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Bajemos los decibeles, no seamos estúpidos

La rivalidad con Chile ha excedido los límites del folclore, bajo argumentos que nada tienen que ver con el deporte más lindo del planeta.
Foto: publicada en www.24horas.cl
Foto: publicada en www.24horas.cl

La Selección vuelve a jugar la final de la Copa América después de ocho años y enfrente tendrá a un rival que muchos consideran clásico, pero más por cuestiones externas a lo deportivo que por lo que ha ocurrido históricamente en el campo de juego.

Hablando de fútbol, a nivel selecciones Chile no cuenta con ningún título y, en competencias oficiales, registra una sola victoria sobre Argentina en toda la historia.

Pero por motivos que exceden al fútbol, la rivalidad entre argentinos y chilenos en las últimas semanas se ha tornado agresiva, apelando a golpes bajos entre dos pueblos que vieron nacer su libertad al unísono, gracias a hombres como José de San Martín y Bernardo O'Higgins, quienes soñaban con una Latinoamérica unida.

El argumento argentino “anti Chile” es casi unánime: “Nos entregaron en la guerra de Malvinas”. Hilarante. Por donde se lo mire. Juzgar a todo el pueblo chileno por la decisión de uno de los peores asesinos de la historia de Sudamérica es, cuanto menos, una injusticia.

Y ahí estamos copando las calles y los centros comerciales de Chile, cantando con alegría que se los trague el mar.

Por otra parte, y en la misma línea, mientras un grupo de hinchas se acercó a brindar apoyo a La Roja para obtener su primer título, algunos sostenían pancartas con mensajes alusivos a la derrota en la Guerra de Malvinas. ¿Para qué? Para provocar. Por creerse más vivos. Nada más.

La vida me dio la posibilidad de visitar varios países y en muy pocos me han tratado con tanta amabilidad como en Chile. La hospitalidad del pueblo chileno es envidiable en todos los aspectos, por eso me cuesta entender tanta bronca. No la comparto. La rechazo con ahínco.

Es un partido de fútbol, ni más ni menos. Sin subestimarlo, pero sin sobredimensionarlo. Celebro el folclore, celebro las chicanas y la rivalidad bien entendida. Quiero ganarle a Chile. Que Messi la rompa y, si es posible, que termine 5 a 0 en favor de Argentina, pero debemos bajar los decibeles porque la violencia está a flor de piel y, aunque sólo sea verbal, no nos lleva a ningún lado. Jamás lo hizo.

Jamás lo hará.