Contra los pronósticos más escépticos, dentro y fuera de Olivos, Amado Boudou avanza a paso acelerado para anunciar el canje de deuda con los holdouts. “Si no logro concretar el canje antes de fines de marzo, soy boleta”, confesó un mes atrás el ministro, ante sus colaboradores, cuando atravesaba los episodios más dramáticos de la novela veraniega del Fondo del Bicentenario. Entonces, Néstor alentaba las versiones que lo daban por renunciado, los bonos se deslizaban en el tobogán, las tasas superaban el 15% y la chance de regresar al mercado de capitales parecía una ilusión.
Por estas horas el ánimo que reina en el Ministerio de Economía es otro. El jueves la Secretaría de Finanzas cumplió con el último trámite de inscripción ante la SEC –el organismo regulador del mercado de títulos y acciones norteamericano–, requisito ineludible para la reapertura del canje. Desde la Comisión de Valores de Estados Unidos enviaron, extraoficialmente, un guiño al Palacio de Hacienda: la luz verde para la operación llegaría en los próximos días.
El riesgo país –la sobretasa de interés que paga el Gobierno argentino en relación con los títulos que emite el Tesoro norteamericano– descendió a menos de 700 puntos (o siete puntos porcentuales extra), nivel previo al 7 de enero, cuando estalló la crisis con Redrado por el uso de las reservas. La posibilidad de que el Gobierno vuelva a emitir deuda a tasas inferiores al 10% –la zanahoria con que Boudou tentó a Kirchner– no luce tan lejana. En el actual escenario internacional de dinero barato es una meta modesta: recientemente, Brasil y Uruguay obtuvieron crédito a 10 años al 6% anual; y Grecia –casi quebrada– embolsó 5.000 millones de euros al 6,5% a un plazo similar.
Ayer el Boden 2015 rendía poco más de 11 por ciento. En medio de la pelea por los DNU y antes de que la Presidenta declarara ante la Asamblea Legislativa que estaba dispuesta a desconocer a la Justicia con tal de pagar la deuda, la tasa rondaba el 15 por ciento.
Vale recordar que a mediados de 2008 el Gobierno consiguió financiamiento por u$s 1.000 millones de Venezuela, colocando Boden 15 a una tasa implícita del 15 por ciento, precio similar a las tasas voladoras que se comprometió a pagar Cavallo en 2001, antes del default. Es bueno saber que dos años después Cristina considera que ésas son “tasas usurarias”, como denunció ayer.
No es cierto que la deuda todavía en default con los holdouts –los bonistas que no aceptaron el canje de 2005 y conservan papeles por alrededor de u$s 20.000 millones– sea la causa principal por la que el Estado argentino no accede a los mercados de capitales. En 2005, tras el canje de Kirchner-Lavagna, el riesgo país bajó a 407 puntos. En 2006, se ubicó en promedio en 343 puntos. Y en 2007 fue de 423 puntos. Recién en 2008 volvió a dispararse arriba de los 1.000 puntos.
¿Qué ocurrió desde entonces? Una tormenta perfecta de desaciertos oficiales: la manipulación de las estadísticas del INDEC, la negación del rebrote inflacionario, la insólita torpeza con que se manejó el conflicto por las retenciones móviles, la emisión de bonos a “tasas usurarias” con Venezuela cuando no existía urgencia fiscal que lo justificara, etc., etc. Todos elementos que, en un contexto de crisis financiera internacional, dispararon una fuga de capitales de casi u$s 40.000 millones desde mediados de 2007.
Casi la totalidad de los dólares que ingresaron por la ventanilla del superávit comercial (exportaciones menos importaciones) huyeron por la ventanilla financiera a cuentas en el exterior, cajas de seguridad y/o el colchón. Con la soja a precios sostenidos y un tipo de cambio real alto, hay un cambio estructural en la economía: a diferencia de décadas pasadas, no escasean los dólares. El tema es cómo lograr que se reinviertan en el país, apuntalando el crecimiento.
Pero volvamos a la estrategia de Boudou. El ministro planea lanzar el canje apenas reciba el “okay” de la SEC y las comisiones de valores europeas. Espera que en sí misma la operación desinfle aún más el riesgo país. Recién entonces ofrecería un título por u$s 1.000 millones en el mercado, con el objetivo de marcar una tasa de interés inferior al 10 por ciento.
El Gobierno está autorizado por el Congreso a emitir este año hasta u$s 15.000 millones, el monto máximo de papeles que inscribió ante la SEC. Pero, dependiendo de la quita, a lo sumo debería entregar nuevos bonos por alrededor de u$s 9.000 millones a cambio de los pagaré en default.
Desde la macro, la apuesta es que el canje sea una señal de confianza a los inversores financieros, locales y extranjeros, que contribuya a revertir la salida de capitales de los últimos años. Si una porción del superávit comercial estimado para este año (unos u$s 16.000 millones) se volcara al consumo, a inversión productiva y/o “ladrillos”, el despegue estaría garantizado.
Pero el mayor desafío de Boudou será demostrarle a Kirchner que es capaz, una vez más, de eludir la restricción presupuestaria. Lo logró a fines de 2008, con la estatización de las AFJP, que engordaron las cuentas públicas en el año de la recesión y el derrumbe de la recaudación. Y volvió a hacerlo a fines de 2009, cuando consiguió cerrar el Presupuesto gracias a adelantos transitorios del BCRA, préstamos de ANSES y el Banco Nación, y hasta el aporte involuntario del FMI.
Este año la frazada fiscal quedó demasiado corta. Como ya se explicó en esta columna, aún si el Gobierno lograra destrabar el Fondo del Desendeudamiento (u$s 4.382 millones de las reservas destinados a cancelar vencimientos con acreedores privados), no le alcanzaría para cubrir el agujero del Presupuesto 2010, que podría llegar a 90 mil millones de pesos.
Para colmo, algunos gobernadores y la oposición en el Congreso empezaron a disputarle la caja a la Casa Rosada, con el proyecto de coparticipación del impuesto al cheque y el reclamo liderado por Santa Fe ante la Corte Suprema por la devolución del 15% del impuesto a las Ganancias que va a la ANSES.
Si la administración K consiguiera 4 o 5 mil millones de dólares en el mercado de capitales, escaparía otra vez a la restricción presupuestaria, sin tomar decisiones con costo político, como recortar subsidios, obras públicas y/o pisar transferencias a provincias, justo cuando la carrera de 2011 está a punto de largar.
Volare. El último informe de Balance de Pagos del INDEC confirma que, como anticipó este diario, en 2009 las empresas multinacionales radicadas en el país se llevaron los dólares en containers. El año pasado fue récord de remesas de “utilidades y dividendos” a sus países de origen: u$s 6.882 millones, 13% más que en 2008, y 31% más respecto de 2007, cuando gobernaba Néstor Kirchner y la economía crecía a tasas chinas. ¿Por qué durante 2009, un año recesivo, las multis giraron al exterior semejante flujo de ganancias? Es evidente que las empresas extranjeras han cosechado jugosos frutos del “modelo productivo de matriz diversificada”.
¿Honestidad? La SEC colgó el jueves en su página oficial el último documento presentado por el Gobierno, solicitando la aprobación para la emisión de bonos por u$s 15.000 millones. El informe de la Secretaria de Finanzas incluye un capítulo titulado “Risk Factors” (“Factores de riesgo”), en el que enumera todos los peligros a los que están expuestos los inversores que compren títulos argentinos. Es un requisito legal que protege al Estado de futuros juicios, por si las cosas salen mal para el acreedor.
“La Argentina ha experimentado inestabilidad política, social y económica en el pasado y puede volver a sufrirla en el futuro”, indica la presentación.
Y menciona algunos de los factores que pueden causar esa “inestabilidad”: altos niveles de inflación, controles cambiarios, controles de salarios y precios, etc. También alerta que la Argentina es vulnerable a los shock externos como la caída en el precio de las commodities.
Luego reconoce que “la inflación continúa siendo un desafío en la Argentina”. Y explica que “altos niveles de inflación pueden provocar efectos adversos en la Argentina e incrementarían los servicios de la deuda”.
Son advertencias que es preciso incluir para evitar reclamos legales si las cosas no salen tan bien en los próximos cinco o diez años, con o sin Néstor.
Sin embargo, la honestidad brutal termina cuando debe explicar las andanzas de Moreno. Respecto del INDEC, se dice que “en enero de 2007, el Instituto Nacional de Estadística y Censos experimentó un proceso de reforma institucional. Los analistas privados objetan los números de inflación (y otros datos económicos afectados por la inflación, como las estimaciones de pobreza y del PBI). Pero el Gobierno utiliza y confía en las estadísticas del INDEC, incluyendo los datos de inflación”, aclara.
Fuente: Maximiliano Montenegro en Diario Crítica de la Argentina