Aire acondicionado, estufa o caloventor: cuál consume menos en plena ola de frío
Con temperaturas bajas y tarifas en alza, elegir bien el artefacto para calefaccionar puede marcar una diferencia fuerte en la factura.
La elección del sistema de calefacción influye directamente en el consumo de electricidad durante el invierno.
Imagen creada con IA MDZCuando el frío se mete en la casa, la primera reacción suele ser prender lo que haya a mano: aire acondicionado, caloventor, estufa eléctrica o radiador. Pero no todos los artefactos consumen igual ni sirven para los mismos ambientes. En invierno, esa diferencia puede sentirse rápido en la factura de electricidad.
La comparación volvió a tomar fuerza en plena temporada de bajas temperaturas, con hogares que buscan calefaccionar sin disparar el gasto mensual. Según un informe del ENRE, los equipos de aire acondicionado, especialmente los modelos con tecnología inverter, aparecen entre las opciones eléctricas más eficientes frente a caloventores, estufas, radiadores y paneles.
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El aire acondicionado Inverter, la opción más eficiente
La ventaja del aire acondicionado Inverter está en su forma de trabajar. A diferencia de los modelos tradicionales, que funcionan a potencia fija mientras están encendidos, estos equipos regulan la velocidad del compresor de acuerdo con la temperatura del ambiente. Eso permite sostener el calor sin tantos picos de consumo y con un uso más dosificado de la energía.
De acuerdo con la comparación difundida, un aire acondicionado frío-calor de 2200 frigorías puede consumir cerca de 97,30 kWh por mes si se usa cinco horas diarias, todos los días. En cambio, un caloventor, una estufa halógena o un radiador eléctrico pueden llegar a 144,15 kWh mensuales bajo el mismo criterio de uso. El vitroconvector queda cerca del aire acondicionado, con 96,10 kWh mensuales.
Por qué el caloventor puede salir caro
El caloventor tiene una ventaja clara: calienta rápido y suele ser más barato al momento de comprarlo. Por eso aparece como una solución práctica para baños, dormitorios chicos o espacios de uso breve. El problema es que su consumo eléctrico es alto si permanece encendido durante muchas horas, especialmente en ambientes grandes o mal aislados.
Algo similar ocurre con algunas estufas eléctricas y radiadores. Pueden resolver una urgencia, pero no siempre son la mejor alternativa para un uso prolongado. Por eso, antes de elegir un artefacto, conviene mirar la etiqueta de eficiencia energética, calcular cuántas horas se lo va a usar y pensar el tamaño real del ambiente. El ENRE recomienda comparar consumos y, cuando el presupuesto lo permite, optar por equipos con mejor clasificación de eficiencia.
La aislación también define cuánto se gasta
La elección del equipo es importante, pero no alcanza si la casa pierde calor por todos lados. Ventanas con filtraciones, puertas sin burletes, persianas abiertas de noche o vidrios sin protección pueden obligar a usar más energía para lograr la misma temperatura. En ese punto, pequeñas mejoras pueden hacer una diferencia: colocar burletes, usar cortinas más gruesas, cerrar persianas cuando baja el sol y sumar alfombras en pisos fríos.
Si se usa gas, la seguridad debe quedar por encima del ahorro. ENARGAS recomienda revisar los artefactos una vez al año con un gasista matriculado, mantener rejillas de ventilación permanentes, controlar que la llama sea azul y no usar hornallas ni hornos para calefaccionar. Calentar la casa de manera eficiente no significa cerrar todo: también hace falta ventilación para evitar riesgos por monóxido de carbono.