"Si no saco al perro se me estresa" y otras excusas estúpidas que dan los mendocinos

"Si no saco al perro se me estresa" y otras excusas estúpidas que dan los mendocinos

Compras urgentes, necesidades animales y romances son algunas de las razones que esgrimen los mendocinos para incumplir la Ley. Más allá de las síntesis diaria que publican las autoridades, los policías sienten que enfrentan una desigual lucha contra la imbecilidad humana.

Facundo García

Facundo García

De la Comisaría 25 de Guaymallén vienen saliendo tres hombres que se suben a un Dodge 1500. Han pasado varias horas demorados y ahora vuelven a sus casas. "Está bien, tienen razón", le comentan al periodista, tal vez confundiéndolo con un policía. Y allá van, con las caras serias porque los acaban de imputar. Fueron a comprar a una farmacia de a tres, y no supieron justificar por qué además de ir a buscar los remedios en grupo -cosa que ya está prohibida- se tomaron un par de birras.

"Tenemos alrededor de diez casos así todos los días", opina después de una pausa dramática la agente Noelia Pereyra.

—¿Les hacen "marcar el pianito"?

—Sí. Aquí funciona una oficina fiscal, así que si en algún momento estas personas necesitan sacar un certificado de antecedentes penales, les va a saltar que tienen una causa abierta.

La primera semana de aislamiento ha sido suficiente para hacer una clasificación provisoria de las excusas más comunes. "La típica -cuenta- es la de las personas que van con un frasquito de alcohol en el bolsillo. Cuando las detienen, dicen que es para llevárselo a su abuelita. De esos hay un montón".

Pereyra informa que desde que estalló la pandemia, las comisarías se limpian más, "con productos que traemos nosotros mismos".

—¿Y los policías varones limpian a la par de las mujeres?

—Acá bastante. En otras comisarías, más o menos.

La Comisaría 25 de Guaymallén.

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En Godoy Cruz, la Séptima es un ir y venir permanente. Fabián Giordano, uno de los jefes, se propone mantener alta la moral, pero a veces le resulta cuesta arriba. "Ya no sabemos cómo cómo decirlo, en qué idioma, con qué gestos. Salen igual. Ni siquiera respetan la distancia preventiva en las filas de los negocios", suelta con pena.

Durante años, la identidad argentina se construyó en base a una supuesta excepcionalidad. Cada uno se siente protagonista aislado de vaya a saber qué rebeldías de mazapán

Durante años, la identidad argentina se construyó en base a una supuesta excepcionalidad: el país escapaba a las reglas, y sus ciudadanos, individualmente, tampoco eran encuadrables en ninguna norma. Cada uno se siente "especial", protagonista aislado de vaya a saber qué rebeldías de mazapán. 

"Te dicen cualquier cosa. Que si no sacan el perro durante una hora se les estresa. Que no sé qué o no sé cuanto. No les importa el esfuerzo que se está haciendo para que mueran menos compatriotas. Yo trato de transmitir ánimo, pero algunos agentes que están en la calle todo el día regresan agotados", admite el Jefe. A su lado, un muñeco con barbijo intenta generar conciencia y levantar el humor de la tropa.

El flujo de detenidos e imputados es cotidiano, y no hay estructura que aguante tanta circulación. En efecto, si se mete a una persona a un calabozo, debe permanecer aislada. De lo contrario -si porta el virus- podría infectar a los otros aprehendidos. Cuando se va, aparte, hay que higienizar la celda. En conjunto la tarea parece insondable, kafkiana.

La Comisaría Séptima de Godoy Cruz.

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Por el lado de Las Heras, en las inmediaciones del conflictivo barrio Santa Rita, la Comisaría 36 sostiene una guardia permanente sobre Lisandro Moyano. Ahí, la oficial Noé Tobares frena los autos anticipando mentalmente la excusa boba que intentarán colarle. 

"Clásico: matrimonio de gente muy mayor. Salen juntos. Él te dice que ella no sabe manejar, y ella te dice que él no sabe hacer las compras", resopla Tobares. "Va otra: parejita enamorada. No se pueden despegar y nos ponen en riesgo a todos. O están los que van a los cajeros. Les hemos explicado cien veces que vayan a la hora del almuerzo o a la siesta, cuando hay menos lío. No sé qué pasa, no entienden. No en-tien-den".

La 36°, en Las Heras, tiene una guardia vial permanente.

Hace unos días les llegó una donación con productos de higiene. "Hay vecinos que sí están ayudando", matiza la agente, y añade que algunos colectiveros han dejado de llevar a quienes no trabajan en Salud o las Fuerzas de Seguridad. "Hay que hacer eso. Es la única forma de que las personas no anden tonteando por ahí", resalta. Y agrega que lo único bueno después de tanto trabajo es que han bajado un poco los tiroteos y las riñas con cuchillo, que son un incordio recurrente.

Atención. De frente viene una Hilux con dos vecinos adentro. Tienen puestos barbijos, y seguramente -mientras reducen la velocidad- se están poniendo de acuerdo para chamuyar la enésima excusa ridícula del día. El COVID-19 duele por los muertos y porque pone en relieve el costado más vergonzante de los propios mendocinos.

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