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Ortega, el fracaso de un crack que nunca quiso ser Azul

El Burrito no colmó las expectativas de Independiente. Es uno de los grandes responsables de que hoy la Lepra esté lejos de su objetivo, el ascenso a la máxima categoría.
Ariel Ortega, lejos de ser un gran jugador. Foto: Télam
Ariel Ortega, lejos de ser un gran jugador. Foto: Télam

Ariel Arnaldo Ortega  llegó a Independiente Rivadavia como la más resonante incorporación de un equipo en la B Nacional, y no era para menos. El ex jugador de la selección argentina venía de ser campeón con River y el conjunto mendocino lo recibió con los brazos abiertos.

Su problema relacionado con el alcoholismo pareció haber quedado en el olvido luego de que se hablara de que en Chile recibiría un tratamiento adecuado para darle remedio a su conflicto. Ortega nunca fue al país trasandino ni de visita y según aseguran algunos, el apoyo de los médicos lo estaría recibiendo en Mendoza, aunque este no es el tema en cuestión.

No hay dudas de que Ortega fue uno de los más talentosos jugadores que dio el fútbol argentino, o tal vez lo siga siendo, aunque no por estos tiempos y en Independiente. El 10 demostró explícitamente que no quiere jugar en el Azul, y está bien que no lo haga si de él no se desprende la motivación. El ex River se tendría que sincerar y pedirle a los dirigentes o en este caso a la dupla técnica que no está dispuesto a calzarse la casaca Leprosa. No es positivo que juegue sólo por llamarse “Ortega”.

Ortega es, hoy por hoy, un jugador menos para un equipo que pretendía conseguir el ascenso y que hoy pugna por mantener la categoría. El gran responsable de la mediocre campaña de un plantel que se preparó para ser protagonista bien arriba.

¿Hasta cuándo el cuerpo técnico, sea cual sea, le dará chances de vestir la 10 de una institución gloriosa de la provincia a un jugador que la luce entre la frialdad y la desidia? Ortega ya fue expulsado tres veces en la temporada. La primera conducta imprudente fue por la 15ª fecha en Córdoba ante Talleres. Luego llegaron dos expulsiones prácticamente seguidas ante Chacarita y Quilmes, por la 27ª y 30ª fecha respectivamente, siendo esta última una clara evidencia de la falta de compromiso del jujeño.

En conclusión, el paso de Ortega por Mendoza quedará simplemente en el olvido en poco tiempo, no por las cualidades técnicas que un crack pudo haber demostrado en Mendoza, sino por una actitud negligente de un jugador que hubiese podido causar furor en nuestra tierra.