Crónica de los avatares de un viaje a Mendoza en 1844

El viaje de un cuñado de Rosas, médico, exhibe en esta crónica los avatares que sufrió para llegar en viaje oficial a Cuyo, los naturales de la época y los otros. Un imperdible artículo de Roberto L. Elissalde publicado por La Gaceta Mercantil.

Roberto L. Elissalde

Imagen ilustrativa

En marzo de 1845, La Gaceta Mercantil dio a conocer los documentos referidos a la muerte de José Félix Aldao. gobernador de Mendoza. Los días finales del sujeto han sido relatados con mucha prolijidad por el doctor Manuel Rivera, cuñado del gobernador Juan Manuel de Rosas, que fue enviado para atender al enfermo, aunque poco pudo hacer ya que el mal era irreversible. Resulta interesante la lectura del prolijo diario, pero en este caso sólo veremos los avatares de quien emprendía un viaje en aquellos tiempos.

El 9 de julio de 1844, según informa La Gaceta, a las 7 de la mañana salió de Buenos Aires y poco antes de las 9 llegó al campamento de los Santos Lugares de Rosas, donde asistió a la misa en celebración del día de la Independencia, para la que había formado todo el Ejército. A la una y media retomó la marcha escoltado por 25 hombres y un jefe.

A las 9 de la noche llegó a la Villa de Luján y ya empiezan los problemas: “En esta posta a pesar de haber mandado un chasque adelante, se han portado muy mal con los caballos, decían que el maestro de posta andaba por Areco y que la maestra de posta estaba enferma”. Sólo habían recorrido 16 leguas. Al día siguiente recibieron tarde los caballos pero, por las dudas, mandó un chasque con una circular adelante para la posta, "previniendo el número de caballos, que debían tener prontos y haciendo responsables a los maestros de posta, ante el Superior Gobierno por cualquier demora”. Ese día no hubo otro inconveniente y así llegó a la posta de Lima, después de recorrer 32 leguas.

Bien sabido es, por los comentarios de viajeros, que las pulgas, chinches y alimañas impedían descansar dentro de las postas a los viajeros. Rivera, precavido, apuntó: “Yo no duermo sino en la galera, que es mi casa y mi cama”. Antes de salir le escribió al juez de paz de Arrecifes para que lo auxiliara con un “palo de lanza de precaución, pero no pudo proporcionármelo, y me auxilió con una pala de puntear y un hacha, útiles indispensables en esta clase de viajes”. Luego, a un soldado se le disparó el caballo ensillado, el que fue boleado y devuelto. Con precisión cronométrica apunta que a las 5.12 de la tarde rodó el teniente coronel Andrade, que había viajado como chasque enviado por el general Aldao. Como no se lo podía levantar debió volver unas cinco cuadras con la galera y “montarlo en ella” por no poder cabalgar. A las 10 y media de la noche llegaron a la posta del arroyo Pavón, primera de la provincia de Santa Fe, donde “no tenían prontos los caballos, aunque habían recibido la circular al mediodía". El alcalde "no había reunido los caballos de auxilio, según decía el maestro de posta. El alcalde está a dos cuadras de distancia, lo mandé llamar y contestaron que no estaba, que había ido a buscar los caballos, y los trajo en efecto a medianoche”.

El 12 de julio prosiguieron la marcha y en la galera viajaba ahora Andrade, que tenía una “fuerte contusión de la nalga izquierda y rabadilla" que se cura "con fomentos de aguardiente, esto es cuando paramos”. Tuvieron noticias de que en la posta de Desmochados, el lunes 8, habían entrado unos 50 indios que habían robado la caballada y las yeguas y caballos de don Javier Correa". Así, con descubridores adelante y a los costados, y escolta atrás y adelante la galera siguió su camino, con las armas listas. Cuando llegaron a las dos y media de la tarde, en Desmochados "sólo quedaba un caballo en el cual un paisano había salido a torear a los indios, que además saquearon una tropa cordobesa que iba a San Nicolás y asesinaron a dos mozos". A las 12 y cuarto de la noche, después de recorrer 34 leguas, llegaron a la posta de la Esquina. Al día siguiente hicieron 31 leguas después de pasar por Cabeza del Tigre, el Saladillo de Ruiz Díaz y la posta de Fraile Muerto donde pernoctaron. En esta posta se enteraron de un hecho ocurrido en Mendoza donde “una familia compuesta de algunas personas y una criada en días de parir fueron encontradas degolladas, y hasta un caballo atado a la soga, tanto que en la casa no quedó ningún viviente. La familia vivía en el campo”. Se atribuía a una venganza particular, lo que confirmó Rivera en Mendoza, sin que jamás se descubrieran a los criminales. Ese día recorrieron 22 leguas.

El 15 volvieron a emprender la marcha, pero el maestro de posta les informó que “el Juez de Paz don Santiago Ferreyra le ha contestado que él no sabía que tenía obligación de auxiliar a la posta, y no le mandó ni un caballo, ni la res que se le pidió el día anterior, para que comiese la gente”. Ese día hubo tres rodadas, en la posta de Chucuy no encontraron un caballo y debieron seguir con los mismos, llegando a las 11 y media de la noche a Rio IV, después de andar 26 leguas. Terminá de leer este artículo haciendo clic aquí.

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