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Los números rojos del ciclismo
¿Cuánto gana un ciclista?, ¿es rentable la actividad?, ¿existen equipos profesionales que paguen los servicios de un corredor? Estos interrogantes son develados en esta nota que ayuda a conocer la realidad del ciclismo en la provincia de Mendoza.
Que el ciclismo es un deporte popular no deja duda alguna. Carreras importantes en el país, el continente y en otras partes del mundo así lo
confirman.
confirman.
Sospechado, manchado de manera constante por el fantasma del doping, el deporte pedal se las arregla de alguna u otra manera para mantener con vida la llama de quienes lo practican.
Pero, ¿es el ciclismo un deporte caro o barato?. Según con el prisma que se lo mire. Esa es la respuesta de muchos a la hora de analizar la situación.
Vamos por partes.
Veamos la realidad de los federados. Esos corredores que compiten semana tras semana ya sea en pista o en la carretera.
¿Cuántas horas le dedican a practicar la disciplina?; ¿Cuánto vale una bicicleta para tratar de estar siempre en la vanguardia del pelotón?;
¿Cuánto dinero le deja una carrera? y ¿es rentable?
El primer interrogante se divide en dos. Están los ciclistas que entrenan en equipo y están los que lo hacen de manera individual. Desafortunadamente en el medio nacional y obviamente en el provincial quedan muy pocos equipos que puedan retener una plantilla de ciclistas a los cuales se les pague para la alta competencia.
Las escuadras que hoy por hoy compiten en Mendoza son únicamente las de las municipalidades (Maipú, Guaymallén y Lavalle). Ellas contratan a los ciclistas y les asignan algunos planes trabajar (aunque esto no es oficializado) y a los de mayor nivel se les ofrecen entre dos y tres sueldos de aquellos planes para que se dediquen solamente a entrenar.
El equipo (en este caso el municipio) les provee un auxilio para trasladar todo el material que el ciclista requiere durante la carrera, y además les facilita un gimnasio para que puedan trabajar la parte física y adquieran mayor capacidad aeróbica y anaeróbica.
También les pone a disposición un cuerpo médico para que chequee de manera permanente el estado de salud de sus corredores.
Otras de estas escuadras le dan la posibilidad de un trabajo en el municipio con escasa cantidad de horas para que el ciclista tenga el tiempo necesario de entrenamiento.
En cambio los que practican este deporte de manera solitaria deben juntar la plata para comprarse los tubos, para pagar la nafta del auxilio del domingo e incluso para las frutas que ingieren durante la competencia. De vitaminas y de buenas pilchas ni hablar. Menos de la posibilidad de realizarse un chequeo médico.
En cuanto al valor de una bicicleta los números son muy variados.
El piso es de 1.200 pesos y el techo va hasta los 5.000 dólares. Esa es la gran diferencia que se observa y los memoriosos afirman que la brecha entre los que poseen una y otra máquina se agigantó en los últimos tiempos.
Los premios de las competencias no son de importancia. Una carrera dominical le entrega al vencedor la “generosa” suma de 200 pesos (ese es más o menos el promedio) la cual es repartida, al menos, entre cuatro ciclistas.
Es decir que con suerte se adjudica 50 pesos luego de haber sorteado más de dos horas de una extensa y exigente competencia.
La suma baja considerablemente cuando se ocupa el segundo o tercer puesto y ni hablar de ahí para atrás.
Usted seguramente se preguntará ¿cómo se las arreglan los ciclistas que no tienen el apoyo de una camiseta?
Generalmente de la buena voluntad de algún comerciante. Es aquí donde aparecen en escena “los mecenas” que cuentan con un mercadito, una verdulería, una farmacia, panadería o lo que fuera para ayudar a “su muchacho” a cambio de un parche en la casaca que recorre kilómetros y kilómetros a lo largo de una temporada. Esos pesitos son vitales para la existencia de los que viajan en la cola del pelotón multicolor.
Pero no nos apartemos del último interrogante arriba mencionado. El Ciclismo, ¿dejó de ser rentable?
Quedan muy pocos clubes. Hay una escasez enorme de dirigentes, por ende no abundan recursos.
Los caminos y las rutas por donde se realizan las competencias están cada vez están más deteriorados y de acuerdo con esto, vemos que transitar por ellos implica romper el material con el que se cuenta y eso es sumamente grave para un pedalero con delgada billetera.
Todo es una cadena y no de bicicleta precisamente. Los más alarmistas mencionan que el ciclismo es un dinosaurio, y que por ello el deporte está en extinción.
Los más optimistas siguen sosteniendo la idea que el algún momento los empresarios particulares volverán a apostar como en los viejos buenos tiempos, en donde la bonanza sobresalía para este deporte tan noble que pasea su estampa por todos los rincones de la provincia, la república, del continente y el resto del mundo.
¿Cuántas horas le dedican a practicar la disciplina?; ¿Cuánto vale una bicicleta para tratar de estar siempre en la vanguardia del pelotón?;
¿Cuánto dinero le deja una carrera? y ¿es rentable?
El primer interrogante se divide en dos. Están los ciclistas que entrenan en equipo y están los que lo hacen de manera individual. Desafortunadamente en el medio nacional y obviamente en el provincial quedan muy pocos equipos que puedan retener una plantilla de ciclistas a los cuales se les pague para la alta competencia.
Las escuadras que hoy por hoy compiten en Mendoza son únicamente las de las municipalidades (Maipú, Guaymallén y Lavalle). Ellas contratan a los ciclistas y les asignan algunos planes trabajar (aunque esto no es oficializado) y a los de mayor nivel se les ofrecen entre dos y tres sueldos de aquellos planes para que se dediquen solamente a entrenar.
El equipo (en este caso el municipio) les provee un auxilio para trasladar todo el material que el ciclista requiere durante la carrera, y además les facilita un gimnasio para que puedan trabajar la parte física y adquieran mayor capacidad aeróbica y anaeróbica.
También les pone a disposición un cuerpo médico para que chequee de manera permanente el estado de salud de sus corredores.
Otras de estas escuadras le dan la posibilidad de un trabajo en el municipio con escasa cantidad de horas para que el ciclista tenga el tiempo necesario de entrenamiento.
En cambio los que practican este deporte de manera solitaria deben juntar la plata para comprarse los tubos, para pagar la nafta del auxilio del domingo e incluso para las frutas que ingieren durante la competencia. De vitaminas y de buenas pilchas ni hablar. Menos de la posibilidad de realizarse un chequeo médico.
En cuanto al valor de una bicicleta los números son muy variados.
El piso es de 1.200 pesos y el techo va hasta los 5.000 dólares. Esa es la gran diferencia que se observa y los memoriosos afirman que la brecha entre los que poseen una y otra máquina se agigantó en los últimos tiempos.
Los premios de las competencias no son de importancia. Una carrera dominical le entrega al vencedor la “generosa” suma de 200 pesos (ese es más o menos el promedio) la cual es repartida, al menos, entre cuatro ciclistas.
Es decir que con suerte se adjudica 50 pesos luego de haber sorteado más de dos horas de una extensa y exigente competencia.
La suma baja considerablemente cuando se ocupa el segundo o tercer puesto y ni hablar de ahí para atrás.
Usted seguramente se preguntará ¿cómo se las arreglan los ciclistas que no tienen el apoyo de una camiseta?
Generalmente de la buena voluntad de algún comerciante. Es aquí donde aparecen en escena “los mecenas” que cuentan con un mercadito, una verdulería, una farmacia, panadería o lo que fuera para ayudar a “su muchacho” a cambio de un parche en la casaca que recorre kilómetros y kilómetros a lo largo de una temporada. Esos pesitos son vitales para la existencia de los que viajan en la cola del pelotón multicolor.
Pero no nos apartemos del último interrogante arriba mencionado. El Ciclismo, ¿dejó de ser rentable?
Quedan muy pocos clubes. Hay una escasez enorme de dirigentes, por ende no abundan recursos.
Los caminos y las rutas por donde se realizan las competencias están cada vez están más deteriorados y de acuerdo con esto, vemos que transitar por ellos implica romper el material con el que se cuenta y eso es sumamente grave para un pedalero con delgada billetera.
Todo es una cadena y no de bicicleta precisamente. Los más alarmistas mencionan que el ciclismo es un dinosaurio, y que por ello el deporte está en extinción.
Los más optimistas siguen sosteniendo la idea que el algún momento los empresarios particulares volverán a apostar como en los viejos buenos tiempos, en donde la bonanza sobresalía para este deporte tan noble que pasea su estampa por todos los rincones de la provincia, la república, del continente y el resto del mundo.