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Cande Tinelli revela lo que realmente pasó con Coti y sorprende a todos

Cande Tinelli vuelve a enfocarse en sus proyectos personales, en su música, en su familia.

Nada hacía suponer que aquella fiesta romántica, marcaría el inicio de un final anunciado. Cande Tinelli y Coti Sorokin celebraron su amor con música y mucho amor, pero lo que comenzó como una historia intensa, hoy se recuerda con nostalgia y palabras cargadas de sinceridad.

La hija de Marcelo Tinelli decidió contar todo. Sin rodeos, se sentó frente a las cámaras del programa El ejército de la mañana y habló como pocas veces lo había hecho. No necesitó excusas ni terceros en discordia. Lo suyo fue una confesión honesta sobre cómo dos personas pueden ir perdiendo el amor que los unió.

Se casaron después de una relación de tres años.

“No lo quiero responsabilizar a él”, dijo. Admitió que hubo momentos exigentes, decisiones que consumieron energía y una rutina que desgastó lo que antes parecía sólido. 

Cande Tinelli no habló de errores ni se victimizó. Su relato no estuvo cargado de dramatismo ni justificaciones elaboradas. Mencionó la convivencia, la poca paciencia, los tiempos que no coincidían. Más allá de la admiración que aún conserva por Coti, aceptó que la desconexión terminó ganando terreno. Eso que antes los unía, ya no lograba sostenerlos.

Destacó lo bueno de Coty.

Dijo que se sintió desencantada. Tal vez ese sea uno de los sentimientos más difíciles de poner en palabras. No es falta de amor, pero sí de ilusión. Es esa grieta que crece en silencio, hasta que ya no hay manera de ignorarla. Y aunque intentaron remontar la historia con terapia y charlas profundas, hubo un punto en el que entendieron que era mejor soltar.

La frase que usó fue reveladora: “Nos agarró con el caballo un poco cansado”. Fue directa, real. Cande Tinelli también se tomó un momento para hablar de lo bueno. Lejos de renegar del pasado, reconoció que Coti le enseñó muchas cosas. Valoró su mirada artística, su formación cultural, su capacidad para mostrarle un universo diferente. Aprendió a bajar a tierra, a observar desde otro ángulo, a detenerse más. No fue un vínculo en vano, aunque haya tenido un final.