El pueblo bonaerense de 500 habitantes que conquista a los jubilados por su tranquilidad
A poco más de 100 kilómetros de Buenos Aires, un pueblo rural vuelve a crecer y se convierte en refugio para quienes buscan bajar el ritmo.
Este pueblo es uno de los más buscados en tendencias para descansar.
El ruido constante, el tránsito, la rutina acelerada. Para muchos, la necesidad de frenar aunque sea por unos días dejó de ser un lujo y pasó a ser casi una urgencia. En ese contexto, un pequeño pueblo en el mapa bonaerense empezó a ganar protagonismo sin hacer demasiado esfuerzo.
Se llama Las Marianas y, aunque no tiene grandes atracciones ni circuitos turísticos tradicionales, ofrece algo cada vez más difícil de encontrar: silencio.
Ubicado a unas dos horas de la Ciudad de Buenos Aires, este pueblo de poco más de 500 habitantes se mueve a otro ritmo. No hay bocinazos ni apuro. Las calles son de tierra, el tránsito es mínimo y el tiempo parece estirarse. Quienes llegan —muchos de ellos jubilados— buscan exactamente eso: desconectar sin complicaciones, sin multitudes y sin agendas cargadas.
Un lugar donde lo simple vuelve a ser suficiente
Caminar por Las Marianas no implica seguir un recorrido turístico ni “tachar” lugares. Al contrario. El plan suele ser mucho más sencillo: recorrer sin rumbo, sentarse al sol, compartir un mate o simplemente dejar pasar las horas.
El pueblo mantiene construcciones bajas, antiguas, con una estética que remite a décadas pasadas. No hay desarrollos modernos que rompan esa identidad. Todo se conserva tal como fue creciendo, con una lógica más funcional que estética, pero profundamente auténtica.
En ese entorno, la vida cotidiana gira alrededor de lo esencial. Sin espectáculos ni propuestas masivas, el atractivo aparece en lo cotidiano. Y ahí está la clave: no hace falta mucho más para que la experiencia funcione.
Comer como antes y sin apuro
Otro de los puntos que más destacan quienes visitan el lugar es la gastronomía. Lejos de cartas sofisticadas, lo que predomina es la cocina casera. Platos tradicionales, recetas simples y porciones abundantes.
La atención también marca una diferencia. Es cercana, sin formalidades, muchas veces familiar. No hay rotación constante de turistas, lo que permite una experiencia más relajada, sin tiempos impuestos ni presión por liberar la mesa.
Ese combo —comida simple, ambiente tranquilo y trato directo— termina de completar una escapada que apunta más al descanso que al entretenimiento.
Cómo llegar y por qué cada vez va más gente
El acceso es relativamente sencillo, sobre todo en auto. Desde Buenos Aires, el recorrido ronda los 140 kilómetros: se toma el Acceso Oeste, luego la Ruta Nacional 5 hasta la zona de Mercedes y desde allí se combinan rutas provinciales hasta llegar a Navarro, el punto previo al ingreso.
El tramo final incluye unos 15 kilómetros de camino de tierra. Suele estar en buen estado, aunque conviene ir con precaución, especialmente después de días de lluvia.
No hay transporte público directo hasta el pueblo. Quienes no manejan suelen llegar hasta Navarro o Lobos en tren o micro, y desde ahí completar el viaje en remis.
Más allá de las dificultades de acceso, el interés por este tipo de destinos viene en aumento. Y Las Marianas no es la excepción.
Un crecimiento que rompe la tendencia
Mientras muchos pueblos rurales pierden habitantes con el paso del tiempo, este caso muestra un movimiento distinto. Según datos del Censo 2022 del INDEC, la localidad alcanzó los 556 habitantes, superando los 485 registrados en 2010.
El dato no es menor. Entre 2001 y 2010 había mostrado una caída poblacional, pero en la última medición logró revertir esa tendencia. Un fenómeno poco habitual en localidades de este tamaño.
Sin campañas de promoción ni grandes inversiones, el crecimiento parece explicarse por un cambio de mirada: cada vez más personas valoran entornos tranquilos, accesibles y humanos.
Las Marianas no ofrece espectáculo ni postal perfecta. Ofrece otra cosa. Y, para muchos, alcanza.


