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Super Niño: cuáles son las zonas de Mendoza que podrían sufrir más inundaciones

Ante la posibilidad de tormentas más intensas, especialistas explicaron qué sectores de Mendoza presentan mayor vulnerabilidad y por qué la limpieza de cauces y la coordinación entre organismos serán fundamentales.

El fenómeno del Super Niño podría traer tormentas más intensas a Mendoza y vuelve a poner el foco en la prevención y el riesgo de inundaciones.

El fenómeno del Super Niño podría traer tormentas más intensas a Mendoza y vuelve a poner el foco en la prevención y el riesgo de inundaciones.

Marcos Garcia / MDZ

La posibilidad de que el fenómeno de El Niño alcance una intensidad importante durante la primavera y el verano encendió las alertas en Mendoza. Este lunes, el Gobierno provincial presentó un esquema de prevención y coordinación entre distintos organismos para hacer frente a eventuales tormentas fuertes, crecidas y anegamientos.

La meteoróloga Elizabeth Naranjo Tamayo explicó que Mendoza ya atraviesa un período asociado a la fase cálida de El Niño-Oscilación del Sur y que los pronósticos probabilísticos contemplan un 95% de probabilidad de máxima intensidad para el trimestre octubre-noviembre-diciembre. Según señaló, el escenario podría extenderse hasta el otoño de 2027.

Para la provincia, uno de los principales interrogantes es dónde podría sentirse con mayor fuerza el impacto de las lluvias. Y allí los especialistas consultados por MDZ ponen el foco en algo que muchas veces queda en segundo plano: no solamente importa dónde cae el agua, sino hacia dónde termina desplazándose y dónde se acumula.

El problema aparece en los sectores más bajos

El ingeniero hidráulico Marcelo Toledo, profesor titular de la cátedra de Hidrología y Obras Hidráulicas de la UTN y coordinador técnico del Plan Hídrico de Mendoza, explicó que el sistema mendocino tiene una particularidad: gran parte del escurrimiento se produce de manera superficial.

“Las calles son calles-canal”, explicó el especialista al describir cómo funciona el sistema urbano de Mendoza. Es decir, ante una tormenta importante, parte del agua necesariamente circula por las calles, acequias y colectores hasta alcanzar los puntos de descarga.

Lluvia e inundaciones en el centro de Mendoza

Por eso, una lluvia que puede parecer moderada en términos meteorológicos puede generar complicaciones en la ciudad. Toledo puso como ejemplo registros de 20, 30 o 50 milímetros, que pueden no representar un problema para una presa, pero sí generar una situación compleja dentro de una zona urbana.

La vulnerabilidad aumenta en los lugares donde el agua llega después de atravesar otros sectores y encuentra terrenos bajos donde puede acumularse.

En ese sentido, Toledo señaló como sectores a los que se debe prestar especial atención a Colonia Segovia, Corralitos y otros puntos bajos del sistema hacia el este y noreste del Gran Mendoza. Allí confluyen diferentes aportes de agua y se encuentran algunos de los puntos finales del sistema hidráulico.

Las calles de Los Corralitos inundadas por agua servida por los desbordes cloacales

El especialista también mencionó el área vinculada con Lavalle y sectores de Guaymallén, donde confluyen distintos cauces y colectores. Según explicó, allí llegan aportes de diferentes sectores de la provincia y se transforma en un punto que requiere una mirada integral.

“Ahí es donde hay que prestar muchísima atención”, sostuvo Toledo al referirse a esos sectores finales del sistema.

El Piedemonte también requiere controles

El colector Blanco Encalada permite trasvasar los caudales del Colector Sosa hacia el río Mendoza, lo que evita que avancen hacia áreas urbanizadas.

El colector Blanco Encalada permite trasvasar los caudales del Colector Sosa hacia el río Mendoza, lo que evita que avancen hacia áreas urbanizadas.

Aunque los especialistas remarcan que los sectores bajos presentan una problemática particular, eso no significa que el Piedemonte quede fuera del mapa de riesgo.

Mendoza fue avanzando sobre ese territorio durante las últimas décadas y allí se construyeron barrios, calles y emprendimientos que modificaron la forma en que el agua circula naturalmente.

Sin embargo, Toledo sostuvo que los problemas en las zonas altas pueden ser abordados mediante obras de regulación, colectores y otras intervenciones. En cambio, resolver los inconvenientes en sectores bajos y ya urbanizados resulta más complejo.

El crecimiento urbano también genera otro problema: cada vez más superficies quedan impermeabilizadas. Donde antes había suelo, cultivos o terrenos capaces de absorber parte del agua, hoy hay viviendas, calles y pavimento.

Por eso, el especialista planteó la necesidad de incorporar sistemas de infiltración y retención, además de ampliar la capacidad de determinados colectores. El objetivo es disminuir los llamados caudales pico: que una gran cantidad de agua no llegue de golpe a los sectores más bajos.

La limpieza de los cauces, una tarea fundamental

Para Sergio Marinelli, superintendente del Departamento General de Irrigación, una de las tareas preventivas más importantes es mantener despejadas las estructuras por las que debe circular el agua.

Marinelli explicó que Irrigación viene realizando trabajos de limpieza en distintos cauces y que, ante un escenario de mayor disponibilidad de agua, será todavía más importante que los canales y desagües puedan funcionar correctamente.

Un ejemplo concreto es el trabajo realizado sobre el cauce que atraviesa la zona de campings de la calle Mathus Hoyos. Dicho cauce, durante determinadas tormentas, provoca anegamientos en sectores cercanos. Según contó, este año se realizó una limpieza que no se había concretado anteriormente.

Pero la responsabilidad no recae solamente sobre Irrigación. Marinelli remarcó que existe una zona gris entre los cauces de riego y los desagües urbanos, debido a que el crecimiento de las ciudades fue ocupando espacios que anteriormente formaban parte del sistema agrícola.

En esos casos, la coordinación con los municipios resulta fundamental.

Qué deberían hacer los organismos antes de una tormenta

Sergio Marinelli habló con MDZ y dio detalles sobre la importancia de la coordinación entre organismos frente a un fenómeno meteorológico como el del Super Niño.

Sergio Marinelli habló con MDZ y dio detalles sobre la importancia de la coordinación entre organismos frente a un fenómeno meteorológico como el del Super Niño.

La prevención, según los especialistas, comienza mucho antes de que llegue una tormenta.

Una de las herramientas fundamentales será contar con información precisa sobre cuánto va a llover, dónde y en qué período de tiempo. Marinelli explicó que los pronósticos de largo plazo permiten estimar la disponibilidad de agua, pero que frente a una tormenta puntual es necesario recurrir a pronósticos de corto plazo que se actualizan constantemente.

La información meteorológica debe convertirse luego en decisiones concretas: qué cauces revisar, qué máquinas disponer, dónde reforzar la limpieza y qué sectores podrían necesitar una intervención inmediata. En ese esquema también aparecen los municipios, responsables de buena parte de la infraestructura urbana y de la limpieza de determinados desagües y cauces.

Marinelli insistió en la necesidad de que exista una coordinación previa entre Irrigación, Hidráulica y los municipios. La alerta meteorológica corresponde formalmente al Servicio Meteorológico Nacional y la coordinación ante emergencias queda en manos de Defensa Civil, pero el desafío es que cada organismo sepa qué hacer cuando esa alerta se transforma en una situación concreta.

La basura puede transformar una tormenta en un problema mayor

Toneladas de basura de acumulan en los cauces de Mendoza.

Toneladas de basura de acumulan en los cauces de Mendoza.

Uno de los puntos sobre los que hicieron especial hincapié los especialistas fue la presencia de residuos en los cauces. Una acequia, canal o desagüe puede tener capacidad suficiente para transportar agua, pero si encuentra basura, ramas u otros elementos que bloquean su recorrido, el agua comienza a acumularse y puede terminar desbordando.

Por eso, mantener despejados los cauces y desagües antes de los períodos de tormentas intensas aparece como una de las medidas preventivas más sencillas y, al mismo tiempo, más importantes. El problema se vuelve especialmente complejo cuando un cauce de riego termina funcionando también como receptor de agua de lluvia debido al crecimiento urbano.

Una provincia que debe mirar el sistema completo

El canal Papagayos es uno de los ejemplos de infraestructura aluvional que necesita de la coordinación municipal y de los ministerios para mantener su optimo funcionamiento.

El canal Papagayos es uno de los ejemplos de infraestructura aluvional que necesita de la coordinación municipal y de los ministerios para mantener su optimo funcionamiento.

Para Toledo, el principal desafío es abandonar una mirada fragmentada de la problemática.

El agua no entiende de límites municipales ni de competencias administrativas. Una lluvia que cae en un sector puede atravesar distintos departamentos antes de llegar a un punto bajo, donde finalmente se acumula.

Por eso, la planificación frente a un escenario de tormentas más intensas requiere que municipios, Irrigación, Hidráulica, Defensa Civil y los organismos meteorológicos trabajen sobre una misma información y con protocolos previamente definidos.

La advertencia se da en un contexto en el que Mendoza ya convive con una creciente presión sobre sus sistemas hídricos y urbanos. Si el fenómeno del Super Niño termina generando una mayor frecuencia de tormentas severas, la capacidad de respuesta no dependerá solamente de las grandes obras: también estará vinculada con el mantenimiento cotidiano, la planificación urbana y la capacidad de anticiparse a dónde terminará llegando el agua.