Ibuprofeno, aspirina o paracetamol: cuál elegir para aliviar el dolor de cabeza
No existe un analgésico indicado para todos: el tipo de cefalea, los antecedentes y otros medicamentos definen qué opción resulta más segura.
La elección de un analgésico depende del origen del dolor de cabeza y de los antecedentes de cada persona.
Ante un dolor de cabeza, abrir el botiquín suele convertirse en una reacción casi automática. Paracetamol, ibuprofeno, diclofenac y aspirina aparecen entre las opciones más conocidas, pero no funcionan de la misma manera ni son adecuados para todas las personas. Elegir sin revisar antecedentes, dosis o combinaciones puede aumentar el riesgo de complicaciones.
El primer paso es observar cómo comenzó la molestia y si existen otros síntomas. Una cefalea tensional suele sentirse como una presión en ambos lados de la cabeza o el cuello, mientras que la migraña puede provocar dolor pulsátil, náuseas y sensibilidad a la luz o al ruido. También influyen el estrés, la falta de sueño, la deshidratación, el ayuno y el consumo de alcohol. Por eso, un medicamento que funcionó en otra oportunidad no necesariamente será apropiado para un nuevo episodio.
Paracetamol o ibuprofeno: cuáles son sus diferencias
El paracetamol alivia el dolor y reduce la fiebre, pero no tiene el mismo efecto antiinflamatorio que el ibuprofeno. Puede utilizarse en cefaleas ocasionales siempre que se respeten las indicaciones del envase y no existan contraindicaciones personales. El principal peligro aparece al superar la dosis máxima o combinar varios productos que contienen el mismo principio activo, algo habitual con antigripales y medicamentos para resfríos. Una sobredosis puede causar daño hepático grave, mientras que el consumo frecuente de alcohol incrementa ese riesgo. La FDA recomienda revisar todos los componentes antes de tomar más de un producto.
El ibuprofeno pertenece al grupo de los antiinflamatorios no esteroideos, conocidos como AINE, y también puede aliviar cefaleas tensionales o migrañas. Sin embargo, puede irritar el estómago, favorecer sangrados y afectar los riñones. Requiere especial precaución en personas con úlceras, enfermedad renal, problemas cardiovasculares, hipertensión, asma o tratamientos anticoagulantes. Tampoco debe combinarse por cuenta propia con diclofenac o aspirina, ya que los tres pertenecen al mismo grupo farmacológico y la mezcla aumenta los riesgos sin garantizar un mayor alivio. El NHS incluye al paracetamol y al ibuprofeno entre las alternativas para cefaleas tensionales, pero aconseja consultar cuando los episodios son intensos o reiterados.
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Qué pasa con el diclofenac y la aspirina
El diclofenac también es un AINE y no debería considerarse una opción intercambiable con cualquier analgésico. Algunas formulaciones específicas se utilizan para tratar migrañas en adultos, pero no previenen nuevos episodios ni están indicadas para todos los tipos de dolor de cabeza. Además de provocar lesiones y sangrado gastrointestinal, puede elevar el riesgo de eventos cardiovasculares, especialmente con dosis altas o tratamientos prolongados.
La información farmacológica de MedlinePlus recomienda no sumarlo a ibuprofeno, aspirina u otros antiinflamatorios sin indicación profesional. La aspirina, en tanto, puede aliviar determinadas cefaleas en adultos, pero aumenta la posibilidad de sangrado y no debe administrarse a menores de 16 años.
Cuándo evitar la automedicación y consultar
La presencia de fiebre junto con dolor muscular, molestias detrás de los ojos, náuseas o manchas en la piel exige considerar la posibilidad de dengue. En esos casos, el Ministerio de Salud de la Nación indica utilizar paracetamol —salvo contraindicación— y evitar aspirina e ibuprofeno. Durante el embarazo tampoco deberían tomarse antiinflamatorios sin autorización médica: la FDA desaconseja los AINE desde la semana 20, excepto cuando un profesional los indica expresamente.
También es necesario consultar si el dolor aparece varias veces por semana, cambia de patrón o obliga a tomar analgésicos con frecuencia, porque el uso repetido puede generar una cefalea por sobreuso. La atención debe ser inmediata si el dolor comienza de forma súbita y explosiva, aparece después de un golpe o se acompaña de fiebre, rigidez de cuello, confusión, debilidad, alteraciones visuales o dificultades para hablar. Descansar, hidratarse, comer con regularidad y reducir los desencadenantes puede ayudar, pero ningún analgésico reemplaza una evaluación cuando existen señales de alarma.


