"La IA es la tecnología que más rápido se adoptó en la historia, sobre todo entre los estudiantes de educación superior"
Así lo sostuvo Jorge Núñez McLeod, docente y doctor en Ingeniería por la Universidad Nacional de Cuyo(UNCUYO). Para el investigador la pregunta ya no es si la IA se instalará en la educación, sino cómo conviviremos con ella.
La inteligencia artificial irrumpe en la educación superior y plantea nuevos desafíos para estudiantes y docentes.
Gentileza UnidiversidadLa irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la educación superior plantea un escenario inédito: nunca antes una tecnología había crecido y expandido con tanta velocidad en el mundo académico. Su incorporación en las aulas no solo modifica la manera en que los estudiantes acceden al conocimiento, sino también la forma en que los docentes deben repensar sus estrategias pedagógicas para garantizar una formación crítica, creativa y alineada con los contextos globales actuales.
En este contexto, Un informe elaborado por el Banco Mundial el pasado mes de mayo señala que la inteligencia artificial está transformando profundamente la educación superior, impactando en tres dimensiones clave: el aprendizaje de los estudiantes, la práctica docente y la gestión institucional. Por otro lado, según el informe publicado por HolonIQ, se proyecta que el mercado mundial de IA aplicada a la educación llegará a los 6 mil millones de dólares en 2025, impulsado por la creciente demanda de herramientas más personalizadas y accesibles.
En este contexto, desde MDZ Tecnología conversamos con Jorge Núñez McLeod, docente y doctor en Ingeniería por la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO), quien analizó el impacto de estas herramientas en la educación superior. En sus palabras, la IA no reemplaza la enseñanza, pero obliga a repensar currículas, métodos y competencias para que los estudiantes puedan enfrentar los desafíos profesionales del presente y del futuro.
“La IA irrumpió hace muy poco tiempo si lo miramos en perspectiva. Su crecimiento ha sido exponencial”, explica Núñez McLeod. Para graficarlo, cuenta una experiencia personal: “Hace un año le pedí a ChatGPT que redactara un texto comparando baterías de litio y sodio. El resultado fue un documento breve y con referencias incompletas, algunas incluso inventadas. Sin embargo, al repetir el mismo ejercicio recientemente con la opción de deep research, obtuve un informe de 20 páginas con más de 25 referencias reales y todas 100 % verificables. Lo que antes era un escrito de una carilla, hoy se transformó en un trabajo profesional y profundo”, destaca McLeod.
Estudiantes: los primeros en adoptarla
Las inteligencias artificiales generativas —como ChatGPT, Gemini, Claude o Grok— son, según Núñez McLeod, las tecnologías que más rápido se han adoptado en la historia de la humanidad. Y agrega: “No es casualidad que los estudiantes universitarios hayan sido quienes más rápido adoptaron su uso. Yo mismo aliento a mis alumnos a usarlas, les enseño cómo hacerlo y qué herramientas emplear”.
En la práctica, los estudiantes ya recurren a la IA para resumir apuntes, resolver problemas o explorar temas complejos. El especialista considera positivo este proceso, siempre que se acompañe de una correcta orientación pedagógica.
El desafío para los docentes universitarios
Si los estudiantes hallaron rápidamente utilidad en la IA, el reto mayor está en el cuerpo docente. “Ya no podemos pedir tareas mecanicistas, porque esas las hace perfectamente ChatGPT. Lo que debemos exigir son trabajos que requieran espíritu crítico”, sostiene.
Según Núñez McLeod, el rol del profesor debe reorientarse hacia la formación en pensamiento crítico, capacidad de análisis e investigación. La disponibilidad de información técnica es hoy tan inmensa que resulta imposible abarcarla de manera individual. “La IA cambia este escenario: permite procesar y sintetizar ese caudal de conocimiento, siempre y cuando sepamos hacer las preguntas correctas. Y para eso, el estudiante debe estar muy bien formado y actualizado”.
Universidades frente al cambio inminente
El académico advierte que las currículas universitarias no están adaptadas a esta nueva realidad: “Los estándares de acreditación de carreras no mencionan la inteligencia artificial. Tampoco proponen cómo transformar planes de estudio diseñados hace 20 años”.
A pesar de los avances tecnológicos, Núñez McLeod subraya un aspecto que la IA no puede replicar: la interacción humana. “Lo irremplazable en la experiencia educativa es la interacción con el docente. El valor está en aprender de alguien que ha visto cómo evoluciona la tecnología y cómo se transforman las profesiones, y que puede preparar al estudiante para adaptarse a un futuro distinto”.
¿Democratización o nueva brecha educativa?
La IA también abre un debate sobre la equidad. Estudios recientes muestran que los estudiantes se animan a preguntar más a un chatbot, ya que este responde con paciencia ilimitada y sin juicios de valor. “Eso genera mayor confianza y participación en los estudiantes”, señala el docente.
Pero aclara que esta ventaja depende de la capacitación constante de los educadores. “No es la inteligencia artificial la que te va a reemplazar, sino otro profesional que sepa usarla mejor que vos”, recuerda, citando a Laurence Liew, director de innovación de la empresa AI Singapore.
Finalmente, advierte que el sector privado ya está dando el ejemplo: “Empresas argentinas como Mercado Libre, Globant o Accenture se apoyan fuertemente en la IA. Quienes la sepan utilizar como un apalancador de su desarrollo profesional tendrán éxito asegurado; quienes no, quedarán lamentablemente fuera del mercado”.