La lucha contra la educación
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Por suerte y por desgracia, a ninguno de los roles sociales que menciono en esta nota, le cabe el mote de "todos".
Allá por abril de 2010, miles de estudiantes organizaron una serie de actos inéditos -al menos en el tiempo que llevaba viviendo en Mendoza- en la provincia. Miles de chicos organizaron una reunión muy particular: fue a través de Facebook, tenía por condición faltar a la escuela y el punto de encuentro era la plaza Independencia.
Esa mañana la joven multitud poco a poco fue ocupando la plaza entre las 8 y las 18, en lo que fue la mayor tomada de pelo a las autoridades escolares y a algunos de los padres que se encontraron con una capacidad de coordinación y organización inéditas hasta el momento. Capacidad menospreciada, como lo suele ser en general la juventud, y la adolescencia en particular, lugar en el que muchos/as pretenden quedarse a nivel estético pero que al mismo tiempo menosprecian, por diversos motivos, tal vez el principal sea la conciencia de que es una etapa en la que, mayormente, sufrimos, tanto a nivel social (y todo lo que esto comprende) como biológico.
Ese 29 de Abril de 2010, 3.000 estudiantes se rieron en la cara de las autoridades. Las autoridades, en venganza, reprimieron.
Alumnos "peligrosos" charlado - Rateada Colectiva
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Como era de esperar, aparecieron miles de acusaciones caracterizándolos como bárbaros, como gente que por poco se había juntado a hacer la violación colectiva seguida de asesinato más grande de la historia. Los pibes, que no eran más que nenes reunidos en una plaza, fueron vilipendiados y muchos de ellos cooptados. Luego de, imagino, muy duras presiones aparecieron los "autores", diciendo que estaban arrepentidos, que no lo harían de nuevo, que no habían pensado en lo peligroso que podía ser juntarse con sus amigos en una plaza e invitar a otros a venir y reunirse para pasar el día.
Tiempo después hubo otro intento de rateada colectiva, también movida desde las redes sociales. Una ONG pidió a la justicia que se diera de baja el evento en Facebook, un triste juez hizo lugar al pedido y la ONG cumplió su objetivo de impedir que unos nenes se comuniquen para luego juntarse en la plaza, para cuidarlos de sí mismos.
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Era una obvia opereta de una empresa de Vila para hablar mal de la Universidad, a la que estaba intentando quitarle terrenos para ampliar su barrio privado. Fue torpe de mi parte no tener eso en cuenta, pero hoy sigo pensando lo mismo que puse en ese evento: los jóvenes no son peligrosos y si alguien no sabe usar la tecnología, o cualquier otra cosa tiene que aprender y educar, no prohibir. El que prohíbe lo hace desde la mediocridad y la ignorancia más detestable, que es aquella que se desea, esa censura que garantiza que otros no puedan hacer algo que no significa daño alguno para otros.
Existe un compendio de mediocres (por desgracia ruidosos) que cobardemente avalan el statu quo y claman por censura o represión frente a cualquier cosa que desconocen, que no les es propia, y que por no resultarles cotidiana, llaman "anormal".
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Lo curioso de esta experiencia, es que la mayoría de las reacciones fue similar o igual de mediocres que muchas de las de ayer. Existe un compendio de mediocres que avalan el statu quo y que claman por censura frente a cualquier cosa que desconocen. Imbéciles que prohíben pensar, cobardes que temen perder su lugar de autoridad porque el subordinado tiene más conocimientos que él ("por que cuando el pueblo sabe, no lo engaña un brigadier..." decía un tal Piero hace unos años). Mediocres que se oponen a la educación y luego se desgarran las vestiduras en nombre de la escuela.
Hay algunos/as que creen que los vicios de la sociedad que se reflejan en los adolescentes se van a resolver prohibiendo entrar a Facebook y Youtube en las escuelas.
Imagino otras propuestas:
- Terminar con el hambre enviando a los desnutridos al médico, para ver por qué no comen.
- Bajar la edad de imputabilidad a los 2 meses de embarazo o ver la forma de encarcelar bebés en gestación, para rescatarlos de sus padres delincuentes sin olvidar que son hijos de delincuentes.
- Terminar con los pobres, porque es más rápido y práctico que terminar con la pobreza.
- Fusilar a las mujeres violadas, porque de esa manera ya no sufrirán más y nosotros no sufriremos sabiendo que están sufriendo.
Hemos criticado en este suplemento algunas características del Conectar Igualdad. Pero para nada nos oponemos. Ha pasado inadvertido por muchas empresas periodísticas, pero no por los docentes, el cambio de rol que ha significado este plan en la relación docente-alumno.
De pronto el docente ha perdido la autoridad "que da el saber" frente a un alumno
De pronto el docente ha perdido la autoridad "que da el saber" frente a un alumno que no es más sapiente sino más curioso, más activo y que además, quiere aprender. Pero el docente cree que "sabe menos", frente a un estudiante que aprende rápido o que le es familiar la temática, y en consecuencia, no está parado en el mismo lugar.
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Esta ruptura del rol vertical del docente, puede ser el comienzo de una educación diferente, una más similar a los planteos de ese tal Paulo Freire, es decir, una educación horizontal, que contemple lo que saben los alumnos, que eduquen en la libertad, una como la que llevan adelante los zapatistas entre muchos otros, esos que insisten en el postulado de educar aprendiendo. He escuchado algunos docentes quejarse de que sus alumnos les "pasan por encima porque saben más que ellos". Lo cual es mentiroso. La mayoría de las personas no sabe usar una computadora.
Los mal llamados "nativos digitales" no son expertos en computación. Sólo se esfuerzan en aprender, tienen menos prejucios y no más conocimiento. Por eso aprenden.
Pero, de una forma muy mediocre, muchas personas en lugar de ponerse a aprender, se dedican a cuestionar el plan Conectar Igualdad. Es la peor opción de todas: elegir no saber. Y esto los destituye. Ya no ocupan el lugar de "dueños" del conocimiento, al menos no en todos los temas, y se trata sólo de educadores. Ojo, no ocupar un rol vertical y autoritario, no tiene nada de malo.
El respeto se gana y se merece, no se obtiene a los palazos
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El docente -como cualquier persona- no debe basar su autoridad en su poder sobre los demás. No debe basarla en su poder de sancionar, ni en su poder de censura, ni en su poder de policía, ni en su poder de "dueño" del conocimiento, en esa absurda calidad de "superioridad" que se tiene ante el ignorante. La autoridad debe basarse en conceptos como el respeto, al igual que el compromiso, en el objetivo en común. Y el respeto se gana y se merece, no se obtiene a los palazos. Así, sólo se obtiene miedo a las represalias y chicos que crecen haciendo las cosas como se les ordena sólo por temor a ser reprimidos.
Hacer algo porque te lo ordenan y/o porque temés que te repriman es lo contrario a la autodeterminación e independencia que se pretende lograr con la educación.
No desconozco ni niego que la realidad de los docentes dista mucho de ser ideal, que por momentos no llega ni a ser justa, que cobran sueldos basura, que están sobreocupados, que no cuentan con infraestructura y en muchos casos ni siquiera con materiales mínimos como tizas. Me estoy refiriendo a políticas públicas y al rol que tenemos todos los integrantes de la sociedad para con estas políticas, no solo al de los docentes. Culpar o responsabilizar a los docentes es desconocer que todo el paradigma educativo hace agua, que, parafraseando de nuevo al educador brasileño, necesitamos reinventar el mundo.
Los adultos tenemos que hacernos cargo de que la sociedad en la que viven estos "pendejos de mierda que hacen lo que quieren" la creamos, gestionamos y decidimos nosotros
"Ya no hay moral"
Por otro lado, algo que sostuvimos en el tiempo de la "rateada", aunque Vila nos sacara en la tapa de su diario, es que los adultos tenemos que hacernos cargo de que la sociedad en la que viven estos "pendejos de mierda que hacen lo que quieren" la creamos, gestionamos y decidimos nosotros. También la heredamos. Pero los nenes no definen el quehacer cotidiano.
El mundo adulto decide, crea, sostiene, la sociedad en la que crecen los niños. Cada vez que los adolescentes hacen algo que los adultos tenidos como capaces no aceptan (no los jubilados, ni otros sectores discriminados que tampoco pesan en las decisiones) aparecen estupideces del calibre de "ya no hay moral".

Esta aseveración colabora con desconocer que la moral que existe, esa que hemos creado como sociedad, es esta misma, donde los chicos tienen de pronto comportamientos que no nos gustaría que tuvieran, que consideramos indeseados, peligrosos para ellos o sus pares y que no nos gustaría que existan en la sociedad. Como pasa con las adicciones, como pasa con sus reacciones ante el descubrimiento del sexo (o su práctica) , como pasa con las golpizas entre compañeros, como pasa con el bulling, con el hostigamiento general y todas las discriminaciones horizontales y verticales de las que son víctimas los adolescentes.
Como buenos cobardes e irresponsables culpamos a los adolescentes de sus comportamientos heredados de la sociedad que creamos, transfiriéndoles nuestra responsabilidad. Como si no hubiera una sociedad que los condiciona.
De pronto, multitudes sostienen que la solución a las adicciones es prohibir todas las drogas. No educan para la salud, no se busca conciencia, se busca represión. La rebeldía y la curiosidad o el gusto por lo "prohibido" son todo un aliciente, y por otro lado, lo prohibido genera los mercados negros que hacen que los nenes en lugar de cocaína esnifen vidrio molido y toneladas de ácido clorhídrico. Que haya drogas para pobres que los aniquilan en días como el ox, como el ran, como el paco, aunque las drogas para ricos también matan, aunque en más tiempo, es lógico. Pobres sobran.
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De pronto, multitudes sostienen que hay que prohibir hablar de sexo en las escuelas, cuando en realidad deberíamos estar educando para una sexualidad plena, saludable, en un marco de derechos, de forma gradual y durante todo el ciclo educativo. Para que el sexo no sea un tabú y podamos no sólo disfrutar sino aprender a respetar a otras personas, a evitar embarazos no deseados, a notar de pequeños cuando somos víctimas de abusos -o cuando vemos que otros lo son-, a evitar enfermedades de transmisión sexual, y tantos otros temas pendientes en esta temática, que es siempre seria y marca de por vida.
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Ojalá, pronto, dichos como todos los que están por encima de este párrafo no tengan asidero. Desde este suplemento, aprovechamos este día del estudiante y de la primavera, para llamar a construir una sociedad más libre y menos temerosa.
Saludamos e instamos a que hackeemos, haciéndonos cargo de ella, esta realidad absurda en la que muchos y muchas piden cercenamiento de derechos y violaciones perpetradas por el estado en lugar de buscar herramientas para lograr que, por voluntad propia y no por temor, la sociedad sea lo que queremos de ella. Tal vez, cuando eso pase, sea un tiempo en el que tengamos reglas y pautas de convivencia, en lugar de castigos para regir la conducta. Tal vez ahí, seamos un poquito más libres.
La complejidad de lo planteado hasta aquí, no puede ser resuelta en esta nota, que intenta ser un disparador para pensar, para discutir, para re-pensar. Estás invitado/a a discutir, se reciben insultos, aunque se prefieren argumentos.
Que tengas buen finde. Y... ¡Felíz día!
¡Happy Hacking!









