Luis "Negro" Albornoz: la voz detrás de grandes éxitos de la TV
El locutor paso por Entrevistas MDZ y repasó sus inicios, su paso por la TV, Pulsaciones, La Noticia Rebelde, La Llama que Llama y la emoción de ser abuelo.
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Marlene Rolando / MDZ.Luis “Negro” Albornoz es la voz que se reconoce antes que el nombre. Su tono grave, cálido e inconfundible atravesó la radio, la televisión, la publicidad y el doblaje argentino, siempre desde un lugar particular: el del locutor que nunca necesitó estar en cámara para quedar en la memoria popular.
En diálogo con Entrevistas MDZ, el Negro recorrió su historia desde Victoria, Entre Ríos, hasta los estudios más emblemáticos de Buenos Aires. Habló de su papá, de Radio El Mundo, del ISER, de La Noticia Rebelde, Pulsaciones, Mister T, La noche del Diez, la llama de Telecom y de Gael, su nieto, a quien define como “el premio más importante” de su vida.
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-¿Cómo descubriste que tu voz tenía algo especial?
-Una voz generalmente es identificada por repetición, por atracción de determinados sonidos o por cosas propias que tiene esa voz. Uno llama la atención por el tono, por la forma de decir, por la forma de emitir, por la forma de hablar. Yo me di cuenta desde muy jovencito, cuando me cambió la voz, a los 14 o 15 años, que todo el mundo se daba vuelta o me decía algo por la voz. Al principio, muy al principio, hasta me daba un poco de vergüenza. Yo decía: ‘¿Qué pasa?’. Pero esto me gustaba desde muy chico. Mi historia comienza con mi papá llegando del trabajo a la madrugada. No sé por qué él pensaría que yo tenía frío, pero siempre me ponía su abrigo sobre las frazadas. Vivíamos en una casa muy grande, en Victoria, Entre Ríos, y hacía mucho frío. Después mi papá se prendía una radio enorme, de esas que antes necesitaban calentar un poquito porque eran a válvulas, y escuchaba muy bajito. A mí me encantaba ese sonido de venida de la transmisión, cuando las válvulas comenzaban a hacer ruido, las musiquitas que podía enganchar desde Buenos Aires y los panoramas informativos. Ahí empezó todo.
-¿Qué lugar ocupa tu papá en esa historia con la radio?
-Mi papá escuchaba algo que le gustaba mucho: el boletín sintético de Radio El Mundo. No me olvido más. Y además me pasó algo increíble. Años después, yo llegué a decir ese boletín. Estaba haciendo las noticias en Radio El Mundo, todavía estaba Lionel Godoy con "La noche con amigos", y me tocó presentar el informativo. Yo terminé de decirlo, cerró la cortina, y cuando me di vuelta, por el vidrio que daba al pasillo de la radio, estaba mi viejo mirando. Se me cayeron los ojos. Porque era lo que yo escuchaba cuando él escuchaba la radio en Victoria. Para mí fue llegar a un lugar casi imposible de alcanzar. Son esas cosas de la profesión que te hacen volver al principio. Uno de chico escucha una radio de Buenos Aires desde Entre Ríos y parece un mundo lejano, imposible. Y después, de golpe, estás ahí, diciendo ese mismo boletín que escuchaba tu viejo. Esas cosas suceden, se da vuelta el mundo. Pero a uno también le pueden pasar.
-¿Cuándo empezaste a trabajar en radio?
-Desde muy pequeñito yo hacía cosas. Cuando tenía 11 años, creo que mi viejo se ganó un grabador a casete Philips, uno de los primeros, si no fue el primero. Para mí fue una fantasía. Me ponía al lado del tocadiscos, con los discos de mi hermano, y hacía programas como si fueran programas de radio. Yo tenía 11 años y ya jugaba a eso. A los 14 se enferma el presentador del club de mi barrio y preguntan: ‘¿Quién presenta?’. Desde abajo dijeron: ‘El Negro’. Y bueno, ahí arranqué. No me preguntes cuándo empecé, porque fue así. A los 16 o 16 y medio, mi hermana me avisa que hay un concurso en la radio de mi pueblo, LT 39, que todavía está y es una radio muy importante del litoral. Me presenté y lo gané. El problema fue que no me querían dar trabajo porque era menor. Cuando me preguntaron la edad, me dijeron que no podía trabajar. Entonces, en secreto con mi viejo, lo manejamos para que no se enterara mi vieja, porque yo sabía que no me iba a dejar por el colegio. Así que estuvimos en secreto un tiempo largo, hasta que me descubrieron.
Mi primera vez en la radio y mi viejo me había ido a visitar
-¿Cómo fue tu llegada a Buenos Aires y al ISER?
-Cuando yo estaba en LT 40, una radio de La Paz me solicitó hacer un tramo de seis meses. Eso fue en 1975. Ahí me enteré de que un muchacho de ahí había intentado ingresar al ISER y no lo logró. Entonces dije: ‘Yo tengo que ir ahí’. Terminé el secundario, porque me faltaba cuarto y quinto año, y me vine a Buenos Aires. Sabía que tomaban fonética de cuatro idiomas, que tenías que saber pronunciar básicamente, lectura a primera vista y varios exámenes en diferentes días. Entonces fui a Radio Nacional a preguntar por Horacio Gayoso, pero no lo encontré. Me atendió Enrique Landi, muy serio, pero muy bien. Me dijo: ‘Vení, que yo te voy a dar una mano. Era un sábado a la tarde y se quedó conmigo en el estudio, enseñándome pronunciaciones, tonos y qué me podían tomar. Ingresé en cuarto lugar. Después empecé a estudiar justo con la hija de Enrique Landi, esas casualidades de la vida. Tuve que dejar por motivos personales, volví a Entre Ríos y al año siguiente rendí otra vez. Soy el único tonto que tiene dos exámenes de ingreso aprobados.
-¿Cómo llegó La Noticia Rebelde a tu vida?
-La televisión en mi vida viene de mucho más atrás. Nosotros en Victoria veíamos Canal 13 y Canal 5 de Rosario, que reproducían cosas de Buenos Aires y también tenían cosas propias. Pasaban dibujos animados y a mí me gustaba imitarlos. Lograba casi toda la gama de matices y tonos, y aún hoy me acuerdo de voces de dibujos animados. Cuando se había inaugurado Horizonte, yo era uno de los locutores de la radio y voz de marca. Frente a nosotros, en el estudio de AM, estaban Dolina y Castelo con "Demasiado tarde para lágrimas". Yo hacía algunas cositas con ellos y un día Castelo me dijo: ‘Negro, ¿por qué no te venís con nosotros a La Noticia Rebelde? Empezamos la semana que viene con Raúl Becerra. Fui y empecé a ver qué había que hacer. Una de las cosas era ponerle audio a dibujos animados, con cosas políticas, pero usando la voz del dibujo animado. Eso me vino como anillo al dedo. Al principio se hacía generalmente todo grabado, hasta que un día le dije a Raúl que había diferencia entre cuando él presentaba y largaban el tape. La solución era hacerlo en vivo. Había que hacer la locución en vivo, y yo lo tenía muy claro.
-¿Cómo fue la experiencia de doblar a Mister T?
-Todo tiene que ver con todo. Yo le había dado un casete con voces que hacía de dibujos animados a Eliseo Videla, en un comercial que habíamos grabado. Un día me llamó y me dijo: ‘Che, mirá, tengo un comercial, quiero hablarlo con vos’. Se trataba de los personajes de Brigada A, que había que hacerlos a todos para una promoción de Pepsi con tapitas. Me dieron unos días y saqué las voces. Cuando se las llevé, Eliseo se reía. Después me contó por qué me había llamado: les había puesto el casete a sus hijos cuando los llevaba al colegio y los pibes se mataban de risa. Él dijo: ‘Si estos pibes se ríen, es porque el tipo es bueno’. Así empezó esa historia con las voces y los dibujos animados. Después me llamó una productora y me preguntaron si me animaba a doblar a Mister T. Yo les dije: ‘Mirá, ya lo hice’. Me probaron, doblamos una parte y la mandaron a Estados Unidos para que aprobaran la voz. La aprobaron en Hollywood, porque él estaba trabajando a pleno allá, y después hicimos el doblaje definitivo para una publicidad de alfajores Terrabusi. Para mí fue otra cosa muy icónica.
-¿Qué recordás de Pulsaciones y de ese éxito tan particular?
-Empezamos con un casting. Cuando llegué, lo vi salir a Andy y le pregunté qué hacía ahí. Me dijo que venía al mismo casting. También había estado Pelusa Suero, un hombre que amo porque es una maravilla de profesional. Todo lo que busques: el número uno, imbatible. Finalmente gané el casting, pero los dos primeros programas me pegué unos embole bárbaros. A mí me habían mandado un video para mirar y era el formato holandés. El locutor hacía la pregunta y después decía muy poco: ‘Comienzan’, ‘faltan tantas pulsaciones’, ‘terminó’, ‘perdió’, ‘ganó’, ‘está fuera de juego’. Yo dije: ‘Esto es un embole’. Entonces pedí una reunión con producción y les dije: ‘Me voy, porque yo me aburro acá. Cambiamos un poco el estilo, la forma de conducir, y los números después lo demostraron. Cuando empecé a hacer lo mío, a veces me frenaban y me decían: ‘No, Negro, por favor’. Pero empezó a crecer de una manera extraordinaria. Llegaban mensajes, cartas, mails, y todos preguntaban: ‘¿Dónde está el Negro? ¿Quién es el Negro?’. Nadie me veía, salvo algún conocido. Fue un exitazo porque se empezó a hacer más a la Argentina.
Disfruté mucho mi participación en La Llama que Llama
-¿Qué otros momentos te quedaron marcados, como La noche del Diez, la llama de Telecom y tu nieto Gael?
- La noche del Diez fue un programa hermoso, una producción excelente. Yo venía del campo, en una época en la que no había internet como ahora y casi tenías que esperar a entrar a la provincia de Buenos Aires para que te tomara la llamada. Me llamó Coco Fernández y me dijo: ‘Negro, ¿dónde andás?’. Le dije que venía por la ruta. Me mandó urgente a Martínez. Con toda la familia atrás en la camioneta, fui para allá. Se habían olvidado la presentación y hubo que hacerla ahí. En ese programa presenté juntos a Pelé y a Maradona. Lo de la llama de Telecom también fue hermosísimo. Yo había ido a grabar la locución y nos dimos cuenta de que la llamita se sacaba el chupete y movía los labios, pero no decía nada. Entonces dije: ‘Pongámosle algo’. Se me ocurrió que fueran de Jujuy, con una voz muy gutural. En ese momento Gimnasia y Esgrima de Jujuy estaba en Primera, entonces salió: ‘Aguante Gimnasia y Esgrima de Jujuy’. Entró hasta el sonido del chupete. Fue una primera toma y quedó. Fue extraordinario. Y ahora está Gael. Pronto viajo a Barcelona a conocerlo, porque ya está visto que no me lo traen, así que tengo que viajar. Viajamos con mi mujer y la verdad es que es el premio más importante de mi vida hasta este momento. Fue una linda sorpresa la noticia del embarazo y, cuando nació, pegué un grito. Mi mujer me dijo: ‘¿Qué te pasa?’. Le dije: ‘Nació Gael’. Los Martín Fierro son importantes, claro, pero esto es más que un premio.