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Los hábitos comprobados por la ciencia para reducir la grasa en el abdomen

Adoptar hábitos como el consumo de fibra soluble y evitar el alcohol son clave para disminuir la grasa del abdomen, según estudios científicos.


Eliminar el tejido graso acumulado en la zona media no requiere dietas drásticas ni fórmulas milagrosas. La clave para reducir la grasa del abdomen(visceral), la que rodea órganos vitales como el hígado y los intestinos, radica en consolidar hábitos alimentarios sostenibles.

Los hábitos recomendados para reducir la grasa del abdomen

Investigaciones científicas señalan que pequeños cambios en la selección de alimentos promueven una pérdida progresiva de este tipo de grasa.

Por un lado, se aconseja consumir fibra soluble para prolongar la saciedad. Este nutriente absorbe agua creando un gel durante la digestión que frena el apetito. Su presencia en frutas, verduras, legumbres y cereales demostró impacto real. Un seguimiento de cinco años a 1.114 personas asoció cada 10 gramos adicionales de fibra soluble diaria con un 3,7 % menos de grasa visceral.

También hay que controlar la ingesta de alcohol para obtener resultados. El consumo elevado de bebidas alcohólicas incrementa el contorno de la cintura. Un estudio en 2.343 personas vinculó un alto consumo (más de cuatro copas al día) con mayor volumen abdominal.

Consejos para reducir la grasa del abdomen.

Incorporar carnes magras, pescado, huevos, lácteos o legumbres preserva la masa muscular y calma la sensación de hambre. La pauta eficiente es integrarlas en un menú variado sin convertirlas en el único grupo alimenticio.

En cuanto a los ultraprocesados y bebidas azucaradas, aportan calorías vacías sin saciar. En un análisis con 559 adolescentes, el consumo elevado de fructosa se relacionó directamente con mayor acumulación lipídica visceral.

Los expertos recomiendan además la harina refinada por cereales integrales porque eso permite estabilizar la glucosa en sangre. Datos de la Universidad de Tufts en 2.895 participantes confirmaron menores niveles de grasa profunda en quienes consumían más carbohidratos integrales.

El equilibrio de la microbiota intestinal incide en la composición corporal. Pruebas en Canadá revelaron que cepas como Lactobacillus fermentum y Lactobacillus amylovorus ayudan a disminuir el tejido graso.

Por último, el pescado azul debe integrarse al menú semanal. Especies como salmón, sardinas o caballa aportan omega-3 y proteínas de calidad. Una intervención de seis semanas con aceite de pescado mostró aumento de masa magra junto con una baja en grasa corporal y cortisol.

Ningún ingrediente actúa por sí solo. Los mejores resultados surgen al combinar esta guía alimentaria con entrenamiento físico, descanso reparador y constancia.