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Manejar con hielo en la calle: consejos que pueden evitarte un mal momento

Tras la primera nevada en el llano, la presencia del hielo en calle es evidente, es por eso que tenemos que manejar con extrema precaución.

Darse media hora para revisar que todo esté bien puede evitarte horas de preocupación más adelante. 

Darse media hora para revisar que todo esté bien puede evitarte horas de preocupación más adelante. 

Alf Ponce Mercado/MDZ

En la capital mendocina se registraron mínimas que superaron los tres grados bajo cero. Esto ha dado como resultado que aparezca hielo en la calle. Antes de salir a manejar hacia los respectivos destinos tenemos que tener ciertos cuidados. Estos son algunos consejos que hay que tener en cuenta a la hora de conducir.

Antes de poner primera, hay algo que no se puede pasar por alto: asegurarse de que el auto esté en condiciones para enfrentar el frío, la ruta y todo lo que pueda venir con un clima invernal cambiante.

No se trata de ser mecánico, sino de dedicarle un momento a revisar lo básico. Chequear el nivel de aceite y de agua, controlar que las escobillas limpien bien y confirmar que todas las luces funcionen ya es un gran primer paso. También es clave mirar la presión de los neumáticos según el manual del vehículo. Y no olvides lo más importante: llevar matafuegos cargado, balizas triangulares, criquet, llave cruz y un chaleco reflectivo. Todo eso tiene que estar a mano, no guardado en el fondo del baúl.

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Si hay hielo en el camino, es fundamental mantener distancia, reducir la velocidad y manejar sin hacer movimientos bruscos.

Si hay hielo en el camino, es fundamental mantener distancia, reducir la velocidad y manejar sin hacer movimientos bruscos.

Manejar con hielo en las calles mendocinas

El auto no responde igual cuando el piso está mojado o congelado. Por eso, si hay hielo en el camino, es fundamental mantener distancia, reducir la velocidad y no hacer movimientos bruscos. En lo posible, frená con la caja de cambios y no con el pedal. En curvas, nada de acelerar ni frenar: lo mejor es entrar con suavidad y salir sin sobresaltos. La clave está en anticiparse, no en reaccionar a último momento.

Si la neblina aparece —algo bastante común en esta época—, hay que cambiar el chip. Pasá a luces bajas y encendé las antiniebla si tu auto las tiene. Las luces altas, en cambio, empeoran la visibilidad porque rebotan en la niebla. Si la situación se complica, buscá un lugar seguro para detenerte. Siempre es mejor esperar fuera de la ruta que quedarse en la banquina con poca visibilidad.

Viajar con chicos: atención a los detalles

Si vas con niños, hay un punto que no podés pasar por alto: los menores de 12 años deben ir en el asiento trasero y con la butaca adecuada a su edad. No es solo una cuestión de ley, es protección real en caso de imprevistos. Además, en viajes largos, conviene llevar abrigo extra, algo para picar y agua. Hacer una parada de vez en cuando no solo es bueno para el conductor: también mantiene el buen ánimo de todos los que viajan.

El mejor viaje es el que se disfruta sin apuros. Y eso empieza antes de arrancar. Darse media hora para revisar que todo esté bien puede evitarte horas de preocupación más adelante. Un auto en condiciones no solo te lleva a destino: te lleva tranquilo.

Al final del día, lo que uno quiere es volver con lindos recuerdos, no con una anécdota para el olvido. Así que si la nieve ya te está llamando, respondé con ganas, pero también con responsabilidad. Que el viaje no empiece con un problema que se podía evitar con solo mirar dos veces. Porque cuando todo funciona como debe, cada curva del camino se disfruta el doble.