Domiciliaria para la "bruja" del caso Burela

Domiciliaria para la "bruja" del caso Burela

Mónica Castro, la parapsicóloga acusada de haber participado en el crimen del médico jubilado León Burela, jura que es inocente. A veces tira las cartas o hace "gualichos", pero su defensa insiste en que eso no es delito. Ahora acaba de conseguir la prisión domiciliaria.

Facundo García

Facundo García

Mónica Castro (54), acusada de ser partícipe necesaria en el asesinato del médico León Burela (64), saldrá de la cárcel en las próximas horas. La defensa de la mujer había pedido el beneficio de la prisión domiciliaria el viernes, debido a que la imputada -que padece hipertensión y problemas respiratorios- está dentro de los grupos de riesgo ante la pandemia de coronavirus; a lo que se le añade que tiene dos hijos.

En consecuencia la vidente pasará a alojarse en su hogar. Desde luego, la decisión tiene un trasfondo jurídico. Pero para los esotéricos la novedad reviste un cariz pintoresco, sobre todo si se tiene en cuenta que desde hace algunos meses Castro escribía papelitos en su celda donde pedía a sus deidades que le permitieran salir del penal.

La medida que tomó el juez Federico Martínez no puede comprenderse sin sopesar la influencia de la pandemia mundial de Covid-19: en distintas partes del planeta, las autoridades están intentando descongestionar las cárceles, que por su hacinamiento representan una amenaza a la Salud Pública. Para los detenidos con enfermedades crónicas, el panorama es aún más amenazador. De ahí el recurso de la domiciliaria.

Un caso apasionante

El médico jubilado León Domingo "Mingo" Burela (64) vivía con su familia en el Barrio Kolton de Las Heras. Fue asesinado de varios tiros a las 10.30 del 15 de abril de 2019. El atacante no se llevó prácticamente ningún objeto de valor, y ultimó al hombre mientras este estaba sentado, lo que sería indicio de que ingresó por sorpresa y con la posible anuencia de alguien conocido.

"Me mandaron a matarte. Y si te digo quién es, te caés de culo"

Pero esas no son las únicas pistas. Cinco años antes del crimen, el 11 de febrero de 2014, Burela había enfrentado una situación premonitoria. Al menos 3 sujetos lo redujeron en su hogar; y antes de irse, uno de los intrusos le apuntó con su arma y le reveló: “A mí me mandaron a matarte, y si te digo quién es, te caés de culo”. Tal fue, palabra por palabra, la frase que recordó Burela al hacer la denuncia policial.

Esa vuelta zafó. Pero aquel día de abril de 2019, en cambio, Burela no pudo contarla. Alguien ingresó en su casa y le disparó cuando él estaba en un sillón. Su esposa Elizabeth Ventura (52) había salido a hacer gimnasia.  Al principio se creyó que había sido un asalto, pero tras comprobar que no faltaban cosas y que había algunas contradicciones en el testimonio de la esposa, los investigadores decidieron ponerse a escuchar las llamadas telefónicas que hacía la mujer.

Ahí descubrieron que, en una de las charlas con su amiga, la parapsicóloga Mónica Castro, se hacía mención al crimen. En medio de una llamada, los detectives oyeron una áspera pregunta: 

—¿Por qué no le contás que mandaste a matar a tu marido?— le escucharon decir a Castro.

A partir de esos indicios, el 10 de octubre del año pasado las mujeres fueron detenidas. La hipótesis de la Fiscalía es que contrataron a un sicario para que ingresara por la puerta –cosa muy difícil sin ayuda, puesto que Burela era un “fanático” de la seguridad-; y luego lo matara a tiros.

"No hay ninguna prueba que vincule a Castro con el crimen" (Susana Soleti, abogada defensora)

Elizabeth Ventura, esposa del fallecido, fue imputada por homicidio agravado por el vínculo y permanece en prisión preventiva. La fiscal Ríos cree que ella es la autora intelectual del asesinato. En tanto, la parapsicóloga Mónica Castro fue acusada de ser partícipe necesaria en el crimen: para la fiscalía, habría sido el "nexo" para contactarse con el sicario. Como a Ventura, a Castro se le aplicó prisión preventiva, pero tras los últimos movimientos en el expediente pasará a cumplirla en su domicilio. Ambas arriesgan una pena de prisión perpetua.

Cada vez que puede, la defensa de Castro subraya que "no hay ninguna prueba contundente" que relacione a la vidente con el caso.

Argumentos legales y macumbas

Durante los allanamientos, la fiscal de la causa, Claudia Ríos Ortiz, se quedó pasmada al encontrar, en la casa de Castro, fotos suyas congeladas, con mensajes sobre lo que le tenía que pasar. "Que sufra un accidente", rezaba una de las esquelas. Igual, desear el mal ajeno y anotar nombres no son delitos que figuren en el Código Penal.

Ya con Mónica presa, el personal penitenciario encontró que la mujer seguía haciendo "trabajos". En su celda del penal hallaron papeles que decían "pulsera electrónica para Mónica Castro" y “libertad para Mónica Castro”. Lo cierto es que a menos de medio año de esas misteriosas anotaciones, se desató una pandemia mundial y la mujer volvió a su domicilio.

Castro en épocas más felices.

La defensa de Castro esgrime argumentos más racionales. Para su abogada, Susana Soleti, el beneficio se obtuvo porque su defendida es hipertensa, sufre problemas respiratorios y tiene dos hijos -uno de 20 y otro de 12 años- que viven con ella. Y aunque el Jefe Fiscal de Homicidios Fernando Guzzo se opuso a la medida, el juez Martínez hizo lugar al pedido al menos por los próximos 90 días, previo pago de una caución de 800 mil pesos.

"Nosotros fuimos primero por la domiciliaria, algo que habíamos requerido repetidamente. Ahora, con Mónica en su casa, vamos a luchar por el cambio de calificación, ya que Castro es inocente. Ni tirar las cartas ni hacer parapsicología son actividades penadas por la Ley; sin contar que no existe ninguna evidencia que la vincule al asesinato", explica Soleti.

Susana Soleti, la defensora de Castro.

 

 

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