El paisaje de Jujuy que pocos tienen en el radar y parece de otro mundo
Este paisaje del norte argentino reúne selva de montaña, termas, senderos y pueblos que conservan una identidad propia entre cerros y vegetación exuberante.
El paisaje de las yungas jujeñas cambia con la altura y ofrece una de las postales menos difundidas del norte argentino.
La Ruta NaturalCuando se habla de grandes destinos naturales del mundo, muchas veces Argentina no aparece de entrada en esa conversación. Sin embargo, el país guarda rincones de un enorme valor escénico, y uno de los más sorprendentes es este paisaje de Jujuy donde la selva de montaña cambia de forma con la altura, el clima y el relieve.
Las yungas jujeñas forman un ambiente especial dentro del norte argentino. La combinación de microclimas, caminos de cornisa, vegetación densa y pueblos pequeños crea un paisaje muy distinto al que suele asociarse con Jujuy. Lejos de la postal más conocida de cerros áridos y quebradas, acá dominan el verde, la humedad, los senderos y los cursos de agua que atraviesan la montaña.
-
Te puede interesar
La ruta patagónica de Argentina que pocos conocen pero que te enamora
Uno de los puntos más fuertes para conocer este paisaje es el Parque Nacional Calilegua. El acceso principal se realiza por la ruta provincial 83, un trayecto que ya funciona como atractivo en sí mismo por las vistas de valles y quebradas. Desde las seccionales Aguas Negras y Mesada de las Colmenas salen senderos de distintas dificultades, en un entorno agreste que sorprende por su altura y por la intensidad de sus panoramas. Muy cerca, Libertador General San Martín aparece como la base de servicios más importante, mientras que a unos 25 kilómetros también se pueden visitar las termas de Caimancito.
Más adentro de esta región aparece San Francisco, un pueblo ubicado en plena Reserva de la Biósfera de las Yungas. Desde allí parte una de las excursiones más buscadas de la zona: la caminata guiada hacia las termas del río Jordán. El recorrido, de dificultad media, conduce entre vegetación cerrada hasta una serie de piletones naturales donde sobresale la llamada Laguna Azul, famosa por el tono turquesa de sus aguas. San Francisco también funciona como punto de partida para trekkings hacia lugares como la Fuente del Jaguar o Alto Calilegua, un caserío de apenas unas pocas viviendas en el piso más alto de las yungas.
Otro tramo de este paisaje jujeño se abre en Valle Grande y Valle Colorado. El primero es un lugar valorado por quienes buscan acampar, hacer cabalgatas, trekking y avistaje de aves, mientras que el segundo suma una caminata breve hasta la cascada El Tornito, siguiendo el margen del río y pasando por un antiguo molino. En Valle Colorado, además, aparece otro rasgo que vuelve singular a esta zona: la herencia andina. Allí se puede visitar el Centro de Interpretación del Qhapaq Ñan, el sistema vial utilizado hace más de 500 años y hoy reconocido por la UNESCO, además de los espacios donde la comunidad mantiene vivas sus artesanías y bordados.
La conexión entre la Quebrada de Humahuaca y las yungas también tiene otra parada fuerte en Santa Ana y Caspalá. A más de 3000 metros sobre el nivel del mar, Santa Ana ofrece calles empedradas, construcciones de adobe y un entorno donde pueden verse tarucas, vicuñas y guanacos. Muy cerca se conserva un tramo del Qhapaq Ñan, uno de los tesoros arqueológicos más valiosos de la región. Desde allí se llega a Caspalá, distinguido entre los mejores pueblos del mundo por la Organización Mundial del Turismo, un reconocimiento que ayuda a entender el valor de este paisaje atravesado por la historia, la cultura local y una arquitectura profundamente ligada al norte argentino.
El recorrido no se agota allí. A pocos kilómetros de San Salvador de Jujuy, el Parque Provincial Potrero de Yala y las Termas de Reyes muestran otra cara de este paisaje, con senderos que se abren entre la selva y la montaña. Hacia el este, en tanto, la transición entre las yungas y el Chaco serrano genera un ambiente de gran biodiversidad, muy buscado por observadores de aves y viajeros interesados en el ecoturismo. Reservas como Las Lancitas permiten ver de cerca ese cruce entre regiones naturales que vuelve todavía más singular a esta parte de Jujuy.
En tiempos en que muchos viajeros buscan destinos menos saturados y con identidad propia, las yungas jujeñas aparecen como una de las grandes sorpresas de Argentina. No solo por la belleza de su paisaje, sino también por la manera en que combinan naturaleza, pueblos, caminos escénicos y una vida comunitaria que todavía conserva huellas profundas de su historia.