No es caminar ni pedalear: el ejercicio diario que más ayuda a proteger el corazón
Investigaciones recientes y la mirada de una especialista en terapia intensiva coinciden en que un hábito cotidiano puede convertirse en una poderosa herramienta de prevención para el corazón.
Una práctica diaria puede ser muy significativa para el cuidado del corazón.
El cuidado del corazón no depende únicamente de medicamentos o tratamientos complejos. Gran parte de la prevención comienza con decisiones simples que se repiten todos los días. Alimentación equilibrada, actividad física y descanso adecuado forman la base de una vida saludable.
En ese sentido, MDZ habló con la médica intensivista del Hospital Central de Mendoza, Gabriela López (MP 12981), quien destaca que los cambios en el estilo de vida pueden marcar una diferencia enorme antes de que aparezcan enfermedades graves. “Me parece genial esto de poder hacer prevención mediante mejorar los hábitos, la calidad de vida, con ejercicio y con mejorar la alimentación. Me parece superpositivo y es el primer escalón en la medicina, el poder prevenir”, explicó la especialista.
Una práctica diaria que puede salvar vidas
Desde su experiencia en terapia intensiva, Gabriela López remarca que muchos de los cuadros graves que se ven en el hospital están relacionados con problemas que podrían haberse evitado con hábitos más saludables. “Me parece que la prevención siempre va a ser el pilar fundamental para evitar escenarios fatales, que son por ahí los que vemos en el hospital y en la terapia”, señaló.
Caminar y pedalear: ejercicios recomendados
Cuando se habla de actividad física para el sistema cardiovascular, caminar o andar en bicicleta suelen aparecer como las opciones más conocidas. Son accesibles, de bajo impacto y recomendadas para personas de distintas edades. La médica explica que históricamente consideró al ciclismo como una de las actividades más completas. “Si vos me hubieses preguntado qué ejercicio me parecía más completo, yo te hubiese dicho ciclismo”, comentó.
Sin embargo, antes de sacar conclusiones personales, decidió revisar estudios científicos publicados en bases académicas como PubMed. Allí encontró investigaciones que comparan distintos tipos de actividad física. Uno de esos trabajos, un metaanálisis publicado en 2014 que reunió varios estudios, concluye que tanto caminar como pedalear reducen aproximadamente un 11% el riesgo de mortalidad.
Otro análisis más reciente, de 2019, evaluó a 1.670 adultos y sugiere que la mejor estrategia es combinar ambas actividades para mejorar la salud cardiovascular de la población. Aun así, al profundizar la búsqueda, apareció un hábito cotidiano que mostró resultados aún más contundentes.
El hábito simple que lidera los estudios
Las investigaciones más recientes coinciden en que subir escaleras podría ser uno de los ejercicios más efectivos para cuidar el sistema cardiovascular. Uno de los trabajos que menciona la especialista fue publicado en 2023 y siguió durante más de doce años a unas 458.000 personas adultas. El estudio indica que subir más de cinco pisos —alrededor de 50 escalones— se relaciona con una reducción cercana al 20% en el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.
Además, el mismo trabajo detectó que quienes abandonaron esa costumbre aumentaron un 32% su riesgo cardíaco. Pero no es la única evidencia. Un metaanálisis publicado en 2024 que reunió ocho investigaciones y analizó a más de 470.000 participantes encontró resultados todavía más impactantes.
Según ese estudio, quienes incorporan el uso frecuente de escaleras presentan un 35% menos de mortalidad cardiovascular y un 30% menos de mortalidad por cualquier causa. “Entonces, la verdad que está avalado… va en la punta el subir las escaleras”, resumió la médica Gabriela López al analizar la evidencia científica disponible.
Incluso un estudio realizado en Japón con más de 7.000 adultos relacionó este hábito con menor probabilidad de obesidad, menor sedentarismo y niveles más bajos de estrés. Un gesto tan simple como elegir las escaleras en lugar del ascensor puede convertirse en una herramienta poderosa para mejorar la circulación, fortalecer el corazón y reducir riesgos a largo plazo. Un cambio pequeño, pero con impacto real en la salud.


