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Se mudaron a Buenos Aires y crearon un emprendimiento para vender tortitas mendocinas: el boom de Pandito

Ariadna y Noelia conquistaron Buenos Aires con un clásico cuyano y crearon una comunidad nostálgica para los mendocinos que viven fuera de la provincia.

Noelia Díaz (23) y Ariadna Godoy (26) crearon las redes de Pandito en noviembre y, poco a poco, fueron vendiendo las ahora famosas tortitas mendocinas.

Noelia Díaz (23) y Ariadna Godoy (26) crearon las redes de Pandito en noviembre y, poco a poco, fueron vendiendo las ahora famosas tortitas mendocinas.

Gentileza Pandito

El deseo de conocer otras ciudades, de estudiar y de crecer las llevó a Noelia y Ariadna a dejar sus casas en su Mendoza natal para explorar la vida en la Ciudad de Buenos Aires. Pero no sabían que esa gran mudanza las conduciría a encontrar su verdadera vocación: unir a la comunidad cuyana perdida en la gran ciudad a través de las tortitas -ese panificado imprescindible en los desayunos y las mediatardes (meriendas) mendocinas-. Ambas volcaron sus respectivas pasiones en Pandito, el emprendimiento con el que acercan las tortitas mendocinas a los argentinos desde el corazón del barrio porteño de Villa Pueyrredón.

Todo comenzó un par de años atrás, cuando Noelia Díaz (23) y Ariadna Godoy (26) se conocieron casi de casualidad en una juntada con amigos en común en la plaza Independencia, en el centro de la Ciudad de Mendoza. Con el paso del tiempo, esos amigos en común se fueron alejando, mientras que ellas dos se iban haciendo cada día más “compinches”.

Mirá el video de la entrevista a las creadoras de Pandito

Dos amigas se mudaron a Buenos Aires y crearon Pandito, el emprendimiento de tortitas mendocinas

En plena pandemia, pese a la soledad que se vivía por la cuarentena, entre apuntes y charlas por videollamadas, se fortaleció su amistad. Entonces, Noelia preparaba el CBC para ingresar a la Facultad de Derecho en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Ariadna tenía que rendir las últimas dos materias para terminar el secundario. Luego de unos meses, ambas alcanzaron sus objetivos y Noelia finalmente emprendió su viaje a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para comenzar a cursar la carrera.

No pasó mucho tiempo para que Noe invitara a su amiga a vivir la experiencia porteña. Sorprendida por las oportunidades, las actividades y los lugares por conocer, la joven le propuso a Ariadna compartir alquiler y acompañarse en el viaje. Ari no dudó, pero para poder seguir sus pasos, tuvo que ahorrar el dinero suficiente para mantenerse a más de 1000 kilómetros de distancia de su casa.

Motivada a vivir esa nueva aventura, Ariadna mantuvo, por tres meses, tres trabajos en Ugarteche, la localidad perteneciente al departamento de Luján de Cuyo en donde vivía. Se levantaba a las 4 de la mañana para ir a trabajar a una panadería; salía a las 11 y con su motito se iba a laburar como delivery para una rotisería del barrio hasta las 4 de la tarde. Como si fuera poco, volvía a la rotisería para hacer las entregas de comida rápida de las 20 horas a la 1 de la madrugada. ¡Dormía solo tres horas!

Ariadna Godoy y Noelia Díaz crearon Pandito, el emprendimiento de tortitas mendocinas
Ariadna se encarga de la producción de tortitas, mientras que Noelia crea el contenido para las redes sociales, con el fin de construir una comunidad mendocina en Buenos Aires.

Ariadna se encarga de la producción de tortitas, mientras que Noelia crea el contenido para las redes sociales, con el fin de construir una comunidad mendocina en Buenos Aires.

De igual manera, tanto esfuerzo valió la pena, puesto que en febrero de 2024 ya estaba pisando Aeroparque y reencontrándose con su amiga, listas para un nuevo comienzo.

El nacimiento de Pandito, las tortitas mendocinas que conquistan a los vecinos de Villa Pueyrredón

Ya sumergidas en la ciudad de la furia ambas buscaron trabajos circunstanciales para poder solventar el alquiler. Además de ir a la facultad, Noe trabajaba en una agencia de marketing. Ari, por su parte, dio sus primeros pasos en un negocio de impresiones. Pero sentían que algo faltaba.

Una tarde cualquiera, tomando mates en la casita que alquilaban -y aun alquilan- en Villa Pueyrredón, empezaron a sentir una fuerte nostalgia por su tierra natal y las típicas meriendas que tenían antes de partir. El yerbeado -dícese en Mendoza del mate cocido- y las tortitas faltaban en su mesa. Por ello, fueron a una panadería a buscarlas sin saber que, en Buenos Aires, como en cualquier lugar fuera de Cuyo, no existen.

“Salimos a comprar tortitas y ninguna de las dos sabía que acá no había. Entonces hicimos el ridículo”, reconocieron las chicas, entre risas. Se acercaron a la panadería con inocencia, pidiendo unas “raspaditas”, pero los empleados no entendieron a qué se referían y, al hablarles de tortitas, creyeron que se trataba de las tortas de cumpleaños, no del panificado graso infaltable para los mendocinos.

Ariadna Godoy y Noelia Díaz crearon Pandito, el emprendimiento de tortitas mendocinas
En la cuenta de Instagram @tortitaspandito suben contenido sobre sus tortitas y sus recuerdos de Mendoza.

En la cuenta de Instagram @tortitaspandito suben contenido sobre sus tortitas y sus recuerdos de Mendoza.

Pero tenían una opción B: Ari sabía cómo hacerlas. En la panadería en la que trabajaba en Ugarteche veía cómo sus compañeros las preparaban. “Chusmeaba ahí todo lo que hacían con las tortitas”, contó a MDZ, aunque la receta infalible llegó gracias a su abuela: “Yo le pedí la receta a mi abuela, que hace las tortitas en horno de barro”.

Con la receta en mano y los ingredientes necesarios -una harina y una grasa recién comprada- hicieron la primera tanda de tortitas para disfrutar y volver a sentirse como en casa. “Fue como volver a estar en Mendoza, abajo de la parra”, dijo Noe.

Desde entonces, cada vez que extrañaban el olorcito a tortitas recién salidas del horno, o de la panadería, sensación que las remontaba instantáneamente a sus tardes de mates en Mendoza, Ari volvía a prepararlas y congelaba las que sobraban.

Un día pensaron que podían “traer las tortitas a Buenos Aires para los mendocinos” que, al igual que ellas, dejaron su provincia, pero no sus costumbres o sus sabores. Pero, antes de vender las tortitas, Noe ya había estado pensando en crear un perfil de Instagram para crear una comunidad mendocina. “A mí me gusta mucho editar, y empecé a mostrar cosas de Mendoza con ánimos de hacer una comunidad. Y le dije a Ari: ‘¿Por qué no vendemos las tortitas en esta página?’, recordó Noe. Así nació Pandito.

¿Por qué Pandito?

La nostalgia por Mendoza, en las redes de Pandito

El nombre no podía ser otro. Pensaron en palabras ultra mendocinas como “choco” o “mediatarde”, pero ninguna las convencía. Hasta que a Ari se le ocurrió “pandito”, ese término que se refiere a que el caudal de agua está muy bajo o tiene poca profundidad. “Lo elegimos porque era recontra mendocino; tenía que ver con la ternura y con extrañar la casa”, comentaron.

“No le veíamos mucho futuro a la venta de tortitas porque los porteños no saben lo que es y están acostumbrados a cosas mucho más extravagantes. La pastelería es mucho más compleja que una tortita. Entonces, no sabíamos si esto se iba a vender. Por eso, la idea era formar una comunidad en redes”, explicaron a MDZ. Sin embargo, pese a su pronóstico, el séptimo seguidor de Instagram les compró una docena de tortitas, por lo que el negocio arrancó con el pie derecho. ¡Y no sabían todo lo que se venía!

El emprendimiento seguía y, después de dos años viviendo en Buenos Aires, las dos pudieron irse de vacaciones a Mendoza para visitar a la familia y descansar unos días de tanto ruido urbano. En ese viaje, según recuerdan, ambas volvieron a valorar la idiosincrasia cuyana, notando pequeños detalles como la limpieza de las calles y el carácter simpático de los mendocinos. “Nosotras no terminábamos de andar como pez en el agua en Buenos Aires porque, claro, ser mendocino es otra cosa. Somos otra cosa”, reflexionó Noe. Todo eso que sentían, lo empezaron a canalizar en los videos nostálgicos que subían al perfil de Pandito, llegando cada vez a más cuyanos esparcidos por cualquier rincón del país.

“Ese sentido de pertenencia que provocó en toda la comunidad mendocina de Buenos Aires y, más adelante en toda la Argentina, fue súper importante porque la gente empezó a pedirnos tortitas”, expresaron orgullosas, puesto que, en cuestión de meses, pasaron de vender una docena de tortitas por semana a hacer hasta 20 docenas por día y enviarlas a distintas ciudades del país.

Ariadna Godoy y Noelia Díaz crearon Pandito, el emprendimiento de tortitas mendocinas
Desde Villa Pueyrredón, Ari y Noe envían las tortitas de Pandito a cualquier ciudad del país.

Desde Villa Pueyrredón, Ari y Noe envían las tortitas de Pandito a cualquier ciudad del país.

Helva, la compañera de alquiler que les impedía hacer tortitas

A medida que la comunidad virtual de Pandito empezaba a crecer, cada vez les llegaban más pedidos y más personas se acercaban directamente a su casa en Villa Pueyrredón para buscar las tortitas y charlar. "La verdad es que se genera algo muy lindo y muy íntimo cuando vienen a buscar las tortitas a la casa, porque la casita de Villa Pueyrredón es una casa un tanto antigua, entonces al acercarse a comprar, se genera un espacio para poder charlar y contarnos anécdotas de Mendoza”, señalaron.

Pero no era todo tan perfecto. Mientras la producción y la demanda crecía, su compañera de alquiler, Helva, les hacía la vida imposible. Ari y Noe habían conocido a la mujer de 70 años cursando en la facultad y ella fue quien les propuso compartir el alquiler en un primer momento. Al principio, la convivencia entre las tres fue amigable, pero, a medida que Pandito crecía, Helva empezó a sentir una especie de envidia por la cual les impidió seguir cocinando en la casa, diciendo que se había cansado del “olor a tortitas” y de que muchas personas se fueran a buscar sus pedidos cada tarde.

Aun así, se las rebuscaron para salir adelante. “Tuvimos que meter una cocina escondida para que ella no se entere”, manifestó Noe, haciendo alusión a la cocina que les regaló una clienta que las quiso ayudar con su emprendimiento. “Esa cocina estaba escondida en una parte de la casa a la que Helva no llegaba porque se acercaban los gatos del vecino al jardín aledaño. Poníamos pollito en las latitas de atún, venían los gatos y ella no se acercaba, y de esa manera nosotras hacíamos envíos a todos lados”, señalaron las chicas, contentas por el ingenio que tuvieron para resolver la situación.

Mirá el video del 1° capítulo de la historia de Helva

La serie de Helva, en la cuenta de Pandito

Fueron varios meses conviviendo con Helva, durante los cuales les pedían a los clientes que no tocaran el timbre, sino que les mandaran un mensaje avisando que estaban afuera, para evitar que la mujer se enterara que seguían vendiendo tortitas. Como si fuera poco, declararon: “Ella empezó a hablar mal de nosotras con la propietaria; nosotras pensamos que nos iban a echar porque ella era la que figuraba oficialmente en el contrato”.

Sin embargo, luego de hablar con la propietaria, en búsqueda de alquilar otra vivienda para no convivir más con Helva y así impulsar el emprendimiento, se enteraron que era fan de Pandito. “La dueña de la casa era fan de nuestros videos y nos dijo: ‘¿Por qué no se quedan y hacen las tortitas de Pandito en casa? Yo voy a estar re contenta con que se queden’”, evocaron. Toda esta historia motivó a que las chicas idearan una serie de 7 capítulos (reels) que subieron al Instagram de Pandito, generando que miles de personas se engancharan con la trama y se interesaran por probar sus productos.

El redescubrimiento vocacional de las chicas tras la creación de Pandito

Pandito llegó para cambiarles la vida a ambas. Ahora las chicas sueñan con tener un local y llevar el sabor mendocino a más hogares de todo el país. Por ello, Ariadna se replanteó todo; dejó Derecho y planea estudiar gastronomía, lo que realmente le apasiona. Noelia, por su parte, descubrió que su verdadera pasión está en la comunicación y en la creación de contenido. "Hoy siento que la facultad es un accesorio; con Pandito me siento completa", subrayó.

Si bien ambas aman sus vidas en Buenos Aires, llevan a Mendoza en su corazón y en las tortitas que producen y venden día a día. “La verdad que somos de acá y somos de allá porque Mendoza nos vio nacer, somos lo que somos gracias a Mendoza. Los valores que tenemos son muy mendocinos. Pero Buenos Aires nos dio la capacidad de sentirnos nosotras mismas”, concluyeron, agradecidas por el camino recorrido.

Las tortitas que eligen sus clientes: chicharrón y raspadas

Según revelaron las chicas, las tortitas más pedidas por sus clientes son las raspadas, seguidas muy de cerca por las de chicharrón que son, precisamente, sus favoritas. "Las de hoja tienen sus fans extremos: o las aman o no las piden nunca", aseguraron.