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Ni los científicos lo esperaban: hallan una brillante estrella agujero negro

El James Webb detecta por primera vez una estrella agujero negro y resuelve un gran enigma. El hallazgo espacial que descoloca a la ciencia.


El universo primitivo oculta sorpresas. El telescopio espacial James Webb acaba de captar un objeto espacial que desafía a la ciencia: detecta por primera vez una estrella agujero negro.

El misterio de los pequeños puntos rojos en el espacio lejano

Los astrónomos identificaron una estructura brillante con una antigüedad de seiscientos sesenta millones de años tras el Big Bang. Este hallazgo revolucionario fue publicado en la revista científica Nature.

El objeto parece una estrella gigante del tamaño de nuestro sistema solar. Sin embargo, en su centro esconde un agujero negro envuelto en una densa nube de gas.

Esta combinación produce cien mil millones de veces más energía que cualquier estrella común. Esa potencia descomunal confirma que se trata de un cuerpo celeste antes desconocido.

Los científicos bautizaron a estas estructuras como pequeños puntos rojos en el cosmos. Desde el año dos mil veintidós, estos destellos enigmáticos intrigaban a los expertos.

El investigador Rohan Naidu explicó que estos objetos representan uno de los mayores debates actuales. El telescopio mostró que el universo joven albergaba cuerpos muy brillantes.

Los modelos teóricos indicaban que el cosmos era demasiado joven para tener galaxias masivas. El hallazgo de este punto rojo ayuda a resolver esa aparente contradicción.

El científico Robert Simcoe comparó el color rojo con el humo de los incendios forestales. El polvo espacial actúa como un velo que altera la luz original del objeto.

La densa nube de gas que rodea al centro atrapa la radiación y cambia su apariencia externa. Por esta razón, el agujero negro parece una estrella gigante a la distancia.

Los astrónomos calculan que la nube alrededor del núcleo contiene la masa de miles de soles. Esa enorme cantidad de materia alimenta sin parar al objeto en su interior.

Este descubrimiento permite entender cómo crecieron los primeros agujeros negros en el espacio lejano. La fuerza de su atracción alimentó el nacimiento de las primeras galaxias.