Hoy habrá sentencia para el policía que salía a violar mujeres

Hoy habrá sentencia para el policía que salía a violar mujeres

Franco Ezequiel Espejo Ochoa (28) iba en su auto y elegía chicas menudas para abusar de ellas. Incluso intentó secuestrar a una nena de 13 años. Ahora conocerá su condena. Enterate de los detalles y de cómo lo atraparon.

Facundo García

Facundo García

Ni siquiera se cambiaba todo el uniforme. Se quitaba la parte de arriba y salía a cazar mujeres en Guaymallén. Primero las acechaba: las prefería bajitas y muy delgadas, quizá para que tuvieran menos chance de defenderse. Cuando ellas ingresaban a una zona solitaria, sacaba el arma reglamentaria y, bajo amenaza, las sometía y les robaba. Son seis los casos por los que el ex efectivo policial Franco Ezequiel Espejo Ochoa será condenado este martes. El interrogante es qué pena decidirá imponerle el juez Eduardo Martearena.

Elegía chicas particularmente flaquitas, para "controlarlas" mejor

"Estamos ante un ejemplo de agresión por motivos de género", señala la fiscal Laura Rousselle. Según su criterio, el ex policía desplegó sus ataques motivado por el hecho de que sus víctimas fueran mujeres. La defensa alega que eso es porque el imputado es heterosexual. "Pero no se trata de eso. Espejo Ochoa elegía chicas particularmente flaquitas, a las que pudiera insultar y dominar por la diferencia de fuerza; y ese rasgo está contemplado en los estándares internacionales. Por eso la fiscalía pidió al juez que en la sentencia conste este agravante". 

Cómo hacía

Uno de los testimonios recabados es el de otro policía que trabajaba junto a Espejo Ochoa en la Comisaría de Puente de Hierro (Guaymallén). Cuenta que una vez los llamaron de urgencia: había sucedido un ataque sexual en un barrio. Cuando la patrulla llegó y el agente interrogó a la víctima sobre quién la había agredido, ella respondió:

Era un tipo muy parecido a tu compañero— y le marcó a Espejo Ochoa, que estaba esperando en el móvil.

Por entonces, nadie sospechaba que el uniformado era la misma persona que salía a "cazar" solo y en secreto. En menos de medio año (2018), las víctimas de su violencia fueron seis: si podía, las abusaba. Después les robaba.

Las cámaras de la zona muestran que el sujeto iba en su Peugeot 207 blanco y estudiaba a sus presas. Las seguía despacio, disimuladamente. Cuando llegaban a un descampado se producía el crimen. El hombre sacaba su arma reglamentaria y entre injurias y golpes, cometía los delitos a plena luz del día. 

Intentó violar a dos mujeres, abusó sexualmente de otras dos y hasta quiso secuestrar a una piba de trece años que estaba yendo a la escuela. "La quiso meter a su auto pero esta chica empezó a gritar, logró poner la pierna atravesada en la puerta y finalmente escapó", relata la fiscal. Hasta ahí son cinco incidentes. Falta uno: el que permitió resolver el caso.

Un enemigo en casa

Las víctimas declaraban que el agresor tenía pantalones azules "como los que usa la Policía", borcegos y el arma reglamentaria. En una ocasión, una de las jóvenes hasta recordó que el hombre llevaba colgada la gorra policial a un costado de su cinturón. Era alguien de la Fuerza. ¿Pero quién?

Espejo Ochoa tenía pareja. Llevaba cuatro años en su empleo e imitaba los ritos de la normalidad barrial. En algún callejón de su mente, no obstante, vibraba una cuerda tenebrosa. Por eso su ex novia se presentó un día para denunciarlo por amenazas y lesiones.

Y tras tomarle muestras de ADN e ingresarlas al  Registro de Huellas Genéticas Digitalizadas del Ministerio Público Fiscal, saltaron los "matches". Se supo: el acusado era el mismo que había concretado las anteriores fechorías.

Rousselle comenta: "que haya sido policía es otro agravante, porque eso implica un grado de 'reprochabilidad' mayor. Esa persona tenía que cuidarnos. La defensa ha dicho que esto no es así porque al cometer los actos, él no estaba en funciones. No es verdad, porque incluso hubo episodios en los que él realizaba todo esto en su horario laboral".

La sentencia

La fiscal de instrucción Virginia Rumbo completó la pesquisa minuciosamente: a Espejo no le quedó otra que admitir sus delitos. De ahí que, durante el proceso, el debate se centrara en aspectos técnicos. Mientras la defensa buscaba atemperar las penas con planteos sobre la calificación legal; la fiscalía consideró varios agravantes -entre ellos, el ataque por motivos de género y el hecho de que el imputado fuera un representante de la Ley- y solicitó 28 años de prisión.

A lo largo de las audiencias, Espejo Ochoa se mantuvo distante e inexpresivo. Tomó nota de los alegatos de la fiscal en un papel

—Incluso la defensa, en cierto tramo del juicio, sostuvo que el agravante de ser policía no debía ser considerado, porque el agresor 'abordaba a las mujeres desde atrás' y no se le veía el uniforme. Es insólito— relata Rousselle, irritada. 

Las pruebas están sobre la mesa. Las víctimas hablaron, el acusado también. Falta la sentencia, que se conocerá hoy a las 12.10.

 

 

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