Magda Tagtachian: "El genocidio armenio fue una escuela de matanza para el Holocausto"
Ante un nuevo aniversario del genocidio armenio ejecutado en 1915 por el Imperio Otomano, Magda Tagtachian pide mantener viva la memoria y el reclamo de justicia.
La escritora Magda Tagtachian hurgó en su propia historia familiar para plasmar en sus novelas los traumas y el desarraigo que tuvieron que atravesar los sobrevivientes del genocidio de 1915, que dejó 1,5 millón de armenios asesinados.
"Genocidio que queda impune, genocidio que se repite", asegura con firmeza y convicción Magda Tagtachian como si estuviera hablando de algo simple y aceptado por todos. Pero rápidamente deja en claro que a 111 años de que comenzara el genocidio del pueblo armenio, organizado y ejecutado con un plan sistemático por el gobierno de los Jóvenes Turcos en el Imperio Otomano, mantener la memoria viva es un imperativo. Porque lo primero es reconocer este crimen de lesa humanidad, algo que el Estado turco sucesor jurídico del Imperio Otomano niega hasta el día de hoy.
Tagtachian pide memoria, verdad y justicia. Y es así por el millón y medio de armenios que murieron de hambre y sed en las marchas forzadas o asesinados en las caravanas de la muerte en el desierto de Der Zor en Siria, y también por los sobrevivientes, entre ellos sus abuelos y particularmente su abuela Armenuhí, la protagonista de su primera novela Nomeolvides Armenuhí, publicada hace ya diez años.
Hoy se conmemora en Argentina el Día de Acción por la Tolerancia y el Respeto entre los Pueblos en recuerdo del genocidio armenio que comenzó el 24 de abril de 1915 con la detención de unos 250 intelectuales, políticos y líderes comunitarios, con el objetivo de "descabezar" a un pueblo, que quedó inerme ante las órdenes de deportación y asesinatos masivos impartidas desde el gobierno de Constantinopla, hoy Estambul, asiento del gobierno otomano.
Magda Tagctachian es periodista y escritora, además de miembro de la comunidad armenia, y ha tomado como tema central el genocidio en algunas de sus novelas, abordando también la identidad como leitmotiv en su trabajo literario. Estos son los pasajes principales de la entrevista que mantuvo con MDZ la aurora Nomeolvides Armenuhi, la historia de mi abuela armenia (2016), Alma Armenia (2020), Rojava (2021), Artsaj (2022) y La Promesa (2025).
-¿Qué significa para vos la conmemoración de un nuevo 24 de abril, un nuevo aniversario del genocidio armenio?
-Tantas cosas, hoy pensaba que cada año se resignifica. Estamos conmemorando 111 años y cuando me preparaba para venir acá y tomé la cruz armenia que me regaló mi abuela Armenuhí. Cuando yo era muy pequeña iba a su casa y yo no sabía la historia de supervivencia de mi abuela y yo no quería una cruz, quería un juguete, quería ropa, otra cosa.
Así como estaba la cruz, la guardé en un cajón, lo mismo el anillo de mi abuela. Hasta que escribí No me olvides Armenuhí, el libro que me cambió la vida con la historia de mi abuela. Esta mañana, cuando me puse la cruz para venir acá, para dar fe y testimonio de nuestra historia, pensé mi abuela hizo todo bien. Le dijo gracias porque lo que me dejó fue mucho más que la casa, la cruz, el anillo, nos dejaron la historia.
-¿Por qué crees que es importante seguir recordando después de 111 años, que es muchísimo tiempo, qué se puede transmitir a las nuevas generaciones o por qué es importante no olvidar?
-Para construir memoria. El genocidio armenio fue el primer genocidio del siglo XX, cuando los líderes del Imperio Otomano perpetraron el genocidio contra el pueblo armenio no existía la palabra genocidio, el crimen no estaba tipificado como este crimen que no prescribe. Entonces, 111 años después, seguimos hablando de esto. Porque además el genocidio armenio sólo lo reconocieron 34 países en el mundo y necesitamos que todo el mundo lo reconozca. (NdR: entre los países que los reconocieron figuran Uruguay, Argentina, Brasil, México, Estados Unidos, Canadá, Francia, España, Alemania, Bélgica, Países Bajos, Italia, Líbano, Chipre, Grecia y El Vaticano, además de organismos como del Parlamento Europeo, el Consejo de Europa y el Parlamento del Mercosur). Esto no es una utopía y no es un sí porque sí. En la medida de que un genocidio se reconoce, luchamos contra el negacionismo, luchamos contra la impunidad. Hoy, pasado más de un siglo, lamentablemente seguimos viendo las persecuciones contra el pueblo armenio como ocurrió entre 2020 y 2023 en Artsaj (Nagorno Karabaj).
-Dijiste que No me olvides Armenuhí fue la novela que te cambió la vida. ¿Cómo la ves hoy a diez años de su publicación?
-Siento que la novela sigue viva, sigue más viva que nunca. Yo no imaginé aquel día que la presenté en 2016 todo lo que iba a suceder, pero realmente no lo imaginé. Y con cada persona que lee No me olvides...aún hoy me dicen en mi casa pasó lo mismo. Eso me empezó a pasar desde la lectura uno, la del primer lector. La construcción de la memoria está dada en cada línea y en cada palabra que está escrita.
Yo, la verdad, no tomé conciencia de eso cuando escribía, cuando me encerré, yo no sabía nada de mi historia familiar o muy poco. Lo hice como una necesidad íntima, personal, de tener registro de dónde venía, para entender los silencios familiares, los dolores familiares. Y en estos diez años, por supuesto, me fui dando cuenta de que la nuestra, obviamente, no es una lucha individual, es una lucha colectiva. Ésta no es la historia de la abuela Armenuhí Demirdjian Tagtachian, es la historia de todo el pueblo armenio, porque fue un crimen sistemático. Entonces, todo lo que le pasó a ella, le pasó a todo el pueblo armenio.
-Mencionaste que la palabra genocidio no existía en 1915, de hecho, fue el jurista Raphael Lemkin Rafaela el que tipifica el delito y pone el concepto en circulación en la década del '40 y tomó como antecedente el caso armenio para tipificar el crimen que supuso el Holocausto del pueblo judío. Hay un vínculo interesante ahí, muchas de las cosas que pasaron en el genocidio armenio se repitieron después durante el Holocausto.
-Por su puesto, en Tsitsernagapért, el Memorial del Genocidio que está en Ereván, la capital de Armenia, está escrito en una de las de los muros la famosa frase que dijo Adolf Hitler "Después de todo ¿quién se acuerda de los armenios?" Nos acordamos todos de los armenios. Genocidio que queda impune, genocidio que se repite. El genocidio armenio fue una escuela de matanza para el Holocausto. Los métodos de exterminio fueron los mismos, los perfeccionaron. Entonces ahí vemos la dimensión. Y hay otra cosa más que me gustaría decir cuando hablamos de este tema, nadie duda en condenar a los perpetradores del Holocausto, no pasa lo mismo con el genocidio armenio. Por eso seguimos fervientemente buscando memoria, verdad y justicia.
-La sociedad turca en los últimos años empezó a hablar del tema, no así el Gobierno. No es fácil porque el Estado turco tiene toda una política negacionista, el Código Penal en su artículo 301, pena con cárcel a cualquier persona que mencione el genocidio. Pero hay un movimiento de intelectuales en Turquía que avanza en ese sentido, como Orhan Pamuk o Mehmet Polatel. ¿Puede servir para presionar al gobierno turco para que reconozca el genocidio?
-Sí, es clave que voces turcas o de nacionalidad turca, historiadores, los que vos nombraste, también Elif Safak, que es otra escritora, novelista. Es fundamental, cuando hablamos de genocidio estamos hablando de un crimen de Estado. El que perpetró el genocidio fue el Estado. En paralelo, hubo muchísima gente, familias turcas que incluso dieron acogida a los armenios, los protegieron bajo riesgo de ser aniquilados.
Es importantísimo que las voces turcas se expresen. Pero cuidado, hoy hay un aparato negacionista muy, muy grande y eso incluye por ejemplo, las telenovelas turcas. Todavía hoy las telenovelas turcas son una voz mucho más fuerte, diría y me hago cargo de lo que digo, mucho más fuerte que una novela del maravilloso Orhan Pamuk. Porque lo que tienen las novelas, y acá me meto con mi género, la novela romántica, la novela llega, tiene una llegada masiva. No pasa lo mismo, lamentablemente, con los intelectuales. Yo siempre digo que mis novelas son orgullosamente comerciales porque tenés una escena romántica, tenés una escena de erotismo, pero está contada la historia, la geopolítica, hay un mapa, los datos son reales, los personajes son ficción.
Esa lucha contra el negacionismo es muy importante. Te voy a ser sincera, me leí todas las novelas de Elif Shafak, y sobre todo La bastarda de Estambul. ¿Puedo decir algo políticamente incorrecto? Creo que es propaganda turca y lo podría discutir.
-¿Por qué?
-Porque el que conoce la historia nuestra puede leer perfectamente entre líneas donde está la propaganda turca. Me encanta Elif y me encantaría conocerla, le escribí por Instagram pero no me contestó. Hace poco organizaron las lectoras de Elif Shafak en un restorán armenio muy conocido de la Ciudad de Buenos Aires, organizaron para leer ahí La bastarda de Estambul y no mencionaron en el té de lectoras el genocidio armenio. Ella describe el samovar, describe toda la atmósfera que es altamente encantadora. ¿Y está el personaje armenio, pero es, te diría, un personaje secundario. Entonces lo cierro. ¿Cuál es el tema acá? Conocer bien la historia, por eso hablo de la propaganda turca, justamente ése es el lobby turco, que te envuelve y te lleva, y las personas que no están muy empapadas del tema no se van a dar cuenta.
-¿Qué mensaje le dejarías a los jóvenes que por ahí no conocen tanto la historia?
-Que lean, que investiguen. Hoy estamos en una era en que la revolución tecnológica, me parece que es fundamental, es valiosa, es muy necesaria, pero que utilicen justamente el poder que nos dan las redes. Y acá integro todo, porque hoy a través de las redes y del mundo digital uno puede viajar hacia donde quiera. Hoy en día no tener el vehículo de la información no es excusa. Hoy no puede estar sucediendo un genocidio en directo como lo estamos viendo en Medio Oriente. Lo que les digo es que lean y que ellos tienen la responsabilidad de dejar un mundo mejor. Solo estamos pasando la posta.
-¿Cómo imaginás que puede transitar el camino hacia el reconocimiento formal del genocidio, de parte de Turquía o de otros países que todavía no lo reconocen, quizás por intereses creados o por alguna conveniencia política?
-Lo veo muy difícil, lamentablemente. Me encantaría decirte que no, pero sin entrar en las internas, en este momento en Armenia hay, en algunas cosas, una política de Estado negacionista también y para eso también se tienen que informar y tienen que leer. Que quiten el monte Ararat del sello que te ponen en el pasaporte están eliminando un elemento fundamental de nuestra identidad. La historia del pueblo armenio es muy rica, son 6.000 años de antigüedad y hay todo realmente para avanzar en ese terreno. Lo veo difícil, no lo veo imposible. Si lo viera imposible no estaría acá.