Expertos revelaron en un estudio por qué es bueno vivir en latitudes altas
Un grupo de científicos detectó un efecto inesperado del ambiente y abrió una nueva pista en la búsqueda de herramientas contra una de las enfermedades más extendidas.
Un estudio en Estados Unidos puso el foco en un fenómeno del cuerpo que podría cambiar la forma de entender la relación entre la altura y la diabetes.
ShuttestockEl lugar donde vive una persona puede influir más de lo que parece en su salud. Ahora, un estudio realizado en Estados Unidos sumó una pista llamativa sobre ese vínculo: vivir en zonas de gran altitud, donde el oxígeno es menor, podría ayudar a reducir el riesgo de diabetes. Por ahora, la evidencia surge de ensayos en ratones, pero los investigadores creen que el mecanismo descubierto podría servir para pensar nuevos tratamientos a futuro.
El trabajo fue publicado el 19 de febrero de 2026 en la revista Cell Metabolism por un equipo de Gladstone Institutes liderado por Isha Jain. Allí, los científicos describieron que, en ambientes con poco oxígeno, los glóbulos rojos dejan de comportarse solo como transportadores de oxígeno y pasan a captar grandes cantidades de glucosa, funcionando como una especie de “sumidero” o “esponja” del azúcar en sangre.
Ese fenómeno ayuda al organismo en dos frentes. Por un lado, les da a esas células más recursos para colaborar con la entrega de oxígeno a los tejidos cuando escasea el aire. Por otro, hace que baje la glucosa circulante, algo que se asocia con una menor probabilidad de desarrollar diabetes. Según el equipo, en condiciones de hipoxia crónica los glóbulos rojos llegaron a mostrar una captación de glucosa tres veces mayor que en condiciones normales.
Qué observaron en los ratones
Los investigadores trabajaron con modelos de diabetes tipo 1 y tipo 2. Ya en estudios previos habían visto que los ratones expuestos a aire con poco oxígeno tenían niveles de glucosa inusualmente bajos, pero no sabían con precisión adónde iba ese azúcar. Cuando administraron glucosa a los animales, esta desapareció de la sangre casi de inmediato. Al revisar órganos como el músculo, el cerebro y el hígado, no encontraron una explicación suficiente.
La respuesta apareció cuando cambiaron la técnica de análisis: los glóbulos rojos estaban absorbiendo esa glucosa. Además, no solo había más glóbulos rojos en esas condiciones, sino que cada célula individual también tomaba más azúcar que las formadas en un ambiente con oxígeno normal. El efecto, según el estudio, persistió durante semanas e incluso meses después de que los ratones regresaran a condiciones normales.
Para Jain, el hallazgo cambia una idea muy instalada en biología. "Los glóbulos rojos representan un compartimento oculto del metabolismo de la glucosa que no se ha apreciado hasta ahora", señaló la investigadora en la presentación del trabajo. Otro de los autores, Angelo D’Alessandro, remarcó que estas células suelen ser vistas como transportadoras pasivas de oxígeno, aunque en hipoxia pueden explicar una parte importante del consumo de glucosa de todo el cuerpo.
Por qué el hallazgo entusiasma, aunque aún falta mucho
El estudio no prueba todavía que vivir en altura prevenga la diabetes en humanos ni que mudarse a una zona montañosa tenga ese efecto de manera directa. Lo que sí aporta es una explicación biológica para una asociación que los científicos venían observando desde hace tiempo: en lugares de gran altitud, donde el oxígeno es menor, la diabetes parece ser menos frecuente.
A partir de ese mecanismo, el equipo también probó en ratones un fármaco experimental llamado HypoxyStat, diseñado para imitar parte del efecto del aire con poco oxígeno. Según los autores, el compuesto logró revertir la hiperglucemia en modelos murinos de diabetes y, en esas pruebas, mostró resultados incluso mejores que algunos tratamientos existentes. De todos modos, los propios investigadores aclaran que todavía se trata de evidencia preclínica y que falta comprobar seguridad, eficacia y utilidad real en personas.
En otras palabras, el estudio no ofrece una cura inmediata ni una recomendación médica para cambiar de lugar de residencia. Pero sí abre una puerta novedosa: pensar a los glóbulos rojos no solo como mensajeros de oxígeno, sino también como actores clave en la regulación del azúcar en sangre cuando el cuerpo se adapta a ambientes extremos.


