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Selecciones juveniles: incapacidad, papelones y tristezas

Argentina viene de protagonizar una verdadera pesadilla en el Mundial Sub'17 en Chile, reflejo de la falta de trabajo y de gente idónea a cargo.

No pude disfrutar de aquel equipo formado por Cesar Luis Menotti en 1979, con Maradona a la cabeza y consiguiendo en Japón el primer campeonato mundial juvenil Sub'20 para la Argentina. Pero sí, pude crecer junto al sacrificio de Néstor Pékerman y disfrutar de un trabajo arduo y en silencio de un cuerpo técnico que supo qué buscaba, que encontró en los "pibes" un amor incondicional al trabajo y un feedback con sus dirigidos nunca antes visto. 

Gozamos de jugadores como Leo Biagini o Juan Pablo Sorín en equel equipo campeón en Qatar 1995; o de Esteban Cambiasso, Pablo Aimar o Juan Román Riquelme en el también plantel campeón en Malasia 1997.

El equipo nacional en Qatar 1995.

Argentina demostraba su semillero y no solo por los resultados deportivos que igualmente lo reflejaban, sino, también, por un proceso a largo plazo, de recorrer provincias y pueblos en busca de talentos. En definitiva, trabajo. 

Para 2001, Argentina siguió demostrando porqué, y hasta ahora se mantiene, es el máximo ganador de la Copa Mundial de la FIFA Sub'20. Con Javier Saviola como bandera y jugadores como Andrés D'Alessandro o Maxi Rodríguez, la Albiceleste conseguía su cuarto título del mundo en condición de local. Siempre con Pékerman, siempre trabajando.

El 2005 encontró una selección con un ignoto Lionel Messi a la cabeza y con un entrenador del riñón de Néstor: el sucesor era Francisco Ferraro. Era el quinto título en tierras holandesas.

Messi y compañía, campeones en 2005.

Dos años más tarde llegaría el sexto y último campeonato, en Canadá, con el Kun Agüero como su gran figura y con otro adiestrador aliado del gran Pékerman: Hugo Tocalli.

Pasaron los años y, estos tipos, ya no son parte de las filas de AFA. Buscaron otro camino. Y con sus alejamientos, Argentina encontró su desolación, su falta de rumbo, su anemia futbolística. 

Para la próxima Copa del Mundo Sub'20 se cumplirá una década del último logro. Pero, lo que me motiva a escribir estas líneas tiene que ver con lo que está pasando en Chile con el seleccionado Sub'17. Un papelón poco antes visto, de la mano de Miguel Lemme. Eliminado en primera ronda y con derrotas categóricas ante México (0-2) y Alemania (0-4).

Cuando arrancaba el torneo (Argentina nunca fue campeón del mundo Sub'17), en twitter escribí: "Qué lindo es ver a la Selección en cualquiera de sus formas". Porque realmente lo siento así, un profundo sentimiento con los colores en el deporte que amo y porque me acostumbré a ser un espectador de grandes equipos, reflejo de incansable laburo. Todo esto último quedó en nada, solo sigue firme el sentir incondicional. 

Una imagen desagradable le estamos mostrando al fútbol y, sobre todo, a los más chicos. Aunque, no por no ser campeones o jugar bonito, sino por demostrar que no se trabaja, que no aprendimos nada de aquellos hombres que dejaron su vida por ver crecer a futbolistas que después brillarían en el mundo entero. Da mucha pena. Da tristeza. Así estamos y, tal vez, sea el reflejo de gestiones que en los últimos tiempos dejaron mucho que desear. Posiblemente pronto, con una nueva dirigencia, pueda llegar el trabajo de especialistas para que no volvamos a sufrir de incapacidad, papelones y tristezas.