presidente sintió tanto desprecio por la historia de la institución.

