Maratón de tensión: Netflix tiene un desgarrador thriller que revive el peor atentado en suelo británico
Este atrapante thriller de Netflix reconstruye la investigación tras el atentado al vuelo 103 de Pan Am, que en 1988 mató a 270 personas en Escocia.
Un caso real impactante. Fuente. Shutterstok.
Para quienes buscan una producción atrapante y rápida, Netflix tiene en su catálogo Bomba en el Pan Am 103 (The Bombing of Pan Am 103), una miniserie de seis capítulos (de aproximadamente 60 minutos cada uno) creada por Jonathan Lee.
Netflix: de qué se trata
“En 1988, un trágico atentado en cielo escocés durante un vuelo transatlántico une a la policía local y al FBI en la búsqueda de los atacantes. Basada en una historia real”, resume la sinopsis de la plataforma de streaming.
Con una atmósfera que combina el drama procesal y el suspenso policíaco, la serie sigue los pasos de los investigadores escoceses y estadounidenses que debieron coordinar esfuerzos para resolver un crimen de magnitud inédita.
El elenco principal está encabezado por Connor Swindells (Sex Education), Merritt Wever (Inconcebible), Patrick J. Adams (Suits) y Eddie Marsan (Ray Donovan).
El caso real
Detrás del guión se encuentra uno de los episodios más oscuros del terrorismo internacional. El 21 de diciembre de 1988, el vuelo 103 de la aerolínea Pan American World Airways cubría la ruta entre Londres (Heathrow) y Nueva York (JFK). Apenas 38 minutos después del despegue, un artefacto explosivo oculto en la bodega de carga detonó sobre la pequeña localidad rural de Lockerbie, en el sur de Escocia.
A raíz de eso, explotaron los tanques de combustible y la aeronave cayó en pedazos. En total, murieron 270 personas: los 243 pasajeros, los 16 miembros de la tripulación y 11 vecinos de Lockerbie que estaban en sus casas cuando los restos del Boeing 747 se desplomaron sobre el pueblo.
Entre las víctimas había ciudadanos de 21 países, incluyendo un numeroso grupo de 35 estudiantes de la Universidad de Syracuse que regresaban a EE. UU. para las fiestas de fin de año.
El impacto esparció restos y evidencias a lo largo de más de 2.100 kilómetros cuadrados (850 millas cuadradas) entre Escocia e Inglaterra.
El trabajo conjunto entre la Policía de Escocia y el FBI derivó en una pesquisa sin precedentes. Tras reconstruir el fuselaje y analizar miles de piezas, los peritos encontraron un diminuto trozo de circuito impreso (del tamaño de una yema de dedo) perteneciente a un reproductor de radio Toshiba y rastros de explosivo plástico Semtex.
La bomba había sido escondida en una maleta sin pasajero que viajó desde Malta hacia Fráncfort, y de allí fue transferida al vuelo de Pan Am en Londres. La prenda de vestir que envolvía el artefacto fue rastreada hasta una tienda maltesa, donde el comerciante identificó al comprador.
Tras años de tensión internacional, las sospechas recayeron sobre la inteligencia libia. En 2001, un tribunal escocés especial instalado en los Países Bajos condenó a cadena perpetua al agente de inteligencia libio Abdelbaset al-Megrahi.