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Cómo hacer una limpieza de la lana sin apelmasarla

La limpieza de las prendas de lana no tiene por qué ser un riesgo si se respetan los cuidados básicos: temperatura adecuada, lavado suave y secado plano.


Es común pensar que lavar lana en el lavarropas es un error fatal que termina arruinando la prenda. Sin embargo, no es el lavado en sí lo que afecta a este material, sino la combinación de agua caliente, fricción excesiva y secado inadecuado. Con una limpieza bien realizada, la lana puede conservar su suavidad y forma original sin problemas.

Factores a tener en cuenta para la limpieza de la lana

Uno de los factores más importantes a tener en cuenta es la temperatura del agua. El agua caliente provoca que las fibras se encojan y se apelmacen, especialmente si se combinan con movimientos agresivos. Por eso, tanto si el lavado es a mano como en lavarropas, debe realizarse con agua fría o apenas tibia y un jabón suave o específico para prendas delicadas. Las piezas deben sumergirse sin frotar ni retorcer, permitiendo que reposen unos minutos antes del enjuague con agua a igual temperatura.

Cuando se utiliza el lavarropas, lo ideal es elegir un ciclo corto, destinado a ropa delicada o lana. El uso de bolsas de protección ayuda a minimizar el roce con otras prendas. Además, se recomienda reducir la velocidad del centrifugado y evitar por completo la secadora. La exposición a altas temperaturas es el principal riesgo para este tipo de tejidos.

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Las prendas de lana deben secarse en horizontal y lejos del sol para conservar su forma original. Foto: Shutterstock

La importancia del secado

El momento del secado también requiere atención. Lo más recomendable es extender la prenda sobre una superficie plana, como una toalla, y moldearla suavemente con las manos hasta recuperar su forma. Debe secarse en posición horizontal, lejos de fuentes de calor o sol directo. Colgar la lana mojada puede provocar que se deforme por el peso del agua acumulada.

Con estos cuidados, las prendas de lana pueden mantenerse en excelente estado a lo largo del tiempo, sin perder ni forma ni textura. La clave está en comprender cómo responde este material al agua, al calor y al movimiento, y actuar en consecuencia.