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Secundario: Muchos empiezan pocos terminan

Un estudio sobre nueve países latinoamericanos revela avances en egreso, pero también brechas socioeconómicas, de género y graduación tardía que persisten.

El verdadero cuello de botella de la equidad regional se juega en la capacidad efectiva de los jóvenes para culminar el nivel secundario.

El verdadero cuello de botella de la equidad regional se juega en la capacidad efectiva de los jóvenes para culminar el nivel secundario.

Archivo.

Durante las últimas décadas, América Latina encaró uno de los compromisos legislativos e institucionales más ambiciosos de su historia reciente: masificar el acceso a la educación secundaria y consagrar su obligatoriedad por ley. Sin embargo, contar con una vacante en el aula ya no alcanza. El verdadero cuello de botella de la equidad regional se juega en la capacidad efectiva de los jóvenes para culminar el nivel secundario y egresar con las herramientas pedagógicas indispensables para el mundo laboral o la educación superior.

Masificar el acceso a la educación secundaria

Un nuevo y detallado estudio elaborado por la organización Argentinos por la Educación ofrece una radiografía comparada sobre la evolución de la terminalidad secundaria entre 2014 y 2024 en nueve países del continente (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Perú y Uruguay). El diagnóstico expone un escenario heterogéneo donde la expansión de la matrícula coexiste con abismales disparidades socioeconómicas, marcados sesgos de género y preocupantes dinámicas de graduación tardía. En el balance comparativo de los últimos diez años, el dato principal resulta innegable y alentador: los nueve países analizados incrementaron sus tasas de terminalidad en la población de 19 a 24 años. Este grupo etario resulta determinante para el análisis, ya que comprende a jóvenes que han dispuesto del tiempo teórico y de los márgenes razonables de rezago para completar la escolaridad obligatoria e intentar avanzar hacia estudios superiores.

Al observar la foto regional de 2024, la brecha entre las naciones líderes y las rezagadas es contundente. El podio latinoamericano lo encabezan Perú, con el 92,0% de egreso, y Chile, con el 91,5%, garantizando que más de 9 de cada 10 jóvenes completen sus estudios. En una franja intermedia sólida se ubican Ecuador (79,7%) y Colombia (78,3%), seguidos muy de cerca por Argentina (74,6%), Brasil (74,2%) y Paraguay (71,8%). Más atrás se posiciona México con un 65,4%, mientras que Uruguay ocupa el último lugar de la región con apenas un 52,2% de terminalidad. Sin embargo, cuando el análisis desplaza la mirada desde el porcentaje absoluto hacia la velocidad de expansión, el escenario se reconfigura. Ecuador se consagró como el país de mayor dinamismo regional con una suba de 16,6 puntos porcentuales en la década, seguido por Uruguay (+15,1 puntos), México (+14,2 puntos) y Brasil (+13,9 puntos). Argentina se posicionó quinta en ritmo de crecimiento, acumulando una mejora de 12,7 puntos porcentuales en el decenio.

Ecuador se consagró como el país de mayor dinamismo regional con una suba de 16,6 puntos porcentuales en la década.

Ecuador se consagró como el país de mayor dinamismo regional con una suba de 16,6 puntos porcentuales en la década.

El podio latinoamericano lo encabezan Perú, con el 92%

A pesar de las mejoras generales, la disponibilidad de recursos económicos en el hogar continúa representando el factor más gravitante a la hora de predecir si un estudiante se graduará o abandonará. Al comparar el quintil más pobre con el quintil más rico de la población, los datos revelan una fractura social profunda. En Argentina, mientras el 92,0% de los jóvenes del sector más acomodado completa la secundaria, entre los del quintil de menores ingresos solo lo logra el 59,6%, generando una brecha de 32,4 puntos porcentuales. Esta distancia sitúa al país en un nivel de inequidad similar al de Colombia, Ecuador y Brasil. El panorama socioeconómico regional muestra dos extremos bien definidos. Por un lado, Chile y Perú han logrado construir sistemas altamente equitativos, con brechas entre ricos y pobres de solo 10,7 y 15,1 puntos porcentuales respectivamente. En el otro extremo se ubica Uruguay, que presenta el escenario más desigual de la región: allí existe una distancia de 62,7 puntos porcentuales entre estratos sociales, donde solo el 23,3% de los jóvenes más vulnerables logra terminar el secundario, frente al 86,0% de sus pares de mayores recursos.

La evolución de esta inequidad socioeconómica en la última década deja noticias contrastantes. Perú logró una reducción histórica de su brecha de desigualdad al recortarla de 39,3 a 15,1 puntos, mientras que Chile, Argentina, Brasil y Ecuador también lograron achicar las distancias entre estratos sociales. En el caso argentino, la brecha cayó de 44,4 a 32,4 puntos gracias a que el egreso en el quintil más pobre subió del 42% al 60%. La nota de alerta la dan Paraguay y Uruguay, que se convirtieron en los únicos dos países de la región donde la desigualdad socioeconómica en la graduación empeoró entre 2014 y 2024. En materia de género, el estudio expone una constante estructural en todo el continente: en los nueve países relevados, las mujeres presentan mayores tasas de terminalidad secundaria que los varones. En el promedio regional, la ventaja femenina supera a la masculina por 5,7 puntos porcentuales. Las brechas más pronunciadas a favor de las mujeres se registran en Uruguay (+10,1 puntos), Brasil (+9,5 puntos) y Argentina (+8,2 puntos, donde el 78,9% de las mujeres se gradúa frente al 70,7% de los varones), mientras que Perú exhibe la mayor paridad del continente con una diferencia de apenas 0,9 puntos.

Los investigadores explican que esta disparidad responde a factores socioeducativos específicos. Los varones enfrentan mayores niveles de repitencia, problemas disciplinarios y una fuerte presión por ingresar tempranamente al mercado laboral informal. Por su parte, los expertos aclaran que la ventaja numérica femenina no implica la ausencia de obstáculos, ya que las mujeres continúan enfrentando barreras invisibles asociadas a las cargas de cuidado familiar no remunerado, las tareas domésticas y las tasas de embarazo adolescente. Un aporte clave de la investigación es el análisis de las tasas de egreso por edad específica entre los 19 y los 30 años, lo que demuestra que las trayectorias escolares reales distan mucho de la linealidad teórica. En la mayoría de las naciones, la proporción de graduados no alcanza su techo a la edad escolar prevista (17 u 18 años), sino que logra su punto máximo entre los 20 y los 26 años, para luego iniciar un leve descenso sostenido hacia los 30 años.

La disponibilidad de recursos económicos en el hogar continúa representando el factor más gravitante a la hora de predecir si un estudiante se graduará o abandonará.

La disponibilidad de recursos económicos en el hogar continúa representando el factor más gravitante a la hora de predecir si un estudiante se graduará o abandonará.

Las dinámicas de graduación tardía varían según el país. Ecuador y Perú alcanzan sus picos máximos de egreso de manera temprana a los 21 años, mientras que Chile llega a su cúspide a los 22 años y logra sostener niveles de graduación superiores al 90% hasta los 30 años. Argentina registra un proceso más pausado, alcanzando su punto máximo de terminalidad recién a los 25 años con un 81% de egreso. Colombia representa el caso con el egreso más postergado en el tiempo, alcanzando su techo del 82,1% recién a los 26 años. Este panorama de terminalidad dialoga con los marcos regulatorios vigentes en cada estado. Países como Argentina, Chile, Ecuador y Perú consagran por ley la obligatoriedad de todo el tramo secundario. Brasil, México, Paraguay y Uruguay extendieron progresivamente la obligatoriedad hacia la educación media o superior en las últimas dos décadas. Colombia constituye la única excepción conceptual, dado que su ciclo superior o de educación media (grados 10° y 11°) no es obligatorio por ley, a pesar de lo cual logra que el 78,3% de sus jóvenes se gradúe.

El informe de Argentinos por la Educación concluye que, si bien América Latina ha demostrado capacidad para masificar el acceso a las aulas y ofrecer alternativas de terminalidad para adultos, el desafío central de los próximos años ya no es únicamente de cobertura, sino de equidad distributiva y retención oportuna. Para evitar que el origen socioeconómico determine el futuro de los estudiantes, los especialistas instan a implementar Sistemas de Alerta Temprana contra la deserción, fortalecer formatos pedagógicos flexibles para jóvenes que trabajan o cuidan, y concentrar los recursos financieros e infraestructura en las escuelas que atienden a las poblaciones más vulnerables.

* Mg. Juan Manuel Ribeiro, especialista en educación.