Por qué no todos los tomates deben ir en la heladera
El lugar donde guardás los tomates depende de su grado de maduración. Cómo conservarlos para mantener su sabor y textura.
Tomates
Guardar los tomates en la heladera apenas llegan del supermercado o de la verdulería es una costumbre muy común. Sin embargo, los especialistas en cocina advierten que no siempre es la mejor opción. Si el fruto todavía tiene zonas verdes o amarillas, lo recomendable es dejarlo a temperatura ambiente para que complete su proceso natural de maduración.
Los tomates siguen madurando incluso después de ser cosechados. Durante ese período desarrollan mejor su sabor, aroma y textura. Si se los coloca en la heladera antes de tiempo, el frío ralentiza ese proceso y puede afectar algunas de sus cualidades, haciendo que el resultado final sea menos sabroso.
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Expertos recomiendan observar el aspecto del tomate antes de decidir dónde guardarlo. Si aún está firme, presenta partes verdosas y casi no desprende aroma, lo mejor es conservarlo fuera de la heladera hasta que alcance su punto óptimo de maduración.
Es importante observar los tomates antes de guardarlos en la heladera
Quienes quieran acelerar ese proceso pueden recurrir a un método muy simple: colocar los tomates junto a una banana o una manzana. Estas frutas liberan etileno, un gas natural que favorece la maduración de otros frutos cercanos y ayuda a que los tomates estén listos para consumir en menos tiempo.
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La recomendación cambia cuando el tomate ya tiene un color uniforme, desprende un aroma característico y cede levemente al presionarlo con los dedos. En ese momento sí puede guardarse en la heladera si no se va a consumir ese mismo día. Algunos expertos aconsejan colocarlo con la parte del cabito hacia abajo para reducir la pérdida de humedad y prolongar su conservación.
Si el tomate ya fue cortado, siempre debe mantenerse refrigerado dentro de un recipiente hermético y consumirse en poco tiempo. Adaptar la forma de conservación al grado de maduración permite disfrutar de un mejor sabor, evitar desperdicios y prolongar la vida útil de uno de los alimentos más utilizados en la cocina.