Diego Maradona y el último engaño: la verdad sobre su atención médica
La muerte de Diego Maradona no solo dejó un vacío en el fútbol y en el corazón de millones de argentinos, sino que también expuso una dura realidad de nuestro sistema de salud: el abandono, la desidia médica y la falta de respeto por los derechos del paciente.
Maradona murió solo, rodeado de un equipo médico que, según la Justicia, no solo no lo cuidó adecuadamente, sino que lo dejó librado a su suerte. Mientras su estado se deterioraba, los médicos a cargo no tomaron las decisiones necesarias para garantizar su bienestar y hoy enfrentan un proceso judicial por homicidio con dolo eventual.
Más allá del caso judicial, su muerte abre un debate profundo: ¿hasta dónde llega la medicina en su intento de prolongar la vida? ¿En qué momento un tratamiento deja de ser una ayuda para convertirse en una condena?
El derecho a la salud no es solo el derecho a recibir tratamiento, sino también el derecho a decidir cuándo un tratamiento deja de ser un beneficio y se transforma en una tortura.
Cuando la medicina se convierte en ensañamiento terapéutico
El ensañamiento terapéutico ocurre cuando se aplican tratamientos desproporcionados a pacientes en estado terminal, sin posibilidad de recuperación, prolongando artificialmente la vida sin mejorar su calidad. Esto no es curar, es forzar la supervivencia a cualquier costo, sin importar el dolor del paciente ni la angustia de sus familiares.
En Argentina, la Ley de Derechos del Paciente (Ley 26.529, modificada por la Ley 26.742) establece que toda persona tiene derecho a aceptar o rechazar tratamientos médicos que prolonguen artificialmente su vida. Los pacientes pueden manifestar su voluntad de manera verbal o escrita, y en caso de que no puedan expresarse, sus familiares directos pueden tomar la decisión en su lugar.
Asimismo, la ley permite la elaboración de directivas anticipadas, un documento mediante el cual cualquier persona capaz puede dejar constancia de su voluntad respecto a tratamientos médicos futuros en caso de perder la capacidad de decidir.
Sin embargo, en la práctica, muchas veces las decisiones quedan en manos de algunos médicos que priorizan la prolongación de la vida a cualquier precio, aun cuando el paciente sufre innecesariamente y ha manifestado su voluntad de no recibir ciertos tratamientos.
En algunos hospitales de todo el país, cientos de pacientes terminales son sometidos a respiradores, cirugías innecesarias y tratamientos invasivos que no los curan, sino que los mantienen vivos de manera artificial, sin dignidad y sin respeto por su voluntad.
Cuando el negocio está por encima de la dignidad
El ensañamiento terapéutico también tiene un componente económico. En muchos casos, los tratamientos agresivos y prolongados representan grandes ganancias para el sistema de salud. Las internaciones en terapia intensiva, el uso de respiradores, las cirugías y medicamentos innecesarios son un negocio multimillonario para muchas clínicas y hospitales.
Pero la realidad es aún más grave: existe un sistema perverso en el que algunas instituciones sanitarias extienden artificialmente los tratamientos para facturar más a las obras sociales y prepagas. No importa si el paciente no tiene posibilidades de recuperación, lo que importa es que la cuenta siga creciendo.
Algunas clínicas y hospitales se benefician económicamente de la agonía de los pacientes. Mientras más días permanezcan en terapia intensiva, mayor será el ingreso. Cada respirador, cada procedimiento invasivo, cada medicamento innecesario se convierte en una fuente de ingresos para el sistema de salud, a costa del sufrimiento del paciente y su familia.
Maradona y el espejo de un sistema que no respeta a los pacientes
El caso de Diego Maradona debería servir como una advertencia para todos. Si la persona más famosa del país pudo terminar sus últimos días en una situación de abandono médico, ¿qué queda para el ciudadano común que no tiene cámaras, abogados ni jueces observando su caso?
Maradona no tuvo una muerte digna. Fue dejado en condiciones indignas, sin la atención adecuada y sin el respeto que cualquier paciente merece. Y eso mismo ocurre, todos los días, con cientos de argentinos en hospitales y clínicas. Pacientes que quieren evitar sufrimientos innecesarios, pero que son sometidos a tratamientos que no pidieron y que solo les prolongan la agonía.
El derecho a una muerte digna no puede ser un privilegio
El derecho a la salud es también el derecho a morir con dignidad. No se trata de acelerar la muerte, sino de evitar la prolongación innecesaria del sufrimiento.
Es momento de que el sistema de salud deje de tratar la muerte como un fracaso y empiece a respetarla como una parte inevitable de la vida. No podemos seguir permitiendo que el miedo, la burocracia y los intereses económicos estén por encima de la dignidad de los pacientes y sus familias.
Si el caso de Diego Maradona nos deja una lección, es que nadie está exento de la desidia médica. Y si eso le ocurrió a un ídolo mundial, imaginen lo que puede estar ocurriendo con aquellos que no tienen recursos ni visibilidad para defender sus derechos.
Como consumidores de salud, tenemos el derecho de exigir una atención médica que respete nuestra voluntad, nuestro bienestar y nuestra dignidad, hasta el último momento.