Cómo limpiar las lagañas de tu mascota sin dañarla: el método que recomiendan los expertos
Las lagañas en tu mascota pueden acumularse si no se limpian correctamente. Qué hacer y qué no para cuidar su salud.
Un cuidado diario de sus ojos mejora la salud de tu mascota. Foto: Shutterstock
Las lagañas en gatos y en perros son algo común y en la mayoría de los casos no son motivo de preocupación. Sin embargo, si no las limpiamos de manera adecuada o las dejamos acumular por varios días, pueden generar irritaciones, infecciones o molestias en la mascota. Por eso, es fundamental saber cómo actuar sin hacerle daño.
Lo primero que recomiendan los veterinarios es nunca intentar quitar las lagañas cuando están secas o endurecidas, ya que esto puede causar dolor o incluso lastimar la zona ocular. Lo ideal es humedecer una gasa estéril o un paño suave con agua tibia (nunca caliente) y apoyarla unos segundos sobre el ojo cerrado para ablandarlas. Luego, se debe retirar suavemente desde el lagrimal hacia afuera, siempre con cuidado y sin frotar fuerte.
Te puede interesar
Los 5 nombres que vuelven en 2025, según inteligencia artificial
Productos que nunca debes usar en el ojo de tu mascota
Nunca hay que usar algodón, ya que puede dejar pelusa en el ojo del animal, ni recurrir a productos como alcohol, desinfectantes o toallitas con perfume. Si la mascota tiene lagañas de forma muy frecuente, con color verdoso o amarillento, o presenta enrojecimiento, secreción excesiva o mal olor, lo mejor es consultar al veterinario, ya que podría tratarse de una conjuntivitis u otra afección ocular.
En perros de raza pequeña o con ojos grandes y saltones (como el shih tzu o el pug), o gatos de cara chata, las secreciones oculares son más habituales, por lo que los cuidados deben ser diarios. Tener siempre una gasa o paño exclusivo para cada ojo también evita infecciones cruzadas, sobre todo si el animal ya presenta alguna molestia previa.
Mantener la zona de los ojos limpia no solo ayuda a la salud de la mascota, sino que mejora su bienestar general. Un gesto simple, que no toma más de unos minutos al día, puede hacer la diferencia entre un ojo sano y una visita al veterinario.


