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Paso a Chile: historias, fantasmas y origen de cada lugar en la emblemática ruta 7 en alta montaña

El Paso a Chile desde Mendoza incluye una enorme cantidad de historias. Algunas tienen como emblema sus nombres. La gesta de San Martín, las voces originarias, los conquistadores, los Incas, los Huarpes y hasta historias de fantasma.

El paso a Chile es parte de la historia de Mendoza y Argentina.

El paso a Chile es parte de la historia de Mendoza y Argentina.

Gentileza lectores

“Dos puntas tiene el camino”; cueca de Osvaldo Rocha y Carlos M. Ocampo, que con su pegadizo “cuando pa’ Chile me voy” anunciará nuestra partida imaginaria a través de la cordillera andina. Transitaremos entre túneles, pasando por pueblos, ríos y quebradas. Algunos lo hicimos ese camino en innumerables oportunidades. Otros estarán viviendo por primera la experiencia, pero seguramente, tanto unos como otros, probablemente desconociendo los motivos que “bautizaron” esos espacios poblados y aquellos accidentes geográficos plagados de historia.

Solo nos detendremos a explicar el porqué de los nombres y toponimias que se encuentran a la vera del tradicional zaguán caminero que une Mendoza con el límite cordillerano chileno por la internacional Ruta Nº 7. Un histórico camino de arrieros, que fue testigo del paso sanmartiniano y que hoy sigue tan vigente como ayer. He aquí la hoja de ruta con sus toponimias y curiosidades. Allá vamos.

paso a chile

Primeros pasos en la montaña

Arroyo Las Avispas: El arroyo (hoy seco) dio lugar al paraje de Agua de las Avispas, al sur del distrito Cacheuta de Lujan de Cuyo. Zona de puesteros “crianceros”. Su nombre estaría relacionado con la aparición de los comunes insectos en tiempos de primavera y verano.

Cacheuta: “La gente del valle” o “el lugar donde se reúne la gente del valle”. En lengua huarpe: “Uta” – valle / “Che” – gente / “Ka” / “Ca” – otra /otros /la. Para algunos autores, el nombre original fue “Cachenta” (no Cacheuta), quien fuera un cacique zonal, por lo que también podríamos inferir que fue el cacique Cachenta o Cacheuta, “el señor de la gente del valle”.

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Potrerillos: Originariamente fue un asentamiento huarpe, base de lo que se conoce como la “cultura de Agrelo”. Potrerillos comprendió una de las estancias del pionero colonizador Juan Luis de Guevara. Estaba compuesta de extensos potreros que dieron origen al “Potrerillos” que conocemos y comprendió varias estancias centenarias cuyos nombres han perdurado: Cariño Botao, El Salto, El Plata, San Ignacio, Chacritas y Valle del Sol. Se encuentra a la altura del kilómetro 1095 de la Ruta 7.

Uspallata: En el Km. 1149 sobre R 7. Según la toponimia, Uspallata sería “valle del silencio”. Paro otros, el vocablo viene del quechua: “garganta”. Es conocida por sus montañas desérticas cercanas, como el Cerro de los Siete Colores y el Cerro Tunduqueral, con sus petroglifos incas. Las Bóvedas, hornos de barro con forma de huevo, que se construyeron en el siglo XVII para procesar oro y plata de las minas de Paramillos. Cerca está el bosque petrificado del Parque Paleontológico Araucarias de Darwin.

Las primeras actividades de los conquistadores españoles se registraron en esta zona, y son anteriores a la fundación oficial de Mendoza en 1561. Por ese tiempo el jefe indio de la zona era “Conecho”, quien habría sido el primer huarpe que tomó contacto con los españoles.

La fundación de Uspallata podría estar directamente ligada al establecimiento de los jesuitas en el lugar durante 1608, siendo la base del almacenamiento y fundición de minerales extraído de las minas de la zona.

Curvas, túneles y fantasmas

En el tramo de alta montaña existen varias curvas peligrosas con nombre propio. Al este de Uspallata se encuentran la Curva de Guido (Km. 1115) y la Curva de los Chilenos (Km. 1136), mientras que al oeste de dicho pueblo se encuentran la Curva del Túnel 12 en Polvaredas (Km. 1187), Curva de la Mirian (Km. 1192), Curva del Arroyo Negro (Km. 1194), el puente en curva sobre el Río Mendoza (Km. 1200), Curva del Tiempo (Km. 1205), Curva del Yeso (Km. 1224) y la Curva de la Soberanía, (Km. 1228/30). Indudablemente la más emblemática es la Curva de Guido, que hasta de leyendas se nutre.

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La curva de Guido recibió su denominación por la Estación del Ferrocarril Trasandino. Su nombre se debió al homenaje que el ferrocarril San Martín rindiera a los colaboradores de la gesta libertadora, entre ellos: Tomás Guido (1788 - 1866). Es la curva trágica. De leyenda. Existen historias sobre apariciones fantasmales referidas a las víctimas que perecieron en la zona tras accidentes automovilísticos, y que salen al encuentro de desprevenidos conductores haciéndoles perder el control de sus unidades. Una de estas versiones más difundida sobre la leyenda es la conocida como la “chica de la curva” o la “dama de blanco”.

Sostiene el relato popular que una joven es recogida por alguien que conduce en la solitaria carretera. El vehículo arranca y comienza una conversación entre el conductor y la chica, que en el momento cumbre, le advertiría de que tenga cuidado en la próxima curva. Al preguntar el motivo, la pasajera le anuncia algo terrorífico: “porque allí es donde morí”. Estupefacto, el conductor vuelve su cabeza y solo encuentra un asiento vacío, por lo que ante tal acción y el pánico termina estrellándose en la curva truncando su vida. Camioneros y automovilistas particulares aseguran haber tenido contacto con la misteriosa “mujer de blanco”.

La Quebrada del 60: Los constructores del Ferrocarril Trasandino fueron mayoritariamente británicos, y no conocían los nombres con que la población criolla denominaba a esos lugares, cerros o sitios, o los nombres con que los lugareños reconocían a esos accidentes geográficos, por lo cual su referencia eran los kilómetros de vía que había entre la Estación Mendoza y el lugar. En este caso, 60 kilómetros de vía ferroviaria hasta ese punto, prácticamente la mitad del recorrido por ruta caminera.

Paramillo: Fue una referencia jesuítica. “Paramillo” es el diminutivo de páramo: lugar llano, desprovisto de vegetación y pedregosos. Desde principios del siglo XVII y hasta mediados del siglo XVIII, los jesuitas encararon su primera explotación sistemática de plata y organizaron a los indígenas en los trabajos mineros. Allí construyeron una capilla de piedra en la que durante mucho tiempo existió una alta cruz. Paramillo es una cuesta que obligadamente hay que ascender para luego descender a los valles habitados. En la parte más alta de la cuesta montañosa es donde se construyó una ermita y la tradicional cruz que se encuentra a 3.100 metros sobre el nivel del mar, punto más alto de la ruta 7.

Las ruinas de Paramillos, en Las Heras. Foto: Archivo
Las ruinas de Paramillos, en Las Heras. Foto: Archivo
Las ruinas de Paramillos, en Las Heras. Foto: Archivo

Arroyo Ranchillos: En Km. 1161. Tras pasar por otros arroyos (Chacay y Seco) se llega a Ranchillos, donde aún perduran vestigios de pircas que corroboran la existencia de asentamientos indígenas. Por ahí se llega a la “Quebrada del Camino”, senda muy angosta y de precipicios profundos que se transitaba solamente en mula. Luego venía una bajada que terminaba en “El Corral de los Guanacos”.

Picheuta: “Pi” -pequeño. Más “che” (gente) y “uta” (valle). “El pequeño valle de la gente”. Km. 1170 de R 7. En ese lugar existe un histórico puente de piedra construido en tiempo colonial donde la avanzada del Ejército Libertador con Gregorio de Las Heras al frente tuvo un enfrentamiento (24 de enero de 1817) con los realistas conducidos por el mayor Miguel Marqueli. Un monolito recuerda el hecho histórico. Antes se encuentra otro puente emblemático: el puente sobre la Quebrada del Camino.

Las Cortaderas: Era un paso muy peligroso por su hondo precipicio. Presentaba un arroyo “aguas arribas” con una imponente cascada que daba origen a un arroyo, tupido a sus costados del “yuyo” autóctono: “la cortadera”.

Tambillo: Deriva del quechua: “tampu” que significa “posta”. En esa zona se fundó una estancia, “Tambillo”, en 1700 por Andrés de Toro y Mazote.

Polvaredas: El nombre estaría determinado por los fuertes vientos cordilleranos que suelen azotar la zona. Fue el paraje donde hizo base en febrero de 1817 la columna del Ejército Libertador conducida por el general Las Heras.

Al producirse la reconstrucción del ferrocarril trasandino se fundó allí una población el 11 de diciembre de 1943: “Polvaredas”.

Punta de Vacas: A la vera del río Las Vacas, era el paraje obligado de los arrieros en el tránsito a Chile.

Arroyo Cruz de Caña: Al borde del arroyo se habría producido un enterratorio de un arriero. Una referencia con una cruz de caña señalaba la tumba. La referencia se mantuvo durante años. Se desconoce el nombre del difunto y obviamente la cruz desapareció, perdurando solamente el nombre del paraje en reconocimiento al lugar donde fue sepultado el arriero. Antes del Cruz de Caña hemos atravesado los arroyos El Taure y Negro.

El parque de Punta de Vacas, el epicentro.
El parque de Punta de Vacas, el epicentro.
El parque de Punta de Vacas, el epicentro.

Horcones: Situado al oeste de Puente de Inca y en dirección norte hacia el Aconcagua; en el Km 1220 de R 7. Su nombre proviene de la “Quebrada de Horcones”. Ésta se va dividiendo en dos brazos para terminar formando una especie de horcón. En dicha quebrada se encuentra la Laguna de Horcones.

Los Puquios: En lengua quechua: “vertiente de agua pura”

Penitentes: Por el camino de La Cumbre, atrás del cerro Santa María, se encuentra una elevada quebrada, presentando un cerro de riscos verticales que se asemejan a una catedral a la cual van llegando en procesión monjes capuchinos que dan el nombre al lugar: Los Penitentes.

Aconcagua: Proviene del quechua, “akun”: cumbre elevada; “ka” que en la misma lengua es el adverbio: otra u otra; y “gua”: temor o admiración. O sea: “otra de las cumbres temidas o admiradas”. Los indios cuyanos en general llamaban a la cordillera “akun ka gua”. Los españoles tomaron ese nombre compuesto, quedando Aconcagua, pero solo para referirse al cerro más alto de América.

El cementerio de los andinistas

Es un cementerio y monumento dedicado a los montañistas fallecidos durante el ascenso o el descenso del cerro Aconcagua. Este lugar se encuentra cerca de la localidad de Puente del Inca. El cementerio está ubicado a 1.000 metros de la localidad de Puente del Inca, dentro del Parque Provincial Aconcagua y a 14 kilómetros de la frontera con Chile.

Inicialmente recogió los cuerpos no reclamados de los numerosos trabajadores que se turnaban en la construcción de la línea ferroviaria del Ferrocarril Trasandino Los Andes -Mendoza. Allí fueron enterrados trabajados y funcionarios del ferrocarril, como el médico Eduard J. Cotton, quien murió luego de contraer la difteria, enfermedad que estaba tratando de combatir entre los trabajadores.

En 1928 recibió los primeros restos no reclamados de un andinista británico, Basil Marden, que había muerto el año anterior y había sido encontrado congelado en la montaña.

Entre las personas que están enterrados allí se encuentran: Juan Stepanek, Juan Jorge Link, Adriana Bance, Albert Kneiid, Walter Schiller, familia Rubina, Doris Adela Ward, Néstor Zapata, María Ferreira, Carlos Oscar García, Juan Fiorini, José Antonio Alma Cija, el general Nicolás Plantamura, el coronel Valentín Julián Ugarte, el coronel Carlos Driolet y el teniente coronel Jorge Santos de Oro.

Con el tiempo, se ha podido establecer tres etapas sobre la historia del cementerio. Una primera que correspondió a la construcción del ferrocarril, en la cual la mayoría de las personas inhumadas son trabajadores. Una segunda, que sepultó a andinistas que fallecieron intentando hacer cumbre. Y una última, denominada voluntaria, producto de la gente que pidió ser sepultada e n este cementerio.

Las Cuevas: Km. 1231 de R 7. Su nombre proviene de varias cuevas naturales que aún existen. Las más conocidas son la cueva de Aguas Amargas (también Aguas Saladas), la cueva de la quebrada de Navarro y la cueva de Paramillo de Las Cuevas.

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Cristo Redentor: Cerca de Las Cuevas se encuentra “el Túnel Internacional Cristo Redentor” que permite a través de sus 3.080 m. de longitud acceder a Chile. Recibe su nombre en honor al monumento “Cristo Redentor”, imagen religiosa edificada a casi 4.000 metros de altura en la frontera con Chile. De siete metros de alto y cuatro toneladas de peso fue realizada por el escultor Mateo Alonso e inaugurado en 1904. Con un pedestal de 6 metros de altura representa una imagen de Jesús Nazareno, con su pie derecho sobre un globo terráqueo y una cruz en su mano izquierda que mira la línea del límite.

"Se desplomarán primero estas montañas, antes que argentinos y chilenos rompan la paz jurada a los pies del Cristo Redentor", es la parte final de la cita que se lee en el monumento, conmemorando el acuerdo de paz alcanzado en aquel tiempo entre ambos países.

Final de camino, y como expresa aquella cueca: “Vida triste, vida alegre / esa es la vida de arriero / penitas en el camino y risa al fin del sendero”.