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La Ley de Obesidad Mórbida ha seguido una suerte un tanto singular en Mendoza, provincia que hizo punta al respecto, a fines del año 2007. Concretamente, la letra resolvió una cuestión fundamental para justicia de los gordos mendocinos: garantizar el tratamiento gratuito y la rehabilitación de los pacientes, a través del sistema público de atención de la salud y con la consecuente obligación de las obras sociales de no escaparle al bulto.
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Al respecto, la letra aprobada dispuso que equipos interdisciplinarios de profesionales debían dedicarse expresamente a detectar, tratar, rehabilitar y seguir tratamiento de obesos mórbidos. La iniciativa aprobada incluía también la creación de un programa provincial de asistencia a los gordos.
En esa ocasión, junto a otras tres provincias, fuimos proa e incluso la ley nacional surgió luego, siguiendo los pasos del trabajo que se hizo en ésta y otras pocas zonas del país y tras la formación de una cadena en todo el país para seguir el ejemplo. El gran talento exhibido en estas letras era uno: considerar a la obesidad mórbida como una enfermedad, lo cual también obligaba a las obras sociales a que no se hicieran las zonzas con sus afiliados.
Sin embargo, la verdad es que de poco sirvió en los efectos prácticos, porque la reglamentación –flamante– está dejando mucho que desear.
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Escuchemos a Daniel Vilches -foto-, legislador radical y uno de los “padres” de ley mendocina: “La ley está recién reglamentada y está empezando a funcionar y bastante mal, por cierto. Ahora, tendremos que ir a la carga para controlar esto”.
Entre otras cosas, Vilches hace referencia al hecho de que el único hospital de referencia para asumir el tratamiento en la ley original es el Scarabelli, de Tunuyán. Con la dificultad que tienen todos estos pacientes para trasladarse –por cuestiones físicas y económicas– vale que nos preguntemos qué puede hacer un gordo de Malargüe, Santa Rosa o Las Heras, cuando quiere ser atendido.
“En su momento, para que saliera la ley hubo que negociar que sólo se designara un hospital de referencia. Esto, sin dudas, trae graves inconvenientes porque todos los gordos tienen que ir a Tunuyán y se genera una cadena de gente no atendida. No es lo que pensábamos cuando redactamos la ley”, confiesa el diputado Vilches.
A los efectos de salvar esta deficiencia operativa, el legislador ha elaborado un proyecto, que ya tiene media sanción, modificando la ley original la 7798. La intención determina que además del tunuyanino, se abran otros centros de referencia: el hospital Perrupato para la Zona Este, el Lagomaggiore o el Central para el Gran Mendoza y el Shestakow para la Zona Sur.
“El proyecto ya fue aprobado en Diputados y ahora está en el Senado”, ilustra. Veremos cuál será su suerte.
La Ley de Talles no se consigue
Otra ley fundamental para los gorditos mendocinos es la de talles, que, como se sabe, dispone que los negocios de ropa estén obligados a vender ropa en todos los talles existentes.
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Hace unos años, la entonces diputada Graciela Herranz elaboró una Ley de Talles que pasó a duras penas la aprobación de Diputados y que finalmente quedó durmiendo en algún escritorio perdido del Senado.
Dice Vilches: “En mayo asumo como senador y uno de mis objetivos es rescatar ese proyecto y trabajarlo. Y hay que trabajar también en el debido cumplimiento de la ley. Debe quedar en claro que aquí OSEP y los efectores públicos están obligados a atender a los gordos. La verdad es que el Gobierno de Mendoza ha destinado muy poco dinero y tendría que haber más centros de referencia”.
Por último, tras consulta con conocedores del tema, una aclaración para todos: tener un buen programa de obesidad no necesariamente significa llegar a la ansiada operación del bypass gástrico, puesto que tal decisión debe ser determinada por los médicos, en conjunto con sus pacientes.
¿Por qué? Sencillamente porque hay gente que no está psicológicamente preparada para llegar a esta operación. En otros casos, antes que operarse se recomienda a los pacientes hacer ejercicios físicos y dietas adecuadas y hay gente incluso que se regulariza naturalmente.
De aquí que queramos dejar algo bien en claro: no estamos hablando ni de gasto de plata en operaciones ni de “cirugías estéticas” gratuitas. La obesidad mórbida es algo mucho más complejo. Hablamos de salud. Hablamos de pacientes enfermos –los obesos mórbidos– y de un Estado que debe estar despierto para atenderlos como corresponde a estas personas.