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Por qué tu planta de romero no crece y está estancada

El romero no necesita demasiada atención, pero sí condiciones adecuadas.

Tu planta de romero no crece y, aunque la riegues con cariño, sigue estancada. No hay flores, no hay brotes nuevos, las hojas se secan o cambian de color. El problema no siempre es fácil de identificar, pero casi siempre se repite una causa: el ambiente que le das.

El romero no es una planta de interior. Aunque algunas personas intentan tenerlo en la cocina o junto a una ventana, lo cierto es que necesita sol directo. Seis horas al día como mínimo. Menos de eso y empieza a debilitarse lentamente hasta que pierde toda su fuerza.

Necesita sol directo.

La luz es como su combustible. Si está en sombra o bajo techo, la planta de romero se vuelve frágil. Puede sobrevivir un tiempo, pero su crecimiento se detiene. Las ramas se alargan buscando claridad, y ese esfuerzo le roba energía. 

Otro motivo frecuente es el tamaño de la maceta. Muchas veces elegimos recipientes pequeños porque el romero parece compacto. Pero sus raíces necesitan espacio. Cinco litros como mínimo es lo recomendable para que pueda extenderse sin obstáculos y nutrirse bien.

Requiere espacio.

Cuando no hay suficiente lugar para crecer bajo tierra, la planta deja de desarrollarse. Sus raíces se enredan, se ahogan entre sí, y ya no pueden absorber los nutrientes que le da el sustrato. Todo eso la lleva a detener su avance en la superficie. El tipo de tierra también influye. El romero necesita un sustrato con buen drenaje. Si el agua se estanca, las raíces se pudren y la planta empieza a decaer. 

Regar de más es uno de los errores más comunes. El romero está acostumbrado a suelos secos, rocosos, expuestos al sol. No es una planta que tolere la humedad constante. El exceso de agua termina por dañarla más que la falta de cuidados. Cuando las raíces se pudren, no hay vuelta atrás.