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"Lo que no contamos": un libro de relatos de mujeres que se animan a romper con los silencios

Un libro de relatos que cruza literatura y experiencia personal para narrar lo que muchas veces quedó callado en la historia íntima de las mujeres.

El libro Lo que no contamos reúne relatos únicos sobre aquello que las mujeres muchas veces no se atreven a contar.

El libro "Lo que no contamos" reúne relatos únicos sobre aquello que las mujeres muchas veces no se atreven a contar.

Este libro reúne relatos que nacen de experiencias íntimas, pero se proyectan hacia lo social, construyendo una narrativa donde la memoria, el cuerpo y la palabra se cruzan desde varias perspectivas únicas que interpelan sin estridencias y dejan marcas duraderas en quien lee.

El proyecto surgió a partir de un taller de escritura que, más que un espacio técnico, funcionó como territorio de confianza, donde pudieron compartir escritura y vivencias, donde la palabra funcionó como herramienta de reparación y de construcción de sentido. Las autoras Alexandra Clifton Goldney, Ángela Noemí Sánchez, Delfina Elisavetsky Campos, Emi Moix, Kari Eilenberg, Lorena Soledad Basisty, Patricia Graciela Bercovich, Paula Otero y Vicky Stinco. Provenientes de distintos recorridos personales y profesionales, encuentran en este proceso colectivo de escritura, la forma de poner en palabras aquello que durante años quedó relegado al ámbito del secreto, la vergüenza o el silencio familiar. No se trata solo de contar historias personales, sino de comprender que esas vivencias forman parte de una trama estructural donde operan mandatos, desigualdades y violencias naturalizadas. La escritura aparece entonces como una herramienta poética, pero a la vez, funciona para narrar y para entender, pero también para desarmar.

Los relatos trabajan con múltiples voces y registros. En uno de los textos, por ejemplo, la frase “Nunca voy a poder salir de esta jaula” condensa la sensación de encierro que atraviesa a generaciones de mujeres, atrapadas entre la exigencia económica, el mandato familiar y la culpa. Esa línea, sencilla en apariencia, dialoga con muchas otras escenas donde lo cotidiano, como un viaje en tren, la casa o el trabajo se vuelven escenarios de tensiones profundas. La potencia del libro está en esa capacidad de mostrar cómo lo aparentemente mínimo es, en realidad, el síntoma de algo mucho más grande.

Desde una mirada literaria, el libro evita golpes bajos y construye su fuerza en la sutileza. No hay discursos explícitos ni consignas subrayadas: la perspectiva de estas mujeres está encarnada en las situaciones, en los silencios, en las contradicciones de los personajes. Las autoras entienden que la literatura puede ser un espacio de elaboración simbólica, donde lo traumático no se expone para impactar, sino para ser comprendido en su complejidad. Así, cada relato funciona como una pieza de un mosaico mayor que habla de vínculos, maternidades, frustraciones, deseos postergados y pequeñas rebeldías.

Editado con un sello independiente y difundido en circuitos culturales y redes sociales, el libro encuentra su fuerza también en esa forma de circulación cercana, casi de mano en mano, que refuerza su carácter colectivo. Lo que no contamos no solo amplía el campo de la narrativa escrita por mujeres, sino que propone una ética de la escucha, leer estas historias es aceptar que lo íntimo puede ser político y que la literatura, cuando se anima a nombrar lo silenciado, puede convertirse en un acto de reparación y de memoria compartida.

El mayor logro de Lo que no contamos es que convierte el acto de narrar en una forma de acompañamiento. La lectura deja la sensación de haber sido invitada a un espacio honesto, donde la fragilidad no es debilidad sino potencia expresiva. Este no es un libro que busca impacto inmediato, sino resonancia: esa vibración íntima que queda después de leer y que obliga, suavemente, a revisar nuestras propias zonas calladas.