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Inyecciones para bajar de peso: el efecto secundario que empieza a preocupar a la ciencia

El auge de estas inyecciones reabrió el debate sobre cómo se tratan hoy el sobrepeso y la obesidad, mientras la ciencia empieza a poner el foco en lo que ocurre más allá de los primeros resultados visibles.


En los últimos dos años, el uso de inyecciones para bajar de peso creció de manera exponencial en distintos países. Promovidas como una solución eficaz contra la obesidad, estas terapias ganaron fama en redes sociales y consultorios médicos. No obstante, un nuevo estudio reveló el lado b que pocos cuentan: qué pasa con el peso y la salud cuando se dejan de usar.

Las inyecciones para bajar de peso no nacieron con ese objetivo. En realidad, estos medicamentos —conocidos como agonistas del GLP-1— fueron desarrollados originalmente para tratar la diabetes tipo 2. Su función principal es imitar una hormona intestinal que genera sensación de saciedad, reduce el apetito y ayuda a controlar los niveles de glucosa en sangre. Con el tiempo, los médicos advirtieron que muchos pacientes también bajaban de peso de forma significativa. Ese efecto secundario positivo impulsó su uso en personas con obesidad, incluso sin diabetes, y marcó el inicio de su expansión como tratamiento específico para adelgazar.

El estudio que encendió la alarma

La investigación fue liderada por especialistas de la University of Oxford y publicada en la revista científica BMJ. El trabajo analizó 37 estudios previos sobre medicamentos para bajar de peso, con un total de 9.341 participantes. En promedio, los tratamientos duraron unas 39 semanas y el seguimiento posterior fue de 32 semanas. Durante el uso de las inyecciones, los pacientes perdieron alrededor de 8,3 kilos. Sin embargo, el dato clave apareció después: al suspender la medicación, recuperaron peso a una velocidad de unos 0,4 kilos por mes.

Puedes bajar de peso sin dietas extremadamente restrictivas Foto: Shutterstock

Un estudio científico analizó qué ocurre tras dejar las inyecciones y cuánto tiempo tarda el cuerpo en recuperar el peso perdido.

Según el análisis, la mayoría volvió a su peso original en un plazo promedio de 1,7 años tras dejar cualquier tipo de fármaco para adelgazar. En el primer año, ya habían recuperado casi cinco kilos.

Más rápido que con dieta y ejercicio

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que el aumento de peso tras abandonar las inyecciones fue casi cuatro veces más rápido que en personas que seguían programas conductuales, como planes de alimentación o actividad física supervisada.

Los investigadores aclararon que este fenómeno no se debe a un “fracaso” del medicamento. El doctor Sam West, del Departamento de Atención Primaria de la Universidad de Oxford, explicó que la obesidad es una condición crónica y recurrente. Por eso, cuando se interrumpe un tratamiento farmacológico sin una estrategia a largo plazo, el cuerpo tiende a volver a su estado previo.

El estudio también analizó otros beneficios asociados a estas inyecciones, como mejoras en la presión arterial, el colesterol y otros marcadores cardiometabólicos. Si bien estos parámetros mejoran durante el tratamiento, los investigadores observaron que también regresan a sus niveles originales en un promedio de 1,4 años después de suspender la medicación. De este modo, la investigación no solo midió cuánto peso se recupera, sino también la velocidad y el impacto que tiene dejar el tratamiento en la salud general.

Una advertencia sobre el uso a corto plazo

Los autores concluyen que las inyecciones para bajar de peso pueden ser una herramienta eficaz, pero advierten sobre su uso aislado o temporal. Sin cambios sostenidos en la alimentación, la actividad física y el estilo de vida, los resultados tienden a revertirse.

El estudio funciona así como una llamada de atención: más allá de su popularidad, estas terapias requieren un enfoque integral y de largo plazo para evitar que el “lado b” termine opacando sus beneficios iniciales.