Lo que nadie te dice sobre hígado graso y embutidos
El alimento común que agrava el hígado graso. El error diario que lo empeora y qué opciones tomar en cuenta.
Los embutidos como el pavo, el jamón y el rosbif tienen alrededor de 1,5 g de sal por porción.
Getty ImagesNo todo es inofensivo. Y el hígado lo sabe. Si tienes hígado graso, los embutidos no son un detalle menor. Salchicha, jamón, chorizo o salami suman grasas saturadas, sodio y conservantes que elevan la inflamación hepática y aceleran el daño en un órgano que ya trabaja al límite.
El hígado no descansa
El hígado graso, o esteatosis hepática, afecta a cerca del 25% de la población mundial, según datos clínicos globales. En Latinoamérica, la cifra crece por sobrepeso y sedentarismo. La acumulación de grasa en las células hepáticas altera su función. Si no hay cambios, el cuadro avanza.
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Los embutidos concentran alta densidad calórica. Aportan grasas saturadas que elevan triglicéridos y colesterol LDL. Ese combo impacta en la resistencia a la insulina, un factor ligado al hígado graso. Cada porción suma carga a un órgano que ya enfrenta exceso de grasa.
Además del perfil graso, contienen sodio en grandes cantidades. Una porción de salchicha supera los 500 miligramos. El exceso de sal afecta la presión arterial y agrava el riesgo cardiovascular, frecuente en personas con esteatosis.
Otro punto es el uso de nitritos y nitratos como conservantes. Estos compuestos prolongan la vida útil del producto. En el organismo generan estrés oxidativo. Ese proceso favorece inflamación y daño celular en el tejido hepático.
La inflamación sostenida abre la puerta a fibrosis. En etapas avanzadas, el riesgo es cirrosis. El hígado pierde capacidad de regeneración. El problema no surge en un día. Es el resultado de hábitos repetidos durante años.
Cómo sustituirlos
La buena noticia es que el daño inicial es reversible. Estudios muestran que bajar entre 7% y 10% del peso corporal reduce la grasa hepática. Cambiar embutidos por proteínas magras ayuda en ese objetivo.
Pollo sin piel, pavo, pescado fresco y legumbres ofrecen proteína con menos grasa saturada. También aportan nutrientes que apoyan la función hepática. Cocción al horno, plancha o vapor suma beneficios.



